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San Salvador, 18 de nov. de 2017
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Al poeta Edgar Alfaro Chaverri

 

 Poesia-e-Narrativa

Es miembro fundador del Taller Literario Xibalbá en 1985

Por Wilfredo Mármol Amaya

SAN SALVADOR-Tuve la oportunidad de conocer a Edgar Alfaro Chaverri en la Administración Municipal de Mercados de la capital, específicamente en el Mercado Central de San Salvador, cuando laboramos para el Departamento de Capacitación y Control de Calidad Alimentaria, bajo la dirección del profesor Rutilio Ávalos Rivera y Jesús Leonel Pacheco Cardoza.  

Hablo del año de 1979, de cuando a una parte del grupo nos tocó "capacitar” a las vendedoras de los mercados, mientras la otra se dedicaba a inspeccionar las carnes provenientes del interior del país, como garantía de no estar infestadas de sarna, o cisticercosis (tenias Saginata y Solium), como nos decía el señor Hugo Alfaro Parras, Inspector en jefe.

En ese grupo convergimos Amadeo Escobar Mora "El Chino" el más risueño de todos nosotros, ahora parte de las autoridades superiores de nuestro INFRAMEN, de donde, por cierto, salían los mejores bachilleres de la Republica, prueba de ello es Otto Sigfrido Reyes, primer bachiller en el año 1978; al igual estamos en ese grupo de las primeras generaciones del Bachillerato en Salud, opción Saneamiento Ambiental, los compañeros de trabajo: José Edgardo Gutiérrez “La Manzana”, Luis Mario Orantes “El Lobo”, Eduardo Olivarrieta, René Arnoldo López Rivas, Mario Ernesto Posada Flores, Walter Edgar Revelo, Fausto David Martínez, Juan Osmin Estrada González, quien años más tarde llegara a ser  Alcalde de Apopa, María del Rosario Valdez y Rufina Monterrosa, además de otros compañeros que no recuerdo sus nombres,  y mi persona por supuesto.

Juntos realmente éramos dinamita pura, de esa que destilaba a granel y de la más alta algarabía de juventud; a este grupo de trabajo  pertenecía también el compañero Edgar Alfaro Chaverri.

Una cualidad teníamos todos, a parte de ser medio progresistas, pues no estábamos de acuerdo en la injusticia social que caracterizaba a la época militarista, pero la mayoría sólo teníamos más boca que un chucho trompudo.

Sin embargo teníamos ilusiones de ser profesionales, éramos jóvenes universitarios que se costeaban sus propios estudios, de este grupo salieron médicos, odontólogos, fisioterapistas, licenciados en laboratorio clínico, administradores de empresas, poetas  y por supuesto psicólogos. 

Me atrevo hacer este esfuerzo en el reservorio instalado en el baúl de los recuerdos, porque hablamos de los años de 1979 al de 1983, y más tarde, de cuando me tocó regresar al ambiente de los mercados capitalinos ante la invitación del reciente electo alcalde municipal, el Dr. Héctor Silva Argüello; ocasión en que de nuevo me encontré a Edgar.

Escribo esto, porque aun desconociendo a fondo el debate sobre el verso “Hasta la poesía siempre”, en el que al parecer algo han dicho personajes de la diáspora guanaca, conocida en las entregas que he tenido la oportunidad de leer de mi ex compañero de trabajo; expresión poética que por cierto  he tenido la oportunidad de emplear en algunos de mis escritos, usándola con suma prudencia y entre comillas, para evitar  malos entendidos sobre su propiedad intelectual.

Edgar Alfaro Chaverri, una persona con una gran capacidad, que busca en todo momento expresarse desde las letras y sí que lo hace muy bien, esta es mi humilde opinión; lo he leído también del poeta Rafael Mendoza “El viejo.” Nada más honroso que levantar el rostro, para buscar el sol de parte de Edgar.

En esos años de experiencia laboral en los mercados, Edgar ya daba muestras de su vocación poética y alta sensibilidad social, hoy decanta con sus letras y la pasión de la poesía afectuosa a las personas que ama, al futuro de la patria con la plena convicción que un mejor El Salvador, aun es posible.

En el año de 1997 regresé al Sistema Municipal de Mercados como Gerente del Mercado Central, ahí estaba mi amigo, el poeta. Ese nuevo encuentro e intercambio, me permitió conocerle más detenidamente y entender la calidad de ser humano de Edgar; tal fue la vivencia que me motivó a incursionar un poco más en las letras; años más tarde empecé a escribir algunos versos, lastimosamente nunca pase de ser un neófito en estos avatares, eso sí, un buen y asiduo escucha de grandes poetas salvadoreños: Silvia Elena Regalado, Claudia Herodier, Silvia  Ethel Matus, María Cristina Orantes, Eva Ortiz, la colega psicóloga, Nora Méndez, Carmen Huguet, y voces frescas como Lya Ayala y Ligia María Orellana; Néstor Martínez, Luis Chávez, Mauricio Vallejo Márquez, Alexander Campos, William Alfaro y sus miércoles de poesía en los Tacos de Paco, que no me los perdía por nada en el mundo. Por supuesto la poesía de Edgar, a quien en diferentes ocasiones le compré parte de su obra literaria ofertada en ágiles plaquettes.

Incluso, junto a Iván Montejo nos dimos a la tarea de formar el Círculo Literario Semilla de Justicia en la Corte Suprema de Justicia, eso fue en el año de 2005; me integré al Grupo de Escritores de la Paz, que por cierto  logramos la publicación de dos Antologías con el selecto empuje de los poetas viroleños; de alguna manera por la influencia directa e indirecta del poeta Edgar Alfaro Chaverri. En todo caso, podría decir que he conocido sus alegrías y tristezas, pero es loable verle rejuveneciendo el vuelo.

Ahora bien, el 21 de diciembre de 1980, si mal no recuerdo, y en razón de la toma pacífica del Mercado Modelo por un grupo de “muchachos”, que por cierto me tocó ser uno de sus rehenes, pues era empleado con plaza de Capacitador, junto a Alfredo Hernández, hoy prominente médico otorrinolaringólogo residiendo en San Miguel y la señorita Secretaria Norma Judith Solórzano Pacheco, día precisamente en que muy temprano aprecié a una señora con delantal y extracción humilde, que se había colado a la oficina repartiendo desayuno a los “muchachos”, frijolitos, chocolate, tortillas tostadas, huevitos estrellados, resultando que sólo era una excusa de la señora para entrar al lugar de los rehenes, pues esa señora era mi madre y quería verificar, por su propia cuenta, las condiciones en que se encontraba su hijo mayor, con apenas 19 años de edad; cosas de la vida chico, diría Tres Patines sorprendido por las cosas que una madre es capaz de hacer por su cría.

En horas de la tarde, del día ese día señalado, luego de llegar a la finalización de la “toma pacifica” y la entrega de las instalaciones del mercado a las autoridades municipales, pude ver al Edgar Alfaro Chaverri saltar de alegría entre el público al igual que el resto de compañeros de Capacitación, que se habían dado cita; minutos más tarde aprecié a Edgar escribir en una de las paredes interiores del parqueo del Mercado Modelo una frase, que por cierto no se me olvidó nunca y siempre que veo a Edgar me recuerda esa acción; la frase que se quedó grabada en la pared y en mi existencia fue: Hasta la poesía siempre.

Años después, Edgar me confesó que la había escrito en la pared del estacionamiento por amor a la poesía, nada más.

Wilfredo Mármol Amaya. Psicólogo y escritor viroleño

 

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