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San Salvador, 27 de Febrero de 2017
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¿Campesinos o semicampesinos?, el estudio de las estructuras agrarias en El Salvador

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La investigación sobre el cantón Joya de Cerén ha reabierto el debate sobre las estructuras agrarias en El Salvador. El antropólogo Carlos Lara Martínez nos comparte su análisis del tema.

Por Carlos Benjamín Lara Martínez (*)

Universidad de El Salvador

La investigación sobre el cantón Joya de Cerén ha reabierto el debate sobre las estructuras agrarias en El Salvador. Y es que resulta que la problemática no es tan sencilla, pues aunque algunos intelectuales cómodamente reducen la dinámica de las poblaciones ligadas a la producción agropecuaria a la identificación de uno o dos sujetos sociales (o son campesinos o son empresarios agrícolas), la verdad es que estas poblaciones incorporan diversos sujetos sociales que interactúan entre sí. La identificación de esta diversidad de sujetos sociales es fundamental para generar un desarrollo social que mejore las condiciones de vida en el campo salvadoreño.

En el caso específico de Joya de Cerén, en 1995-96, cuando desarrollé la investigación en este cantón, los pequeños agricultores eran sujetos que combinan la economía de subsistencia, basada en la producción de granos básicos a pequeña escala, con diversas actividades ligadas a la economía monetaria capitalista. Es por ello que estos pequeños agricultores pueden ser considerados semicampesinos, pues, como ya lo ha observado Carlos Rafael Cabarrús (1985, 99)[1] a propósito de los pequeños agricultores de la zona de Aguilares y El Paisnal, ellos experimentaban las contradicciones de los dos modos de producción.

Me explico: en 1995-96, los pobladores de Joya de Cerén practicaban una agricultura de subsistencia basada en lo que ellos mismos denominaban la milpa, un pluricultivo que asociaba en pequeñas parcelas (la mayoría entre una y dos manzanas)el cultivo del maíz con el del frijol y diversos tipos de calabaza, pipián y ayote, y en ocasiones pepino. Este pluricultivo proporcionaba la base de la dieta de los grupos domésticos en Joya de Cerén. Pero si bien con base en este pluricultivo los pequeños agricultores no podían mejorar sus condiciones materiales de vida, pues los beneficios de su actividad agrícola eran muy limitados, sí lograban obtener la base de su alimentación, garantizando la supervivencia de los miembros del grupo doméstico.

A esta agricultura de subsistencia se le sumaba una serie de actividades económicas que continuaban la lógica de la economía de subsistencia, como la crianza de animales domésticos, la ganadería a pequeña escala –en 1995-96 el 23.9% de los jefes de familia practicaban esta actividad económica, manteniendo la mayoría de ellos entre 4 y 6 cabezas– y el comercio a pequeña escala, representado por las tiendas del cantón. Todas estas actividades se incorporaban a la lógica de la economía de subsistencia, esto es, el objetivo de los pequeños agricultores era más satisfacer las necesidades básicas del grupo doméstico que generar una dinámica de maximización de beneficios.

En 1995-96, también observamos la producción de caña de azúcar a pequeña escala, el 11.36% de los pequeños agricultores producía caña de azúcar, la cual era cultivada principalmente en parcelas de dos manzanas (41.56%) y una manzana (22.28%). Esta actividad si bien tenía un sentido más empresarial, pues los cañeros habían logrado incrementar la producción media por manzana, también se incorporaba a la lógica de la economía de subsistencia, ya que los beneficios de esta actividad no eran invertidos en la ampliación de la producción: no entraban en una lógica de acumulación-reinversión y, por tanto, no generaban capital, sino que los beneficios eran destinados al consumo familiar o a financiar los eventos sociales de la comunidad.

Como lo ha resaltado Eric Wolf (1994, 103)[2], el capitalismo supone una dinámica de «acumulación incesante» y los semicampesinos de Joya de Cerén no tenían en 1995-96 una actitud de acumulación constante de beneficios, sino que su actitud era la de trabajar con el objetivo de obtener lo necesario para garantizar la subsistencia de su grupo familiar. El productor podía generar un excedente pero éste no entraba en una lógica de creación de capital sino que se destina al consumo de la familia y al desarrollo de las relaciones sociales (reuniones sociales, festividades, etc.). Únicamente se invertía en la producción lo equivalente a los costos de la producción del siguiente año. De esta manera, la economía de subsistencia o economía campesina constituía un tipo de economía que funcionaba sin acumulación.

Esto es así, porque a diferencia de la economía empresarial (capitalista), que subordina la vida social a los intereses económicos, la economía de subsistencia, la cual funciona bajo una lógica del valor de uso, valora la vida social (reuniones sociales, convivencia, festividades religiosas y profanas, etc.) por encima de las condiciones materiales de vida. Esta opción de vida (la de la economía de subsistencia) supone invertir mayores esfuerzos y recursos en el desarrollo de las relaciones sociales antes que en el incremento de los beneficios económicos; o, dicho de otra manera, los pequeños agricultores de Joya de Cerén prefieren invertir más en el capital social de sus parientes y su comunidad, que en el capital material.

Pero en 1995-96, en Joya de Cerén los pequeños agricultores también se contrataban asalariadamente. El trabajo asalariado lo realizaban dos tipos de sujeto social: los propios agricultores, quienes se contrataban en ciertas épocas del año, como en la zafra y en otras actividades, cuando no tenían trabajo en sus cultivos; y aquellos sujetos, principalmente los jóvenes, que se incorporaban a los sectores de los servicios y la industria a tiempo completo.

De esta manera, se puede concluir que los pequeños agricultores de Joya de Cerén eran en 1995-96 semicampesinos, pues combinaban la economía campesina (o de subsistencia) con actividades propias de la economía empresarial capitalista. Sin embargo, el carácter semicampesino queda totalmente claro cuando se sobrepasa el nivel del individuo y se enmarca en la división del trabajo al interior del grupo doméstico, es decir, del grupo de personas que residen en una misma vivienda, pues es ésta la unidad de consumo.

Algunos autores, como Luisa Paré (1977)[3], han acuñado el concepto de semiproletariado agrícola, para referirse a estos agricultores que producen bajo una lógica de subsistencia pero que al mismo tiempo se contratan asalariadamente. Yo prefiero utilizar el concepto de semicampesino pues la base del sistema económico sigue siendo la economía de subsistencia.

Es importante señalar que el carácter semicampesino no hace referencia a un estado pasajero o de transición, sino que se refiere a una condición estable (o estructural) del capitalismo dependiente en El Salvador. En esencia, representa una estrategia a través de la cual los pequeños agricultores logran mantener la economía de subsistencia en condiciones que les son adversas, esto es, en una sociedad dominada por una economía monetarizada, de carácter empresarial. De lo contrario, si sólo se dedicaran a la economía de subsistencia, no podrían sobrevivir en las condiciones actuales o sobrevivirían muy mal.

Así, los pequeños agricultores de Joya de Cerén, como gran parte de los pequeños agricultores de El Salvador y Centro América, están construyendo sistemas híbridos, en parte campesinos, en parte capitalistas, a través de los cuales están garantizando su supervivencia en un mundo globalizado.

(*) Antropólogo de la Universidad de El Salvador.

Nota del editor: detalle de fotografía es del archivo del Diario Co Latino.


[1] Cabarrús, Carlos R.: Génesis de una revolución. Análisis del surgimiento y desarrollo de la organización campesina en El Salvador, México, Ediciones de la Casa Chata, 1983.

[2] Wolf, Eric R.: Europa y la gente sin historia, México, FCE, 1994.

[3] Paré, Luisa: El proletariado agrícola en México. ¿Campesinos sin tierra o proletarios agrícolas?, México, Siglo XXI, 1977.



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Comentarios   

 
0 #1 Danilo Vásquez 08-06-2014 15:05
Ellos han sembrado siempre para sobrevivir, es su ADN que los lleva a realizar esa practica cultural. Ellos son los originales dueños de la tierra, el problema es que el invasor y los hijos de los invasores los reprimió tan fuerte que los hizo hasta vestirse diferente, hasta dejaron de adorar a sus dioses abiertamente. La diosa Xilonem (maíz tierno) dejó de recibir sus bailes. Un día, ellos reclamarán sus tierras, pues son los dueños originales de ella y aunque les llamen campesinos, semicampesinos, capitalistas, jamás dejaran de ser INDÍGENAS, NATIVOS, MAYAS PIPILES O LENCAS TAULEPAS. Un abrazo.
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