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San Salvador, 19 de nov. de 2017
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BEN-HUR 2016: Esta vez Hollywood ya no pudo


Por Héctor Ismael Sermeño*


Fotos:

Izq. Jack Huston hereda un personaje que inmortalizó Charlton Heston en esta película, que dirige el kazajo Timur Bekmambetov, 2016. Der. Charlton Heston en fotograma de la MGM, 1959.

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La  más gigantesca de las industrias del cine del mundo, la más poderosa, la más influyente, la que más cultura aporta al planeta, se ve obligada a causa de lo mencionado, a hacer constantes nuevas versiones, generalmente de temas clásicos, sin que necesariamente logre los éxitos anteriores, tanto en taquilla como en aportes artísticos.


Los géneros creados por la gran industria estadounidense han sabido llegar a todo el mundo, independiente de dictaduras de todo tipo y son copiados  o tratan de hacerlo, no siempre con éxito, por todas la industrias y artesanías de allende Hollywood. La parafernalia es la más grande y poderosa financieramente y aunque constantemente criticada, es muy  efectiva y gananciosa.


Con Ben-Hur, versión 2016, le fue mal artísticamente y en taquilla, lo artístico no le importa mucho a las audiencias y el fracaso en taquilla lo soluciona con la televisión y las otras formas de ver el cine en casa. Lo que no funciona en su momento se hace funcional como sea.


La novela de Lewis Wallace se ha llevado a la pantalla en cuatro ocasiones: en 1907, en 1925, en 1959 y en 2016. Las cuatro veces han costado mucho dinero, han tenido adaptaciones aceptables de la novela, manteniendo los elementos más sobresalientes y fuertes de la historia contada por Wallace: la rivalidad del protagonista con su hermano adoptivo, la lucha del personaje principal por sobrevivir, el naufragio, la grandeza de los valores de la cristiandad y la más apreciada por el público: la carrera de cuadrigas. En el caso de la producción todas han sido muy costosas.


De lo realizado hasta hoy, la versión de 1959 (William Wyler)  protagonizada por Charlton Heston y Stephen Boyd es la mejor de todas. Ganó 11 premios Oscar, bastante bien merecidos, es uno de los más grandiosos clásicos de la historia del cine universal y una magistral clase  para los estudiantes de escuelas de cinematografía.


Pero resulta que nos llega el atrevimiento de 2016, bastante mal realizada con una estética cutre y fotografía oscura, pese al presupuesto de cien millones de dólares y la “supuestamente grandiosa tecnología digital”, que si es bien utilizada más o menos funciona, pero si no es así, ayuda a destrozar los filmes, tal como sucede constantemente, tal como sucedió esta vez. Las tomas del coliseo se repiten al menos 3 veces, con  los  falsos extras dibujados haciendo los mismos ademanes y gestos.


Los grandes trabajos artísticos de escenografías y vestuario aquí no existen, tanto los espacios reales como los dibujados con máquinas son horribles, igual sucede con la fotografía y la música.


Algunas secuencias son rescatables gracias al libro y la puesta en escena, las del  Cristo por ejemplo. Pero son excepciones. El elenco en general no comprendió, posiblemente por culpa del director (Timur Bekmambetov), a  sus respectivos personajes. Sin embargo la presencia de un genio de la actuación como Morgan Freeman eleva, mientras él está a cuadro, la categoría de las secuencias correspondientes. Igual sucede con el buen trabajo de Rodrigo Santoro como Jesucristo. Los demás pasaron sin pena ni gloria.


Los grandes filmes lo son por sí mismos; al ser estrenados nos damos cuenta, los malos también. Las malas versiones sufren más al ser comparadas de manera inevitable. Riesgos que se corren y deben asumirse. Ben-Hur de 2016 no aporta nada ni a la novela ni al cine. Ben-Hur de 1959, superó a las dos anteriores a ella. Esta vez también a  la  posterior. Cosas de la historia grandiosa del cine y de las necedades de productores y directores.


*Escritor, historiador y crítico de artes. Colaborador de ContrACultura.

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