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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 21 de oct. de 2017

Cuando las luciérnagas se ponen sexis

Luciernagas

Edgar, Virginia, Henry, Raymond, Agatha, Ambrose, como resultado de un juego, visitan El Salvador. Los espera un guía muy particular: Roque, también una historia iluminada por luciérnagas. 

Relato de Vicente Chinchilla (*)

I

Transcurría el mes de marzo, muy caluroso y con mucha humedad. No obstante, la reunión —a pesar de lo inestable del clima—, había sido programada para la cinco de la tarde y como punto de encuentro el local de la Sociedad de Estudiantes Discretos en la Universidad de Berkeley. Mientras tanto, Ambrose descansaba en su cuarto y esperaba la hora para partir a la reunión, pero en ese momento logró ver entrar por la ventana un par de luciérnagas, sus vuelos eran espectaculares, una seguía a la otra mientras emitían secuencias de destellos de luz, y en efecto, la danza del apareamiento fue lo que presenció, la cual fue catalogada por Ambrose como sexi.

Ambrose después de admirar aquel evento natural partió a la reunión, fue el primero en aparecerse por el lugar, por lo tanto, tomó la iniciativa para acomodar el local y dispuso colocar los muebles de tal forma que la reunión fuera amena, lo principal era la mesa con sus sillas, la cafetera junto a los vasos y por supuesto en un plato unas deliciosas galletas de mantequilla.

Virginia y Agatha fueron las siguientes en aparecerse, al igual que Ambrose se dispusieron a ofrecer su colaboración en el acomodamiento del local, con seis manos las cosas se pusieron más fáciles y en cuestión de minutos el lugar estaba listo, en esos instantes sonó el teléfono, Ambrose corrió a contestar, era Henry que llamaba para decir que en unos instantes estaría llegando, ya que pasaría a recoger a Raymond y Edgar.

Mientras los restantes se unían a la actividad, ellos estimaron ponerse de acuerdo en la dinámica a realizar, por lo cual, establecieron la reglas de juego, es decir elaboraron una serie de cajitas que contenían en su interior una cantidad de papeles en los cuales debían escogitar la actividad a realizar, todo esto por sugerencias de Antón, profesor de literatura, él les había sugerido sortearse el viaje y la propuesta para conocer un país diferente y sobre todo distinto al de su origen cultural, puesto que en cierta medida les ayudaría en los próximos meses, para elaborar su trabajo de graduación.

La discusión comenzaba a tornarse interesante cuando sonó el timbre, eran los restantes integrantes del grupo que se sumaban a la reunión.

—La mesa está lista, ahora tenemos la última palabra— afirmó Ambrose.
—Gracias por su espera y disculpas por el retraso —dijo Henry.
—Sería bueno avanzar lo más pronto posible, puesto que se hace tarde— sugería Agatha.
—Sí, por favor para llegar temprano a casa—suplicó Virginia.
— A caso le temen a los gatos negros, que se pasean en la noche —bromeó Edgar.
—¿De qué hablamos, cuando hablamos del plan de viaje?— preguntó Raymond.

La discusión estaba interesante, cuando por la ventana entró un par de luciérnagas, una seguía a la otra mientras emitían secuencias de destellos de luz, como indicación del apareamiento, Ambrose no dijo una sola palabra ya que él con anterioridad lo había observado, los demás se quedaron maravillados del espectáculo natural y concordaron que las luciérnagas eran sexys y que esa era una señal de buen augurio.

Yo quiero opinar antes de avanzar en la reunión —dijo Virginia—, allá por el año ochenta vino un escritor suramericano a esta Universidad de Berkeley, disertó unas charlas sobre literatura, pero resulta que yo paseaba ese día junto a mi madre por ese auditórium y me pareció interesante ver a mucha gente clavada en lo que él explicaba y logré escuchar que uno de los alumnos le dijo: Julio, —era un caballero de aspecto delgado, muy alto, barbado y de apariencia juvenil y cada vez que hablaba tenía a flor de boca las erres—, comentaba acerca de una región llamada La Pampa, incluso habló de Centroamérica y de algunos sucesos históricos de un país diminuto, con las características de ser un volcán en erupción, aunque no logré escuchar a que país se refería, aquellas palabras se quedaron grabadas en mi memoria RAM, por lo tanto considero importante hacer la valoración a la hora de decidirnos.

En efecto, hay que sortear la mejor opción, pero la mesa esta lista—repitió Ambrose—, ustedes pueden observar las diferentes cajitas que contienen una serie de papelitos con los nombres de los cinco continentes y los nombres de países de los respectivos continentes, y lo más importante el tipo de travesía que debemos realizar, la dinámica consiste en sacar un papelito de cada cajita, para obtener el nombre de cada cosa, pero en lo que corresponde al país deberá extraerse del continente o región al que pertenece.

Después de tomar una decisión por unanimidad, Virginia es la designada para sacar el primer papelito, mientras eso sucedía los demás estaban muy atentos al movimiento de mano de Virginia lo cual les provocó ansiedad y les hacía sentir como si estuvieran mirando una película en cámara lenta, pero cuando se había consumado la acción Virginia comenzó a abrir el papelito, luego de extenderlo lo puso en el centro de la mesa.

— ¡Es América!— dijo Virginia.
—El siguiente que escoja el papelito, debe de ser un hombre— propuso Agatha.

Y en esa lógica, el siguiente fue Raymond, a él le tocaba extraer el papelito del país donde tendrían que viajar. Raymond respiró hondo antes de meter la mano en la siguiente cajita — mientras los demás estaban atentos—, Raymond sacó el papelito y antes de abrirlo hizo una mirada rápida a cada uno, casi al unísono los demás le dijeron que se apresurara y que no estuviera haciendo conjeturas, Raymond abrió el papelito y lo colocó en el centro de la mesa, Henry se lanzó sobre la mesa para verlo —¡es El Salvador!—exclamó—, luego todos corren hacia la pared a revisar el mapa de América y constataron que se ubicaba en la zona de Centroamérica.

Ahora faltaba decidir qué tipo de viaje debían realizar, y por lógica había que extraer el último papelito, esta vez el turno fue para Agatha, por lo regular ella era muy misteriosa sobre todo porque le gustaban las cuestiones sobre esoterismo, y de esa forma particular extrajo el papelito y con su voz en un tono suave hizo extensivo el resultado: ¡Es turismo de aventura en la montaña! —dijo. Todo estaba completo, ese mismo día comenzaron a realizar los preparativos para hacer un viaje que sólo duraría tres días. Por indicaciones del maestro Antón, hicieron uso del internet para contactar un hotel de montaña en el lugar de destino y establecer contacto para los días de alojamiento.

 

II

Siguiendo al pie de la letra se tomaron el tiempo prudencial para hacer los arreglos necesarios y así poder realizar el viaje. Contactaron un hotel de montaña cuyo nombre era La Posada del Torogoz, el cual estaba ubicado en el norte del departamento de Morazán, ese lugar sería el centro de partida, ya que tendrían que hacer un recorrido por las montañas, desde luego el hotel sería el encargado de todo el paquete, incluía la estadía, traslado desde el aeropuerto, alimentación y el tour acompañados por un guía.

En un par de días estaban con todas sus maletas listas en el Aeropuerto de Los Ángeles LAX desde donde viajaron a El Salvador, permanecieron en el aire por espacio de cuatro horas hasta llegar al Aeropuerto Monseñor Óscar Romero. Cuando salieron del control migratorio, en las afueras del Aeropuerto los esperaba Salvador —el chofer del microbús— y para evitar confusiones Salvador tenía un pequeño rótulo en el cual se podía leer: Hotel Posada del Torogoz. Los cinco se dirigieron hacia él y luego de un cruce de palabras con aquel personaje —el cual sobresalía por ser más alto que las demás personas y lo poco común por estos lados de sus ojos claros—, fueron invitados a abordar el autobús que los llevaría hacia el hotel. Los cinco extranjeros coincidieron en que Salvador era un hombre muy interesante, pero con una serie de aspectos esotéricos, puesto que en el trayecto del viaje y cuya duración fue de alrededor de tres horas y media, había hecho unos comentarios agradables que gustaron a los visitantes.

Al llegar al hotel fueron recibidos por Gabriel, su propietario, —un hombre de mucha edad y corta estatura, su bigote grande resaltaba en su rostro, mientras que sus cabellos colochos y entrecano eran fiel testigo de su largo trecho recorrido en la vida y con la fortuna de poseer la facilidad de palabra—, en seguida los convidó a acomodarse y ubicar en cada una de las habitaciones sus pertenencias, después de unos instantes fueron invitados a cenar, en la medida que saboreaban los alimentos, Gabriel les iba explicando la dinámica que tendrían que realizar al día siguiente. Les hizo hincapié que sería un día de realismo mágico y con mucha aventura, para lo cual tendrían la compañía de un guía llamado Roque, el cual poseía la característica de ser levemente odioso y muy simpático, pero con un gran sentido de humor y dispuesto a conversar, a lo cual debían acostumbrarse y que además durante la travesía cada uno llevaría sus respectivos alimentos, agua, ropa y zapatos adecuados para la caminata. Con todos los detalles claros, se fueron a sus cuartos para descansar y esperar el momento de la aventura.

Al día siguiente por la madrugada, Roque —un hombre de contextura delgada, narizón y cuyo rostro dibujaba una sonrisa— los estaba despertando para informarles que tendrían que ir a desayunar y después comenzar el viaje; Roque les brindó las indicaciones necesarias en razón que la caminata fuera un éxito, les hizo énfasis para acatar todo lo indicado, con el fin de regresar sanos y salvos. En principio, se internaron en el bosque para caminar por unos senderos y luego arribar al Río Sapo en donde pudieron apreciar sus aguas cristalinas, ahí les indicó tener cuidado con sus pasos, ya que el estado del suelo era muy liso y una caída podría ser fatal, sin embargo, a Agatha se le ocurrió tomar unas fotografías y no tuvo cuidado con sus pisadas y se resbaló, por lo tanto, fue a parar al fondo del río, lo peor es que no sabía nadar lo cual complicó la situación, Raymond y Henry junto con Roque se lanzaron al río para salvarle la vida. Se hizo complicado rescatarla ya que el río era muy caudaloso y la corriente los arrastraba hacia un despeñadero, el esfuerzo para llevarla hasta la orilla no fue nada sencillo, mientras los demás estuvieron temerosos por el desenlace de aquella situación, no obstante las cosas salieron sin mayores percances. Por su parte Roque les recalcó las indicaciones brindadas con anterioridad, ellos estuvieron de acuerdo en respetarlas al pie de la letra.

Por espacio de unas horas se dedicaron a caminar por senderos, admirando la flora y la fauna, filmando y tomándose fotografías en aquellos lugares y cosas que les parecía de suma importancia, era hora de descansar y almorzar, buscaron un lugar donde acomodarse y cuando estaban saboreando los alimentos de entre la maleza apareció un tigrito, el animalito muy tranquilo se acercó a ellos para que lo acariciaran, Roque les ordenó que agarraran sus cosas, para largarse de ahí de inmediato, todos protestaron, Roque les advirtió que si no querían ser presa de un tigre era mejor alejarse del lugar, así que aterrorizados corrieron hasta una inmensa roca que los lugareños le apodaban Cerro El Pericón, mientras tanto, los alaridos del tigre se mezclaban con el sonido del viento, para ese momento el hambre se había esfumado.

Roque les indicó que guardaran la calma, y que estarían un buen tiempo en ese sitio mientras se aseguraban que el tigre se alejara del lugar, pero todos estaban temerosos de seguir con la caminata, a Roque no le quedó otra opción que animarlos para continuar y les recordó que era turismo de aventura lo que habían escogido, no muy convencidos estuvieron de acuerdo en continuar la ruta. Durante el transcurso de la mañana la caminata se había vuelto trágica, pero tenían la leve esperanza que lo que restaba del día fuera diferente, Roque los llevó por unos senderos hasta un lugar conocido como El Cielito, era un lugar de ensueño lleno de muchos árboles con frutos, flores y mariposas de diversas especies, por lo visto se habían olvidado de los momentos amargos, se dirigieron a un acantilado desde donde se podía apreciar todo el valle y al fondo un volcán con dos puntas, ese momento lo utilizaron para volver a filmar y tomarse fotografías con su iPad y desde luego disfrutar de los alimentos.

—Tenemos que volver— dijo Roque.

Iniciaron el regreso por senderos diferentes, las respectivas indicaciones fueron vertidas, para evitar cualquier imprevisto, habían caminado un buen tramo hasta llegar a un pequeño río, Roque los invitó a darse un chapuzón y descansar al compas de la corriente del riachuelo.

—Es hora de continuar la marcha, atardece— indicó Roque.

Cada quien agarró sus cosas y siguieron la caminata, a Roque se le olvidó adrede brindar las nuevas indicaciones, todos caminaban en fila india por una explanada pantanosa y partes llena de pasto, el camino estaba resbaloso, por lo tanto, debían de tener cuidado con sus pisadas, en esos instantes oscurecía y la visibilidad para ver el camino comenzaba a perderse, Virginia coloca mal el pie en una piedra, resbala y cae, los demás acuden a ayudarla pero el estado del terreno hace que todos caigan y contacten con el pasto, lo cual les provoca una fiera picazón.

—Son coloradillas, pero no se preocupen porque solo pican el cuero, pero no se lo comen— afirmaba Roque, mientras se moría de la risa.

Roque les aconseja volver al río, para bañarse y que les cese la picazón, el ardor en su cuerpo fue de tal magnitud que debieron despojarse de toda su ropa y quedarse en el agua por una media hora para aliviarse, el cuerpo lo tenían lleno de picadas.

— ¿Se sienten bien?— preguntó Roque.
— ¡Sí!— contestaron todos.
—Bueno, es hora de salir del agua y seguir la caminata— dijo Roque.

Al salir del río les volvió la picazón, por lo cual tuvieron que internarse de nuevo en el agua para aliviarse, Roque sacó un bote de alcohol y llamó a uno por uno para echarles en el cuerpo, la picazón les había sacado lágrimas y el escalofrío era intenso, los lloriqueos cesaron —mientras en el lugar las ranas dejaban escapar un sonido muy fuerte —, la picazón había desaparecido, se pusieron la ropa y continuaron su camino, debían de pasar por la misma ruta, solo que esta vez tuvieron más cuidado, anochecía y llevaban entre sus manos unas pequeñas linternas que les alumbraba el camino y cuando menos se los esperaban todo el lugar se puso muy iluminado.

— ¿Qué sucede?— preguntaron todos.

Roque les explicó que no se asustaran, habían llegado a la explanada de El Mozote, y que ese fenómeno natural era por la época, les pidió que levantaran su cabeza y miraran hacia las copas de los árboles, eran miles y miles de luciérnagas que se apagaban y se encendían, parecían árboles navideños gigantescos, puesto que emitían secuencias de destellos de luz.

— ¿Quieren saber el significado de este lugar?— preguntó Roque.
—Sí— respondieron todos al unísono.
—Está bien les contaré— dijo Roque.

Hace mucho tiempo, a principios de los años ochentas en este lugar sucedió una de los hechos más espeluznantes de la historia reciente del país, a razón de plomos, muchos y muchas fueron silenciados, pero no callados. En este lugar de mucha magia existen voces que se han quedado atrapados en la historia, aprecien el lugar y los invitó a hacer un ejercicio: cierren sus ojos y concéntrense, háganlo solo por un instante y a la vez con sus ojos cerrados cada uno vaya diciendo que escucha.

Edgar: El ruido de un gran tropel esta al acecho.
Virginia: Yo escucho allá a lo lejos voces de niños que gimen.
Henry: Desde las copas de los arboles se escuchan voces de mujeres, lloran y piden ayuda.
Raymond: Las voces de ancianos y ancianas que piden clemencia.
Agatha: Las niñas gritan a sus familiares que les ayuden, que no las dejen.
Ambrose: Todas las voces se apagan al caer las lluvias de plomo.
—Ahora pueden abrir sus ojos, ¿Cómo se sienten?— dijo Roque
—Nos sentimos en un lugar de profunda magia y dolor— expresaron todos.
—En este lugar paradisíaco las vidas de muchas personas fueron apagadas, pero resucitaron en la luz que producen las luciérnagas, esas voces que ustedes escuchan son las luciérnagas que se han puesto sexis— dijo Roque.

Por lo visto, aquel impresionante espectáculo natural, los había hecho olvidar sus penas, estuvieron parados ahí por espacio de dos horas comentando y admirándolo, de tal forma que hubo tiempo para las cámaras y el video. Luego se marcharon, al llegar al hotel Roque en un tono burlesco, les hizo saber que de vez en cuando es bueno que los reptiles tomen el sol para aclarar la piel, y luego se despidió de todos con un fuerte abrazo y al mismo tiempo dejaba escapar una gran carcajada llena de sarcasmo, todos quedaron sin entender y extrañados por aquel comentario, después se dirigieron hacia el comedor en busca de alimentos.

Don Gabriel aguardaba en el comedor y al verlos llegar les felicitó por el viaje y les hizo la reflexión de que lo mejor que ha inventado la naturaleza es la vida —ellos estuvieron de acuerdo—, además les había preparado una cena especial de despedida, y mientras departían les agradeció su estadía en el hotel, además los invitó a regresar a la órbita del pájaro Torogoz y al finalizar la cena los convidó a tomar un merecido descanso, ya que al día siguiente muy temprano debían marcharse al Aeropuerto para abordar el avión con destino a su tierra, pero antes ellos prometieron volver al lugar donde las luciérnagas se ponen sexis.

(*) Economista, actor de teatro y escritor salvadoreño. Exmiembro del grupo La Rendija.

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