contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Marzo de 2017

Como si fuera el último día

La rabia contenida durante años por esta vida sin frenos, hace de la "justicia" un acto macabro

Por Iván Larreynaga

Nunca nadie… nun…ca… y después la queja es para mí. Es terrible… [ble…] Por qué yo, pero ahora que llegue cuando ^ llegue y todo se acaba… a las y cuarenta, de las y treinta y cinco a las y cuarenta… Cinco minutos…#5# cinco y ya nada se vuelve a echar a perder… maldito, apúrate… [qué calor, ¡qué calor…!]

Y una gota de sudor que se deslizaba temblorosa de la tercera a la primera arruga de la frente fruncida, cae con tiempo infinito y estalla en el piso cobrizo de una habitación amarillenta. Una habitación de paredes húmedas, mapeadas por esa humedad; e iluminada por aquel bombillo de luz amarilla que se reflejaba en aquella misma frente perlada de sudor.

+…si no fuera por el miedo… perro, perro…*) ¿Dónde estará Claudia?… maldita, maldita, maldito… pero el problema no es ella, ni él, es por todos. Pero claro… claro… claro de luna… claro que la culpa siempre tiene que caer en alguien¬¬¬ -el-que-se-deja-. Lo siento, pero_es como me salió hacer las cosas_ siempre dije “sí”, “está bien”, “estoy bien”, “no pasa nada”, “permiso”, “perdón”, “fui yo”, “es mi culpa”… es más… ahora mismo… estoy… ¬ están… ¬ esas palabras¬ pero… no puedo más ++ no pude--- Fue por eso, ¿sí? [¿] Si tuviera un trago ya lo hubiera hecho, con un trago y un poco de marihuana, mariajuana, mariajuana…= Pero no, todo tiene que salir a su tiempo, todo es parte del plan que me salió (de mi plan/ Toda vida tiene un plan_nunca supe el mío. ¿Será éste? Pero por eso calma el alma… calma… alma… Es justo el tiempo… injusto en mi reloj (justo ahora_en mi reloj_ es injusto el tiempo que no acelera esto) Lo digo por ustedes también: parece que no están bien: no sé; se les ve; como que. No puede ser verdad// pero lo es… y ni yo me lo creo. Y ya casi pasa un minuto… un gran minuto para las y treinta y seis… Ah, el buen Toni que me regaló un reloj… corre el reloj y esta vida sigue igual, sigue igual esta vida que cambia y cambia para llegar al mismo punto, un punto negro que se tiene que extirpar… no queda otra solución que extirpar… ¿A qué hora se me habrá rayado el reloj…? ¡Mierda!…

Unos ojos tensos, perdidos en algún punto de la pared, con una mirada que se distraía sólo para ver el reloj de pulsera justo al lado del teléfono y sobre una desvencijada mesita de noche. La mesita junto a la cabecera de la cama, como en todos lados. Un rostro surcado de terror, con barba de tres días y labios temblorosos que balbucían de vez en cuando algo incomprensible. Todas las imágenes de su pensamiento parecían salir a correntada por sus labios. No había tiempo para articularlas y, entonces, todo era ruido, baba y sudor en aquella habitación siempre amarilla. Una habitación abandonada de un motel con aires de complicidad, como todos. Solo y de rodillas el tipo. Junto a una cama de sábana viciada y ocre está el tipo en calzoncillos, brillando de sudor y con los poros pálidos en su pecho color de barro.

52, 53, 54, 55, 54, 55… /el tiempo de mi segundero no es correcto, a veces se atrasa el segundero del reloj…(-) o se adelanta… no es de fiar porque uno se puede equivocar: y hierra: o yerra… ¿A qué hora vendrá Claudia? Claudia que entra por esa puerta y me ve, sonríe en silencio; sólo sonríe inclinando un poco la cabeza a la izquierda; no, mejor la inclina a la derecha porque cuando duerme… {cuando duerme…} le gusta dormir boca abajo y hacia el lado derecho, el brazo derecho doblado hasta tocar con la muñeca su barbilla, su pierna derecha doblada también y su pie puntiagudo, como en puntillas… Entra por la puerta, sonríe y dobla su cabeza a la derecha… ¬yo la veo como que la doblara a la izquierda: se acerca y me toma la cabeza para apoyarla en su regazo: me duerme: en su regazo: me duerme. No hay nadie. (…)… Dilata mucho, el tiempo en el reloj dilata; todo pareciera amarillo; y el aire es denso; el aire; es; denso. Me dijiste que dejara las mariconadas… me dijiste que mejor lo dejara todo porque de nada servía alguien como yo en nada… _me lo decías gritando y enseñándome los dientes, con desprecio. ¿O con asco?… era asco._ ¿Nunca entendí por qué lo decías cuando estábamos en la cama?... (…)… Las y treinta y seis, las y treinta y seis…¬

Cuatro minutos y contando. Eso quedaba. Empezó a balancearse de un lado a otro, como bailando con el tiempo, al compás. Mantenía la pistola apuntando su pecho, al compás. Su mano derecha sostenía el fierro y la izquierda ayudaba cual guardaespaldas. Las claraboyas de su nariz parecían tragar el aire viciado de Muerte. Sí, con mayúscula porque no era muerte lo que olía, no era la putrefacción del cadáver que tenía postrado a su lado, ni la mirada aterrorizada del banquero atado de sus cuatro extremidades lo que olía. Olía a Muerte. Por un momento se le cruzó por la cabeza que había exagerado, que cuando Claudia entrara y lo viera de rodillas, en calzoncillos y apuntándose el corazón con una pistola, posiblemente se vería todo como una exageración.

… ya, ya casi las y treinta y siete.- Me estoy acercando y la calma llega_llega_la calma… Creo que el reloj lo rayé cuando forcejee con la prostituta. Ella no tiene culpa, pobrecita, mírala ahí, amarrada como una res, ya no aguanta, ya ni llora…( ¿Y Claudia, cuándo vendrá Claudia?... las y treinta y siete, las y treinta y siete, treinta; y; siete… ella tampoco tiene culpa, la verdad, quién es culpable al final… Decías tú: hay que vivir como si fuera el último día de vida… Y tenemos todo el tiempo para morir… uno escoge, es:coge cuán-do ha-lar del ga-ti-llo. Halar del gatillo es una muerte natural en estos días, quién lo niega… es mi último tiempo… hice lo que tanto quise hacer. La paz sea con nosotros. La paz… [pas, pas, pas…] Todavía me quedan unos tiros para darle a este maldito por si le queda algún suspiro por ahí. 30, 31, 32, 33, 34…

Unos golpecitos en la puerta se escuchan, y cuatro pares de ojos vidriosos brincan hacia esa dirección. Pupilas grandes, pómulos sonrojados y respiración agitada. Viciada. “¿Joaquín?” pregunta una mujer fuera.

¿C-clau, Claudia…? ¡Momento, todavía no entres…! Claudia, Claudia ya vino, ya está aquí… oquey, muy bien. ¡Mierda, estoy en calzoncillos! ¿Y la gente? ¿Todos están bien, eh?...

“Joaquín… voy a entrar…”

Joaquín logró distinguir, entre su nublada visión, unos bultos que se movían tras la figura de Claudia. Supo que no estaba sola y los únicos acompañantes que podían estar ahí, en ese momento, eran agentes de la policía. Indudablemente. La posición inclinada y sigilosa de esos bultos no daba lugar a dudas. Joaquín torció una sonrisa a un lado, como satisfecho. Su mano derecha se acomodó en la pistola. Dejo de balancearse, cerró los ojos y esa oscuridad lo tranquilizó todavía más. Casi se le veía triunfal. Claudia, con sus brazos brevemente extendidos a los lados del cuerpo, con sus dedos tiesos por el horror que tenía frente a ella, estaba ahí, en el umbral de la puerta. Con aparente parsimonia se tapó la boca, o la nariz, y sus ojos estallaron cristalinos junto a esa vena que le atravesaba la frente cada vez que se alteraba.

Te imagino con aquella falda blanca y larga, con el pelo tan solo sostenido por aquel pañuelo rojo. La blusa puede ser aquella negra, con flores blancas. No sé por qué siempre que te recordaba, siempre que pensaba en ti o soñaba contigo, estabas tú con esa ropa. La falda blanca y larga, el pelo, la blusa de flores blancas… ah… y sentada en el malecón… viendo a lo lejos… tus piernas abiertas y guardando suave la falda entre tus piernas…¬ tus piernas…¬ y la blusa…¬ y la falda… el viento…¬ y el mar…¬ tu silencio y mi incógnita…¬ mi incógnita del lugar que buscabas con la mirada; [¿por qué?] Yo pude llevarte a ese lugar. Te imagino. Ahora mismo seguro me estás viendo con una sonrisa y con la cabeza inclinada hacia la derecha. Yo la veo inclinada a la izquierda… ¿Qué hora es?... ¿Claudia, estás ahí?

“Las… diez y… treinta y seis…”

Abrió los ojos de súbito. Tardó unos segundos en enfocar y darse cuenta de que nada de lo imaginado coincidió. Ahí estaba Claudia, de pantalones vaqueros y camisa rosa. Seguía tapándose la boca, o la nariz, y su mirada daba vueltas por la habitación. Frunció el ceño cuando detuvo la mirada en el cadáver cerca de Joaquín. Definitivamente no pudo reconocer de quién era. Pero aunque no pudo definir su reconocimiento, su vista no se despegó del cuerpo en el suelo y sintió un balde de agua fría recorrer su espinazo.

…te equivocas…+- las y treinta y ocho…-+ ya le queda poco tiempo a todo esto. Poco tiempo, poco… tiempo… /tiempo…/ menos de 120 segundos… y corriendo. Qué feo si aún fueran las y treinta y seis… qué lejos, cuánto tardaría todo. A mi lado, en el suelo, como pidiendo perdón, está tu esposo, inerte, occiso… ¬una bala le atravesó el cuello. Cerca de donde está el orificio de la bala se podrá distinguir una marca de labial, esa marca es de la prostituta que está allá… ella no tiene culpa de nada, era una amante pagada del esposo al que tanto defendías cuando estábamos en la cama tú y yo… el que le ponía sal a tu vida; del que adorabas su pasión por vivir el momento… #· con el que me sentía humillado y rebajado… #* _ con el que nunca pude competir porque no soy…¬¬ ¿cómo es que dices?... ¬¬ visceral, no soy visceral… (¿) Nunca entendí entonces por qué… eh… por… qué… [-+…] Antes de las 10:40 p.m. habré cumplido todo lo que nunca me atreví a hacer: torturar al banquero, o al cobrador o como se llame, hasta que me borrara la cuenta que debo y hacer que robara una buena cantidad de dinero para mí… bueno, no exactamente para mí… También tengo aquí a mi jefe, más bien a mi ex jefe… ¨por haberme cogido por el culo en el trabajo el maldito explotador, está pagando caro ahora…¨ míralo, ni se mueve... y yo estoy en calzoncillos porque tengo calor… ¡uh!... las y treinta y nueve… y corriendo. Sólo estoy pendiente con una duda, con esta eterna duda en la que me tienes,; Antes de halar el gatillo que impulsará la bala para destrozar mi corazón… tengo esta… dura… duda… … y que irónicamente tiene que ver con el corazón…son-son…¬…

“¡¿Pero qué has hecho maldito cerdo hijo de puta?!”

Está de más describir dónde se incrustó la bala en Claudia; la aparición súbita de una circunferencia seguida de un hilo de sangre que, inmediatamente, apareció en la base de ese círculo mortal. No vale la pena arrebatar letras para referirse a los gritos de los sobrevivientes, al atraco de los agentes en la habitación. O contrastar el horror del palo de escoba incrustado en el culo del ex jefe de Joaquín con el dinero del banco que la prostituta encontró al día siguiente en su cartera…

Está de más hacerlo, porque todo quedó para Joaquín en la oscura tranquilidad de su último día.

 

                                                                                                                     

 

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