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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 27 de Julio de 2017
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Crónicas desde el hielo

Suecia: las vivencias en una tierra tan diferente a nuestro feroz trópico.

Por: Enrique Hernández-Ríos*


El mundo de silencio ya es parte de muchos salvadoreños que vinimos a esta nevera en la década de los 80. Yo arribé en abril de 1985. Los salvadoreños somos en su mayoría un grupo establecido y en gran parte integrados, palabra favorita para definir extranjeros que trabajan, pagan su impuesto y no meten mucha bulla; recordad, estamos en un mundo de silencio.  Esta faceta la aclaramos galantemente aunque como buenos latinos, rebeldes por naturaleza, sí combatimos ese esquema y nos gusta  el ruido. La cultura latinoamericana en Gotemburgo sí hace ruido y tiene presencia.


Hace 31 años vi por primera vez caer la nieve, sólo la había visto en películas y me gustaba; acompañamos al pueblo sueco a darle la bienvenida a la primavera en Valborg. Todos los lugares poblados se llenan de fogatas y la gente se reúne para celebrar el retorno del sol y el fin de las noches largas. En ese momento yo no entendí ese significado de solemnidad y esperanza, como tampoco que al salir el sol todos los suecos salían a buscar sus rayos y el incipiente calor como garrobos. Hoy me uno a ellos y soy un garrobo más, que feliz se nutre del sol.


La sociedad sueca se caracteriza por su orden y porque el trabajo se paga. Es consumista y altamente individualista. Aunque su humanidad, rayando en un exceso de bondad a mi juicio,  está causando un desbalance.  Asi como los salvadoreños huyendo de la violencia y la pobreza buscan en Estados Unidos la tranquilidad y el progreso, muchas personas del medio oriente asolado por la violencia, luchas fanáticas, además de intereses hegemónicos de las grandes potencias, buscan en Europa y de preferencia en Suecia un refugio y una nueva vida de paz. El problema es que ahora son cada vez más en número y la xenofobia va creciendo dando espacio a partidos políticos antiinmigrantes y racistas que aseguran que este incremento de refugiados y solicitantes de asilo es la causa de todos los problemas del país.


Esta es Suecia ahora y casi toda Europa.


Todavía estamos muy bien, pero antes y como ahora los latinos seguimos buscando, y entre ellos los salvadoreños, no dejarnos apabullar por un clima gélido e inhóspito; luchamos por conservar los volcanes, el trópico, los Andes, la amazonia, la pampa, la sierra, la Pachamama en nuestra sangre y en nuestras nuevas generaciones que ya hablan entre ellos otro idioma como el propio;  sin embargo estamos agradecidos y orgullosos de haber logrado que hablen el castellano con nosotros. Eso es importante, ellos y ellas también lo agradecen. Tienen que hacerlo porque les abrimos y conservamos un mundo alegre donde encontramos en reuniones, conciertos y la danza una llama interna que nos fortalece y nos identifica.


Intentaré relatar sobre este otro mundo que está en el mismo planeta. Aquí donde vinimos a parar, nos quedamos y echamos raíces.


Recuerdo cuando Katarina se echaba para atrás su largo cabello caoba y destilando ternura en su ojos color de mar me decía al percibir mi nostalgia: “Enrique, entiendo que eres  una persona dividida”. Yo con orgullo tiernamente replicaba : “No, cariño, en realidad soy un ser multiplicado”.

 

*Enrique Hernández-Ríos o Enrique H Ríos.
Poeta, escritor, profesor y pedagogo, desde hace 20 años trabaja con jóvenes inmigrantes en Suecia, bien con el gobierno sueco o las comunas. Siempre activo en la labor cultural en Gotemburgo,  ha fundado grupos culturales y literarios.

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