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San Salvador, 21 de Agosto de 2017
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86 años del Óscar y va de nuevo

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Así vio Héctor Ismael Sermeño, crítico de artes, la reciente entrega de los Premios Óscar.

Por Héctor Ismael Sermeño (*)

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Fotografìa tomada de 60 Years of the Oscar de Robert Osborne.

San Salvador.- La ceremonia más elegante y glamorosa de la última década. Ellen DeGeneres una conductora simpática y carismática, estupendo juego de luces en una escenografía de foro de cine aunque fue en un teatro. Pero Hollywood continúa siendo fiel a sí misma: no debemos olvidar que es la capital del cine, que consagra y, pero por supuesto, premia. Esta consagración y el Premio Óscar tienen la supremacía mundial. La ceremonia de premiación es la mayor muestra de la grandeza de una mega industria que hace el cine que todo el planeta ve y casi todo ese planeta aplaude.

Pero resulta que este año no había mucho material que pueda considerarse de primera categoría, pese a la gigantesca parafernalia mediática que publicita a todas las películas candidatas como si fueran obras maestras. Gravedad, por ejemplo, premiada inmerecidamente, como si fuera algo distinto a un guión ficcionado de ciencia, pero que sobrevalora la costosísima carrera espacial estadounidense y la extinta soviética, dado que la europea, la china y la hindú no han avanzado nada en relación a las de las dos viejas superpotencias; en noticias de hoy se lee la felicitación que la NASA le da a la película por los premios ganados. La razón me asiste.

El cine, lleno de magia como es, inventa héroes a destajo y lo tomamos como bueno. A veces sucede así, pero generalmente son ídolos con pies de barro. ¡Tanto se ha dicho sobre la posible no visita a la luna!, en fin.

Premiar a Cuarón sobre Scorsese o McQueen es no entender el concepto «gran película de gran director». Igual resulta el desprecio a Leonardo DiCaprio, actualmente en sitio firme entre los mejores actores del mundo, sobre el manido preconcepto de la academia hollywoodense de premiar a personajes enfermos terminales o discapacitados que las audiencias adoran. Recuerden a Filadelfia, Forrest Gump, Mi pie izquierdo, Una mente brillante, Ana de los milagros y varias otras películas sobre temas similares ganadoras del Óscar.

Por eso era previsible lo que vimos: McConaughey ganó y Jared Leto representó el triunfo de la comunidad gay, por supuesto son buenos actores, pero hay de personajes a personajes.

La hoy muy poderosa comunidad afroamericana se satisfizo con el premio a la mejor película: Doce años de esclavitud y el de la mejor actriz secundaria, por el mismo filme que por épico tenía esas y otras posibilidades y dado el gran elenco, pero que no la prefirieron sobre Gravedad en lo técnico y guión, aunque la abofetea como la mejor.

Cate Blanchett, grandiosa actriz, ganó merecidamente frente a dos leyendas vivientes del cine y la actuación: Judy Dench, increíble actriz dramática y Meryl Streep siempre excepcional, siempre exacta; lo que hace a la Blanchett dos veces triunfadora. En este apartado la medianita actriz Sandra Bullock no tenía nada que hacer; así se vio, así fue.

Algunos consideraron ignorado a Tom Hanks y al filme Capitán Phillips, sin embargo no valía tanto la pena, realmente es una obrita del montón y Hanks nunca ha sido un Laurence Olivier, pese a los premios que ha ganado. Lo que si fue oprobioso fue ignorar La gran estafa americana; al menos las gigantescas actuaciones y caracterizaciones de la época de Christian Bale y Bradley Cooper. En general un grupo de actores muy homogéneo en este trabajo, algo ya no muy común en Hollywood hoy día.

La premiación número 86 en 2014 solo fue grandiosa en el apartado que escribo al principio. No es que no haya habido buenas películas, es lo seleccionado lo que no satisface, pero realmente en estos asuntos casi nadie coincide de manera homogénea y/o total, ni el público, ni los especialistas, ni los actores, productores y directores. Pero algo importante sucede cada año: comprobamos que Hollywood sigue muy vivo con todo y las crisis mundiales, al igual que el cine. Ya eso es ganancia para la industria, pero también para los espectadores.

No cabe duda, la Academia de ciencias y artes cinematográficas estadounidense decide y manda en el espectáculo del cine universal, incluso decide cuál es la mejor en otros idiomas. Sin embargo a veces, muy a veces, el público también.

(*) Escritor, historiador y crítico de artes. Colaborador de contrACultura.


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