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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 21 de Agosto de 2017

TEATRO

De pájaro verde a pájaro de la felicidad: la mejor obra de 2010

Lunes 13 de diciembre de 2010

Por Héctor Ismael Sermeño*

El conde veneciano Carlo Gozzi se convirtió en autor de cuentos infantiles, en adaptador, también. Escribió una historia que sirvió de base para la deliciosa ópera Turandot. En todo demostró una habilidad extraordinaria, pero es en sus obras teatrales que se desarrolla más. Rivalizó con otro  Carlo de la comedia dell’arte: Goldoni y con Pietro Chiari, autores teatrales contemporáneos a él, a quienes acusó de ser malos escritores e inmorales (o sea que sigue siendo igual en nuestros días y desde siempre, ¡ah los artistas!).

L’augellino belverde (El pajarillo verdebonito) es una de sus más acabadas y relucientes obras, al mismo tiempo compleja y nada fácil de montar, con muchos personajes y diálogos de difícil tono, pero muy lúcidos e irónicos en relación con el momento histórico al que critica: el cientificismo y la ilustración. La estructura de poder, es decir, el gobierno y sus permanentes intrigas y los gobernados en permanente rebeldía y actuar hipócrita, no solo son risibles, sino cargados de mucha verdad y cotidianidad.

Y es que la comedia desde Aristófanes, en Atenas y Plauto y Terencio en Roma, se ha caracterizado, cuando está bien escrita y llega alcanzar la categoría de arte y/o obra maestra, en parodiar y criticar lo establecido. Por ello al volverse clásicas evidentemente, siguen en vigencia, por ser capaces de entender, reflejar y dar a entender lo esencial de los valores de la raza humana, en la particular cosmovisión de los autores, pero siempre universal

Con el nombre de «El pájaro verde», la obra se ha montado solamente este año, en Inglaterra, Francia, España, México, Argentina, Italia  y Estados  Unidos. En El Salvador, el director Roberto Salomón la denominó «El pájaro de la felicidad», pero respetó el texto de la obra en general (esta vez solo le cortó unos 20 minutos) y realizó una de las mayores y mejores puestas en escena que una obra clásica ha tenido en nuestro país, por décadas.

Para comenzar, Salomón ha demostrado reiteradamente, la capacidad de resolver la pequeñez de escenario del teatro Luis Poma; en esta ocasión, el uso de cortinas, y bellas telas le permite crear atmósfera, en particular porque la obra no tiene tiempo ni época definidos, y solo sabemos que es una «muy remota»; el juego de luces también ayuda mucho, hoy iluminó, no alumbró y eso enriquece visualmente.

El vestuario es de lo mejor, Rosemberg Rivas acertó con los figurines, ayudado por un equipo entre los que se incluye la experimentada Naara Salomón. Este acierto permite, junto con el buen maquillaje de Kesia Palomares, unas excelentes caracterizaciones que
peculiarizan cada personaje y les proporciona una identidad más allá de lo señalado por el libreto.

El Elenco: por momentos casi logra ser homogéneo, pero como ya he planteado en otros escritos, lo difícil que resulta en El Salvador conseguirlo con tan pocos actores profesionales. El miscast, entonces se hace presente, aunque en esta ocasión, dado que el director no incluyó a los mismos de siempre, porque estaban en otros montajes, es muy menor.

Indiscutibles: César  Pineda y Omar Renderos, como Trufaldino, el pícaro siervo y el Rey, respectivamente, están excepcionales; en la escena en la que deben estar juntos se ven con categoría antológica, Rey y Siervo opuestos, al mismo tiempo son complemento. Por fin podemos hablar de renovación actoral con estos dos buenísimos actores.

De las actrices, Alicia Chong, es el equivalente en femenino de los dos anteriores. Esta intérprete generalmente consigue estar en papel y hacer  grande lo que le pongan enfrente; con una  magnífica dicción y prestancia es una deliciosa  Esmeraldina. Ya se hace necesario un protagónico absoluto  para la Chong.

La primera actriz Naara Salomón está sencillamente maravillosa como Torcuata, la reina madre. Con movimientos de mímica y ademanes, lo mismo que en el escenario, consigue la construcción de un personaje muy cómico, que nunca cae en el ridículo. Esta actriz ha hecho muchos personajes dramáticos con total solvencia, pero también en la comedia demuestra supremas capacidades.

El resto del elenco allí está. Sólo debo reclamarle a Marvin Pleitez, quien estuvo genial como el Lazarillo de Tormes, que por darle importancia a la danza más que a sus parlamentos, nos ha quedado debiendo más que los que allí están.

Reitero lo del titular de hoy, «El pájaro de la felicidad», es  la mejor puesta en escena del año 2010. Roberto Salomón aprobó hoy con 9.99, casi diez. Excelente para el teatro salvadoreño.


* Escritor, historiador y crítico de artes

La casa de Bernarda Alba y el miscast

Martes 7 de diciembre de 2010

Por Héctor Ismael Sermeño*

El teatro salvadoreño tiene un problema serio  que dura hasta el día de hoy: el miscast.  Indudablemente que no es específico de nuestro país. Este fenómeno se da en todo el mundo, en todo lo que tiene que ver con la actuación, incluyendo el cine.

Sol del río 32, vuelve a las tablas


Redacción contracultura
 
SAN SALVADOR – Luego de una pausa, tras haber terminado estudios de pedagogía y ganar experiencia en psicopedagogía, pedagogía infantil y drama, actores de teatro Sol del río 32 retoman la escena, estudiando a Salarrué y estrenando su nuevo montaje en El Salvador.