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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 27 de Julio de 2017

CIPotadas del PODer. SALarrué ¥ la (HOMO)sexualidad MASculina

Rafael Lara-Martínez*

Toda lectura ingenua presupone la exclusión de dos parámetros espinosos, el cuerpo físico y el social.  La obra de un autor idealizado —Salarrué (1899-1975)— se abstrae de la anatomía humana y de la política.  No interesa revelar el carácter terrenal de un artista clásico.  Interesa mistificarlo.  Hay que elevar su figura a la nobleza de rey maravilloso y de profeta feérico, quien forja una identidad nacional sin rebajarse a lo mundano y lo pedestre.

 

Hay cosas agradables por naturaleza [y] otras por costumbre […] Hay que añadir las prácticas sexuales de los hombres entre sí: para algunos, el origen está en la naturaleza; para otros, en la costumbre, en particular a quienes se sometieron desde la infancia.  [En El Salvador ambas causas confundidas, natural y social, se llaman culerismo o cipotadas del poder]. (1)

 

Toda lectura ingenua presupone la exclusión de dos parámetros espinosos, el cuerpo físico y el social.  La obra de un autor idealizado —Salarrué (1899-1975)— se abstrae de la anatomía humana y de la política.  No interesa revelar el carácter terrenal de un artista clásico.  Interesa mistificarlo.  Hay que elevar su figura a la nobleza de rey maravilloso y de profeta feérico, quien forja una identidad nacional sin rebajarse a lo mundano y lo pedestre.

Por convención de la crítica actual, la «excéntrica vida erótica» del autor y su compromiso con el reino político de este mundo deben ocultarse. (2)  Repitiendo el silencio del propio autor sobre «la gran tragedia local» de 1932, a treinta y cinco años de su muerte, aún se cree que «explorar ciertas zonas del asunto era [es] exponerse a excitar susceptibilidades». (3)  Revelar la política —el compromiso de Salarrué con el primer gobierno teosófico mundial, el del general Maximiliano Hernández Martínez (1931-1934; 1935-1944)— y hacer pública su sexualidad son temas tabúes hacia la segunda década del siglo XXI. (4)

La estrategia del silencio consiste en apropiarse de la «política de la cultura» del general Martínez sin mencionarlo como antecesor directo de una idea actual de nación que augura el cambio social. (5)  En un mismo gesto ambiguo, se acusa al general Martínez de dictador, y su política del arte se vuelve modelo de cultura popular: indígena y campesina.

Sin temor a descubrir la evidencia histórica que se acalla, el siguiente comentario revisa dos pequeños cuadernillos que se publican bajo el título de Cuentos de cipotes (1945, Cubierta y viñetas de Zelie Lardé).  Se trata del eslabón perdido inicial de esta obra clásica.  Esta colección de relatos la actualidad la celebra por su recreación del habla infantil coloquial y de una mirada ingenua desde la niñez salvadoreña popular.

Sin embargo, si la memoria política del autor me obligaría a esconder toda la documentación primaria que relaciona a Salarrué con su  amigo y colega teósofo, el general Martínez, la lectura de Cuentos de cipotes debería borrar todas las alusiones directas que hace el texto al cuerpo humano.  De la censura de lo socio-político, la crítica en boga pasa a la censura de la anatomía y del cuerpo sexuado del autor y de sus personajes narrativos.

Este breve comentario revela el horror por mencionar la sexualidad genital y la importancia que cobra el ano en la relación íntima que el niño entabla con el adulto.  Fuera del miedo actual por humanizar a Salarrué, anoto que la conciencia infantil se regodea en burlarse de su antecesor remitiéndolo a las partes inferiores y posteriores del cuerpo humano.

Disfrazado de niño, el propio Salarrué mostraría su irreverencia por la constitución corporal de sus contemporáneas y su afición por imponer un dominio corporal a través de lo anal.  Como expresión de poder y jerarquía, el miedo en el cual la actualidad incurre al mistificar a Salarrué oculta lo más humano de la identidad corporal salvadoreña: la política y la sexualidad.  La mejor memoria es la del olvido.

 

 

Manuscritos de dos cuentos de cipotes, cortesía de Ricardo Aguilar

 

No existe una edición crítica que contraste el original manuscrito con la primera (1945) y con la edición definitiva (1961/1974) de este libro clásico

 

 

 

Portada de la primera edición olvidada (1945), que ilustra Zelie Lardé

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