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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 22 de Sept de 2017
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Despolvando otros mitos salvadoreños

La Barranca del Sisimico, ¿cuna del Sisimite?

Joaquín Meza
Investigador asociado
Proyecto “Oralitura nahua pipil nonualca de El Salvador y Mesoamérica”
Consejo de Investigaciones Científicas, CIC,  Universidad de El Salvador

En el Pleistoceno, como ahora, Centro América fue el centro de un intercambio de fauna. Creemos firmemente que  mayores investigaciones paleontológicas retribuirán con grandes dividendos el entendimiento de la historia del “Gran intercambio de fauna americana”.

D. S. Webb and S. C. Perrigo.
Late Cenozoic vertebrates from Honduras and El Salvador, 1984.


La mayormente abrupta geografía salvadoreña ha sido el escenario propicio para servir de cuna a la génesis de muchos mitos que a lo largo de la historia han sufrido diversas transformaciones desde su contacto con las culturas europeas, pero que aún guardan un rico sustrato de raíz prehispánica. Uno de esos lugares es la “Barranca del Sisimico”, Cicimico o Zizimico, posible epicentro del mito del Sisimite, Sisimico o Itacayo, del que nos ocuparemos después de hacer una descripción del ámbito geográfico y de su importancia geológica, arqueológica y etnológica.


El topónimo procede del nahuat tzitzimitl, sisimi, sisimite, zizimi, zizimit, zizimite: duende, fantasma, demonio, aparecido, espíritu maligno, y co, cu: lugar. Lugar de los zizimites, Lugar de fantasmas, Lugar de duendes, Lugar de duendes o brujos, Barranca del duendeoCerro del aparecido) es una quiebra profunda producida en la tierra por el correr de las aguas, a 240 m.s.n.m., ubicada en una área de unos 3 kilómetros, rodeada por un bosque seco de vegetación “de sucesión secundaria de tipo caducifolio y comunidad de barranca”, surcado por ocho ríos y quebradas.

Es albergue de decenas de especies de aves, mamíferos y reptiles. Afirman los lugareños que entre otros animales, moran venados (cola blanca o roja), coyotes, pumas, tigrillos, ocelotes y otros que abrevan en los manantiales de la zona. Su variada flora comprende desde helechos hasta árboles frutales de pepeto, mango, zunzapote, almendro, copinol, etc., y maderables como cedro, conacaste, carreto y otros.

El acceso se encuentra a la altura del kilómetro 66 de la carretera Panamericana, en el cantón Cutumayo, 5 kilómetros al Este del municipio de Apastepeque, y 9 kilómetros al Noreste de la ciudad de San Vicente, departamento de San Vicente.

Se trata del depósito de mayor riqueza de especies fósiles documentada en Centro América, hasta la fecha, de acuerdo con la opinión del paleontólogo Juan Carlos Cisneros.

Estudios geológicos afirman que el sitio, un estrecho cañón orientado de Norte a Sur, de un kilómetro de longitud, de 20 a 25 metros de ancho y de profundidad variable, es el remanente de un lago prehistórico, que durante siglos de sedimentación se comprimió hasta convertirse en un lecho rocoso que creó la “Barranca del Sisimico”, y estiman que su edad data de, por lo menos, un millón de años, es decir que pertenece al periodo Pleistoceno temprano.

 “Entre las capas estratificadas se encuentran hojas de criptógamas y fanerógamas, peces pequeños, moluscos, insectos y restos enormes de fósiles marinos y terrestres de la Era terciaria, cuando Centro América emergía del mar y era tránsito de las especies que emigraban del Sur al Norte, o del Norte al Sur”.

Agreste. Húmedo. Sombrío. Misterioso. De exuberante belleza. El lugar invita a un viaje por los oscuros callejones del mito y la prehistoria,

Su altos peñascos sirven de escenario, cuyo telón debe descorrerse para poner en escena los secretos que se encierran aprisionados entre distintas capas geológicas, y los “avistamientos” de un extraño personaje gigantesco, guardián de aquella barranca que desde los más remotos tiempos experimentaron los habitantes de sus alrededores: el “Sisimico”.

Los primeros registros de este lugar datan de 1875, cuando Darío González  (1833-1910) y David J. Guzmán (1843-1927) “realizaron varias expediciones científicas por el interior de la república, para estudiar los yacimientos fosilíferos en el lecho del río Los Frailes (Ilobasco) y en la barranca del Sisimico (San Vicente), al igual que depósitos de lignito en las zonas pluviales del Torola y del Titihuapa.”

De alta importancia para la ciencia paleontológica es la “Barranca del Sisimico”, uno de los yacimientos fosilíferos más abundantes en variedad de organismos fósiles de Centro América que se encuentran en “diferentes niveles sedimentarios pertenecientes a la formación Cuscatlán,”  atrapados en rocas de fina ceniza volcánica mezcladas e intercaladas en capas sedimentarias que contiene diatomes  (algas unicelulares, que viven en el mar, en el agua dulce o en la tierra húmeda) y espículas de esponjas.

La barranca,que comprende un área de 1.071772 kms., es reservorio de múltiples extintas especies de flora y fauna que fueron sedimentados en un milenario proceso aluvial y de movimientos tectónicos que acumularon sus restos entre las altas paredes compuestas por distintas capas de materias , principalmente “yesos arcillosos, coloreados con distintos óxidos metálicos y diferentes compuestos minerales, en capas estratificadas”

“Los cortes verticales del cañón dejan ver en el fondo estratigráfico mantos de cenizas, tobas, arcillas sedimentarias de muchos colores que constituyen un gigantesco almacén de fósiles de animales antediluvianos y de especímenes de una flora hace siglos desaparecida. Y más encima aún, depósitos de denudación más recientes (rocas, pómez, areniscas, barro rojizo muy fino)”.

La clasificación científica de la flora y fauna allí concentrada incluye vertebrados e invertebrados, tanto acuáticos como terrestres, 42 géneros de plantas vasculares y 21 variedades de diatomeas que “indican la eutrofización del lago de naturaleza alcalina que existía en el Pleistoceno.”

Las especies documentadas incluyen: Cuvieronius, 3 tipos deperezoso gigante (Eremotheriumsp, Megalonyxobtusidens), tortuga (Geochelonesp), mastodontes (Mixotoxodonsp). Se encontró una nueva especie de perezoso gigante (Meizonyxsalvadorensis) que apoya la teoría de que América Central fue ruta de la dispersión de los perezosos; además se ha encontrado uno de los pocos registros de murciélagos neotropicales (Pteronotusparnelli). Otros vertebrados encontrados incluyen cérvidos, aves, anuros, peces (Poecilliasp)” ,  Crocodylusacutus, fósil desconocido previamente en otro lugar, reportado por primera vez en Centro América. Especies nominadas científicamente como Hesperotestudocrassiscutata, Glyptotheriumarizonae, Palaeolama, Hemiaucheniacf. H. seymourensis y Equusconversidens, proceden de esta barranca, así como animales parecidos a los hipopótamos y otras especies prehistóricas como ranas, insectos, pulgas de agua, almejas y caracoles de agua dulce; además de plantas y troncos. “Al menos 17 categorías de organismos son representadas en el nuevo sitio [“Barranca del Sisimico”], constituyendo, al presente, la más rica localidad conocida de vertebrados.”

“Esos fósiles suministran información acerca de una área geográfica pobremente estudiada  que jugó un importante rol durante el “Gran intercambio de fauna americana”. La fauna es dominada por numerosos restos de proboscídeos Cuvieroniustropicus y probablemente representa la más grande concentración conocida de este género en America.”

Todos estos huesos y fósiles, corresponden al periodo pleistoceno temprano (700 000 y 1,8 millones de años antes del presente)

De las especies registradas en la barranca se tienen 5 mega mamíferos entre ellos: mastodontes, perezosos gigantes, tortuga gigante, rinoceronte, 2 especies de chimbolos, 1 insecto y un promedio de 50 fragmentos de hojas, tallos y semillas”.  Por efecto de los movimientos terráqueos y aluviales los restos de dichas especies se concentraron y fueron cubiertos por materia volcánica que los preservaron “congelados” en el tiempo en lo que los paleontólogos llaman “aglomerados”. 

Hay información, que deberá corroborarse,  de que los restos completos de un mastodonte procedentes de esta barranca fueron donados hacia mediados del siglo XX al Museo del Vaticano. “Hasta se afirma –dice el señor Justo Emilio Cornejo- que una misión francesa encontró sus restos y ahora están en algún museo de París; cierto o no esa es la historia de la famosa poza del Sisimico”. Se menciona también que en el Museo de Oxford se encuentran fósiles procedentes de este lugar.

De las entrañas de sus peñascos brotan las aguas que forman la quebrada “Sisimico” y se despeñan por saltos para caer y formar distintas pozas.

A escasa distancia de la “Poza negra”, en cuyas inmediaciones se ha encontrado gran cantidad de fósiles atrapados en las paredes, se mostraba con toda su belleza la “Poza azul”.

Aguas abajo esta quebrada recibe el tributo de la quebrada “Las Ánimas”, y juntas originan el “Sisimico” o “Zizimico”, río de 4 Kms. de longitud, perteneciente a los municipios de Apastepeque y San Vicente, departamento de San Vicente.

La importancia de este lugar es relevante, por cuanto mayores y necesarios estudios conllevarán la revelación de información que permitirá aclarar muchos aspectos de la flora, la fauna, y de nuestros más remotos antepasados en su proceso de adaptación, evolución y extinción, o desarrollo y movilización en una parte del actual territorio salvadoreño que ha sufrido extraordinarios cambios geológicos desde su prehistoria.

 

Más allá de la preeminencia que se le debe por su formación, estructura y composición geológica, y por la diversa riqueza paleontológica que encierra en sus entrañas valiosa información que los especialistas deberán interpretar a partir de los especímenes fósiles allí entrampados, la barranca también revela aspectos de la vida de los pobladores de remotas épocas, a partir del examen de las piezas arqueológicas de cerámica precolombina encontradas en sus inmediaciones.

Lamentablemente el saqueo y la destrucción de ese patrimonio, por distintas causas, impide un mejor conocimiento de nuestra prehistoria, como “el terremoto de 1936, que destruyó la ciudad [de San Vicente] y la cerámica precolombina hallada en diferentes lugares del departamento, como la Barranca del Sisimico.”

En tiempos recientes, la tormenta “Ida” (noviembre de 2009) ocasionó otra irreparable pérdida del patrimonio geológico, paleontológico y arqueológico al devastar la zona, ocasionando, además de la muerte de unas cincuenta personas, la destrucción y daño de muchas viviendas, entre ellas el local que ocupaba el pequeño museo de la comunidad La Joya-Sisimico, que exhibía diversas muestras paleontológicas y arqueológicas del área.

El vocablo náhuat “Sisimico” y sus variantes “Cicimico”, “Zizimico”, lo mismo que otros emparentados como Chichimeque, Chichimicli, Chichinité, Chilmilque, Chimilque, Chinilque, Simicaguáre [potón], Simicaguera [potón], Simicagüera [potón], Sisimite, Sisimité, Simistepeque, Sisimitepeque, Sisimitepe, Sisiniapa, Zicimilla, Zizimilla, Zizimite, Zizimitla, Zizimiapa, es topónimo también de otras localidades en nuestro país:

Barranca de. Valle del municipio de Guadalupe, departamento de San Vicente. ║2. Cantón del municipio de Mercedes La Ceiba, departamento de La Paz. ║3. Cerro del municipio de Agua Caliente, departamento de Chalatenango. ║4. Cerro del municipio de Nueva Concepción, departamento de Chalatenango.  ║5. Loma del municipio y departamento de Chalatenango. ║6. Cantón del municipio de Nahuizalco, departamento de Sonsonate. ║7. Caserío del cantón Sisimitepet municipio de Nahuizalco, departamento de Sonsonate. ║8. Cerro del municipio de Nahuizalco, departamento de Sonsonate. ║9.Río de 2.4 kilómetros de longitud, perteneciente al municipio de Santa María Ostuma, departamento de La Paz. ║10. Río del municipio de Guatajiagua, departamento dedepartamento de Morazán. ║11. Cerro del municipio de Chilanga, departamento de Morazán. ║12. Quebrada afluente del río El Molino o Ataco, municipio de Concepción de Ataco y Ahuachapán, departamento de Ahuachapán. ║13. Finca del municipio de Apaneca,  departamento de  Ahuachapán.

Más aún, la importancia de la “Barranca del Sisimico”, crece desde una perspectiva etnológica, ya que es posible cuna de un mito que, aunque debilitado por el transcurrir del tiempo y otros agentes que conviene estudiar, persiste en la zona y otros lugares del país: El “Sisimico”, “Sisimite” o “Itacayo”,  un gigante, custodio del lugar.

 

El Sisimico, Sisimite o Itacayo


En el segundo cielo dicen que hay unas mujeres que no tienen carne, sino huesos y dícense tetzauh cihuauh (Mujeres portentosas) y por otro nombre tzitzimime. Y éstas estaban allí cuando el mundo se acabase, aquellas habían de comer a todos los hombres.
(Historia de los mexicanos por sus pinturas.)


Conocido en distintas regiones de Mesoamérica como Cicemite, Chichimeque, Chichimicli, Chichinité, Sisemite, Sisemité, Sisimico, Sisimictli, Sisimique, Sisimita, Sisimito, Zizimico,  que proviene del náhuatl Tzitzimitl (plural, Tzitzimime, Tzizimimeh), es conceptuado como “Aparecido”, “Espanto”, “Fantasma”, “Duende”, “Demonio”, “Demonio del aire”, “Demonio celestial de la oscuridad”, “Monstruo que desciende de lo alto”, “Ser terrible” o“Espíritu maligno”. También: “Flecha o dardo que pica, que penetra”.


Inicialmente en la cosmogonía mesoamericana es una deidad cuyo génesis está estrechamente relacionado con la dimensión astral, especialmente con las estrellas que pueden ser vistas alrededor del sol durante un eclipse solar, a las que se interpretó como las tzitzimime atacándolo, lo que dio origen a la creencia de que tales seres descenderían para devorar a los hombres en medio de la oscurana. Igualmente se les temió durante los cinco días aciagos, llamados Nemontemi,  que cerraban el calendario, acrecentándose su temor ante la posibilidad de que no se pudiese encender el “Fuego Nuevo” durante el ceremonial que marcaba el inicio del nuevo siglo.

Fueron concebidas como figuras esqueletales femeninas que usaban falda con diseños de calaveras y huesos cruzados, con dentaduras en todas las articulaciones, a quienes se relacionó con otras deidades femeninas y con el culto a la fertilidad, y como tales se les reverenció por parte de parturientas y comadronas. Sin embargo en algunas pinturas también se les representa “con un falo en forma de una coleta”.

Eran “seres sin carne, sólo de hueso, que rodeaban sus cuellos y cabezas con corazones humanos y habitaban en el segundo cielo. Se les temía mucho porque se creía que en los eclipses de sol y al terminar uno de los ciclos de 52 años, el mundo acabaría con un terremoto y entonces las tzitzimime devorarían a los hombres. Además, bajaban a la Tierra, de cuando en cuando, sobre todo en el mes de quecholli,  para atemorizar a los humanos. "Posiblemente eran la personificación de las estrellas fugaces. También se dice que eran diosas de los aires y que traían los truenos y relámpagos y rodeaban a Huitzilopochtli. En una de las leyendas de la creación del pulque, las tzitzimime vivían en el cielo con Mayahuel, la que después se convirtió en el maguey”.  “La abuela de la diosa [Mayahuel]  era una tzitzimitl, es decir, un demonio celestial de la oscuridad”.

Las descripciones de la post conquista las conceptúan a menudo como “demonios” o “diablos”. Un antiguo texto “afirma que los habitantes del mundo no deben dejarse engañar por el mictlatzintzinmitli o sea el tzitzimil infernal. Se habla de este ser sobrenatural en tres obras antiguas: Molina (1571) define tzitzimitl como “nombre de demonio” Sahagún, al referirse a la ceremonia del Fuego Nuevo en la antigüedad afirma que la gente tenía miedo “que de arriba vendrían…”  En el Códice Aubin, folio 40 bajo la fecha de 1505 aparece el dibujo de un animal cornudo y peludo acompañado de la inscripción Nicantemoctzitzimitl(Aquí bajó el monstruo) Fray Bernardino de Sahagún, (Libro 7, fol.18, p.244 r.) al escribir acerca del ceremonial del “Fuego Nuevo” consigna que los antiguos mexicanos “tenjanestafabula, o creencia entre si: que si no se pudiesse sacar lumbre que abria fin, el linaje humano: y que aquella noche, y aquellas tinjeblas, seran perpetuas: y que el sol no tornaria a nacer, o salir, y que de arriba descenderían los tzitzjmitles, que eran unas figuras fierissimas y terribles, y que comeran a los hombres y mugeres.”  El fraile consigna: cenca nemauhtiloyamitoayaintlaquitlamiz in quiquatonatiuhquilmachçentlaiovazvaltemozque in ţiţimimetechquazque  (Había un gran temor. Fue dicho que si (la luna) terminaba comiendo al sol, así fue dicho, todo quedaría en la oscuridad; las tzitzimime descenderían aquí, ellas nos devorarían)”.  

En la mentalidad de los antiguos mesoamericanos, las “Tzitzimime eran unos poderosos demonios estelares que vivían en la oscuridad, tenían el poder de realizar  buenos o malos propósitos, tales como infligir una enfermedad de epilepsia o un edema a un desafortunado azteca, a la vez que podían curar a su vecino de una fiebre similar”. También bajaban eventualmente para atemorizar a los caminantes nocturnos.

En el entreverado panteón mesoamericano las deidades participan de características que muchas veces se traslapan o funden unas con otras dificultando su comprensión. Así, por ejemplo, “Cihuacóatl aparece a veces como una tzitzimitl, es decir un peligroso ser nocturno descarnado”.   También se les asoció con Tlaltecuhtli, Miquitlantecutli, Citlalinicue y las Cihuateteo.

Para los antiguos pobladores de  Mesoamérica, la deidad superiora de las tzitzimime era Itzpapalot, quien gobernaba en Tamoanchan, el paraíso donde residían las tzitzimime”.   “Dice Cecilia Klein que Coatlicue era también una tzitzimitl, es decir, una enemiga.” Y añade:

“Las tzitzimime hay que situarlas primero en el contexto del pensamiento dualista mesoamericano. Todas ellas son avatares o aspectos de la diosa Tierra, Tlalteotl o Tlaltecutli, que representa el lado oscuro, telúrico, acuático, lunar, femenino y más bien pasivo de las cosas, en oposición complementaria con lo luminoso, ígneo, solar, masculino, activo. […] En cuanto a los tzitzimime, parece que todos los dioses y hombres y mujeres que mueren heroicamente se vuelven tzitzimime durante la noche, incluso Huitzilopochtli”. Por su parte el fraile italiano Federico Lunardi, “uno de los más importantes estudiosos de la cultura hondureña, asociaba esta criatura al dios Chac de los mayas, “el que sostiene el cielo, el dios del agua”.

Como deidad Tzitzimitl carecía de semblante agradable; era concebido en múltiples aspectos o acompañado de asistentes: las tzizimime, quienes en cumplimiento de una antigua orden de Tlazolteotl (“Diosa del amor”, “Diosa de la suciedad”)  debían devorar a los hombres al final de los siglos. En su doble rol las tzitzimime fueron consideradas protectoras de las progenitoras de la humanidad, pero también representaron un poderoso peligro, especialmente en períodos de inestabilidad cósmica.

Objetivo principal de sus ataques eran los jóvenes y las mujeres preñadas, especialmente en días lluviosos. Su presencia se advertía muchas veces por el cascabelear de los caracoles que ornaban su falda. Por ello, aun actualmente como en los antiguos tiempos, en algunas regiones del área son muy temidas durante los eclipses, ocasión que según la creencia, aprovechan para descender a la Tierra, amparadas en las sombras.

Pero más allá de la concepción mítica del Tzitzimitl, los antiguos aztecas personificaron a esta deidad creando una orden militar así llamada, que junto con los Caballeros Águila y los Caballeros Jaguar, constituían las principales y más poderosas fuerzas del ejército mexicano prehispánico.

 “Los guerreros medían entre 1.60 metros y 1.65 de altura, eran jóvenes atletas que portaban dos tipos de escudo, según la ocasión, ya que unos eran utilizados en el combate y otros en los actos ceremoniales, […] utilizaban debajo de su atuendo una especie de prenda de protección, llamado ichcahuipilli —lo que ahora podría considerarse un chaleco antibalas.

Cuando un hombre se vestía para la guerra, lo hacía según su jerarquía y adquiría el poder del traje que utilizaba, ya fuera jaguar, águila o tzitzimitl”.  “Cinco capturas dan derecho al guerrero a llevar un escudo especial adornado con la piel de un águila mientras que los soldados de más rango jerárquico fueron premiados con un tlahuiztli amarillo y un casco tallado en forma de un león montañés y otras figuras eran llevadas en el casco entre ellas la de un demonio del aire conocido como un tzitzimitl.”   La función de un guerrero tzitzimitlera “someter a los pueblos para obtener su tributo”.

El ámbito geográfico de este mito se extiende más allá del área mesoamericana, ya que aunque con distintos nombres pero con similares características, sus huellas se encuentran desde Campeche, Quintana Roo, la mayor parte de Tabasco, Chiapas y el istmo de Tehuantepec en México ( “El Peludo”, “El Salvaje”), Belice, donde lo conocen también los garífunas (“Sisimidy”, “Sisimito), Guatemala, El Salvador, Honduras (“Sisimite-há”, “Itacayo”, “Itahacayo”, “Litacayo”), Nicaragua (“Sisimique”, “El Viejo del monte”), Costa Rica y Panamá, hasta países más australes como Argentina (“Ucur”), Paraguay (“Ao Ao”), Perú, Ecuador, Colombia, Brasil (“King Kong”, “Mapinguari”, de Araguaya, Mato Grosso), Venezuela, Guayana y otros. En algunos lugares se le conoce también como "El hombre oso".

En latitudes más septentrionales el mito se repite con similares características tanto en diversos lugares de los Estados Unidos como de Canadá, donde es conocido como “Big Foot” (“Pie grande”) y “Sasqwatch” (“Hombre salvaje”), respectivamente. Pero más allá del ámbito continental el mito está presente en diversos lugares de África donde se le conoce como “Almas” y en otros de Asia como “Yeti”, “Hombre salvaje de Hubei”, etc.

En muchos de los lugares mesoamericanos el vocablo, con distintas variantes, es topónimo de ríos, cerros, barrancas, cuevas y aldeas de poblantes aztecas, nahuas, kekchíes, chortíes, achíes y de otras etnias a lo largo del continente, que concibieron la existencia de este ser de naturaleza espiritual y lo transformaron, con el correr del tiempo y por diversas causas que deben investigarse, en un personaje corporizado a la manera de un simio gigantesco, o simplemente como un personaje que se manifiesta en una dualidad oscilante entre valores positivos y negativos, y entre tal gigantismo y el enanismo.

Mientras para unos se trataba de un poderoso “Guardián del bosque”, señor de cerros y barrancas, a donde acudía para meditar y disfrutar las bellezas del paisaje y los atardeceres, amo y protector de la fauna y del bosque, para otros era un raptor y asesino de hombres, por lo que sus “avistamientos” y, peor, sus infortunados encuentros eran temidos y evitados, por considerársele un peligroso animal sobrenatural que podría hacer enfermar terriblemente con fiebre, depresión, parálisis, mudez, locura y hasta llevar a la muerte a cualquiera que le hubiese visto.

Otras concepciones contrapuestas lo asocian con el llamado “duende”, pequeña y joven figura humana poseedora de poderes mágicos, algunas veces malévolos: también relacionado con las montañas. Así, en Belice se habla del “Chol Gwink” (“Gente pequeña), y en Guatemala del barrigudo “Sombrerón”: “Caitox,  decía mi abuela, aunque otros le llaman Zizimite. / – El Zizimite es el diablo… / – Es un diablo de los montes, pequeño, burlón, trabajoso…” como lo retrata el escritor guatemalteco, Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias en su novela El Papa Verde.  

En algunas regiones de El Salvador se le asocia con el “Cipitío”, que igualmente es descrito como un ser que tiene los pies tornados hacia atrás y se alimenta con cáscaras (de majoncho) y ceniza que saquea por las noches de las cocinas indígenas y campesinas, y es en el panteón cuscatleco una deidad relacionada con el agua, tanto como el Sisimite, a quien también se le vincula con tal elemento, ya como aliado suyo o como oponente.

En este caso el “Sisimite” es visto como un humanoide simiesco de pequeña estatura, pero a diferencia del “Cipitío” -burlesco, juguetón, cortejador de jovencitas, a las que trata de seducir silbándoles o lanzándoles piedrecitas o flores- es un violento raptador de mujeres: “es muy enamorado, dicen que si encuentra a una muchacha que le guste, se la lleva y se pierde para no volver jamás”.

Algunas versiones afirman que esta feroz criatura no ataca durante los meses sin lluvia, cuando la tierra está seca, y tampoco a la luz del día, sino sólo en plena oscuridad; también al finalizar el siglo de cincuenta y dos años. En sentido contrario otros afirman que era temeroso del agua y de los perros y que ataca en plenilunios, y aún a pleno día.

Aunque al presente en nuestro medio los rasgos físicos del Sisimite prácticamente se han desvanecido de la memoria colectiva y es descrito tan sólo como un indefinido gigante, de hasta ocho pies de estatura, o un enano capaz de camuflarse en un maizal, en algunos relatos mesoamericanos se le retrata como “un animal de pelo café oscuro, corto pero espeso, o como un hombre salvaje, de largos brazos y manos enormes.

Las huellas que dejaba [de sus pisadas] eran dos veces más grande que las de un ser humano. Tenía el cuello muy corto, casi no se notaba, orejas cortas y ojos pequeños, situados en una cara sin hocico”. Otros hablan de “su rostro con ojos negros feroces y redondos, lleno de pelos por todos lados, melena larga, garra de leopardo y dientes y colmillos grandes que salían de su boca grande con labios gruesos. Era gris oscuro”. Por otro lado se dice que era un gigante ciclópeo. También es retratado como “una especie de gorila con cabeza muy parecida a [la de] un ser humano con abundante pelo” que proporcionaba blindaje a su cuerpo, incluso, contra las balas.

Quienes aseguran haberlo visto destacan de él su musculosa apariencia y gran fortaleza, así como la emisión de fuertes y terroríficos alaridos o gruñidos que pueden escucharse a gran distancia, llamados “marikonet” por los indígenas chortíes guatemaltecos que los comparan con los del mono aullador. Algunos informantes que dicen haberlo visto, aseguran que “tiene la capacidad de hablar [y que] lo hace en maya”. Otros, contrariamente, niegan su facultad vocalizadora.

Otro rasgo distintivo es que sus pies, tornados hacia atrás, tenían sólo cuatro dedos, prensiles según algunos, por lo que aquellos osados que alguna vez se atrevieron a seguir sus huellas fueron siempre en sentido contrario. En otras descripciones se habla del híbrido de un humano con gorila, un personaje con apariencia simiesca o un humano con cara de simio.

Habitante de umbríos bosques, el Sisimite vivía preferentemente solo, pero podía compartir su entorno con otro espécimen de su mismo sexo o del opuesto: la Sisimita; o con otros muchos congéneres. Su hábitat eran las inaccesibles barrancas, cuevas, precipicios, ríos, cerros y hasta, se dice, incursionaba aldeas para raptar a niños mal portados y a mujeres (hombres, si se trataba de la Sisimita) y los llevaban a sus cuevas. "Se dice que de esta unión nacieron hombres-simio. Aún se comenta en los pueblos de las montañas la historia de una mujer que logró huir del escondite donde vivía con un Sisimite. Según cuentan, la criatura la persiguió cargando con los tres hijos que habían tenido en común y enseñándoselos a la madre. Ésta logró cruzar un río mientras la bestia, desde la otra orilla, le mostraba a los pequeños para atraerla. Al parecer, los intentos del Sisimite no surtieron efecto, de modo que, enfurecido, arrojó a los niños al agua y perecieron ahogados.”

Su alimentación consistía de frutos silvestres, hojas, cáscaras y ceniza que obtenía de los incendios forestales: “se le ha visto después de una quema, ya que al parecer le agrada comer ceniza caliente y oler los troncos de los árboles recién quemados”; o de las cocinas de los poblados que incursionaba, aunque se dice que también era carnívoro y que apedreaba y correteaba a los intrépidos que se atrevían traspasar sus dominios, principalmente durante altas horas de la noche, y devoraba gustosamente a quienes daba alcance.

Con el afán de explicar los fenómenos naturales y sobrenaturales que inquietaron su pensamiento, los antiguos habitantes del área se respondieron construyendo distintos sistemas de creencias. Así, algunos afirman que “la leyenda del Sisimite apareció en Centro América, fundamentalmente en tierras altas de Guatemala, Honduras y Belice, donde se le concebía como un monstruo que vivía en cuevas profundas. Los campesinos forestales que se dedicaban al corte de maderas y la extracción del chicle, fueron quienes seguramente dispersaron la tesis del Sisimite”.

Por otro lado, en las islas del archipiélago de Solentiname, en Nicaragua, afirma la leyenda que el “Sisimite”, “Sisimico”, “Sisimique” o “El Viejo del monte”  era un cazador implacable que, sin necesidad, mataba cualquier animal y lo abandonaba para que se pudriera. Para castigarlo y enseñarle a proteger la naturaleza fue convertido en un personaje simiesco que ahora defiende ferozmente la abundante vida silvestre contra cualquier cazador furtivo.


De espíritu celestial a gigante terrenal.

-Mi Señor –dijo Cacombo-, te asombras por todo. En algunos países, tal vez los monos pueden conseguir favores de las damas. Ellos son cuarterones de hombre, igual como yo lo soy de españoles.
Cándido o El optimismo
Voltaire.

 

El “Itacayo” o “Sisimite”, “Sisimico” como más comúnmente es reconocido este personaje en nuestro medio, ha sufrido profundas mutaciones en la manera de concebírsele a lo largo del tiempo, cuyas causas sólo pueden explicarse apoyándonos en la especulación.


Cómo y por qué se transformó el Tzitzimitl desde un origen cosmogónico en que se le atribuyó la calidad de divinidad celestial, asociada ciertamente con lo nefasto, a ser “nombre de demonio” o “diablo”, y se le adjudicó el sentido de la maldad en la acepción judeo-cristiana, puede explicarse por la acción doctrinal y evangelizadora de la Iglesia católica, desde sus primeros contactos con las culturas prehispánicas, en su afán de erradicar las creencias que le pareció heréticas y diabólicas para implantar su fe cristiana y facilitar el coloniaje. Hasta aquí, sin embargo, aparece el Tzitzimitl como una entidad espiritual.

Pero, ¿cómo y desde cuándo es que las más antiguas relaciones de “avistamientos” de este ser lo refieren como una figura simiesca y gigantesca, o bien como un homúnculo de horrible aspecto, cubierto su cuerpo con pelo que cae hasta sus rodillas o el suelo, vinculado por algunos informantes de distintas zonas de nuestro país, con el  “Duende” o con el “Cipitío?

La respuesta igualmente sólo puede ser especulativa. En el proceso mixtificador de nuestras culturas se trasplantó e impuso desde España, principalmente, pero también desde otras latitudes, muchos elementos míticos, legendarios y folklóricos que aun al presente se manifiestan en diversas expresiones de nuestra “cuscayotl”, “cuscatlanía” o “salvadoreñidad”.  

Entre el repertorio legendario español que atravesó el Océano Atlántico en el cofre de los recuerdos de los descubridores, conquistadores, colonizadores, exploradores y viajeros que a bordo de carabelas y bergantines llegaron a nuestro continente desde 1492, viajó la leyenda española de “Juan El Oso”, engendro de un oso con una mujer que éste raptara, y se adaptó con variantes en distintos países hispanoamericanos, principalmente en los andinos.

Es dable pensar que la personificación y agigantamiento del Tzitzimitl puede tener arraigo en la narrativa oral traída por los españoles quienes, a su vez, pudieron asimilarla del Norte europeo como la leyenda del Ogro, un gigante carnívoro; o de más allá: de la antigua Grecia, en la persona de Hércules, el fortísimo héroe, y en otros gigantes legendarios.

O bien su “gorilización” pudo provenir de los labios de los millones de africanos esclavizados arrancados de su suelo para forzárseles a trabajar y morir en estas tierras durante el coloniaje español, quienes habrían narrado viejas consejas que presentaban a gorilas como protagonistas.
En nuestro caso nos aventuramos a pensar que la transformación conceptual de una entidad espiritual, el Tzitzimitl, a una terrenal de gigantesca o pequeña estatura puede explicarse a partir de un problema semántico y, a la vez, fonológico ocurrido en aquellas primeras etapas del mestizaje de las culturas transatlánticas con las autóctonas cuando nuestros antepasados escuchaban las narraciones con que se entretenían aquellos primeros europeos y africanos que vinieron a estas tierras.

Resulta que en el acervo lexical de los pasados pobladores de los pueblos mesoamericanos, no existía el referente “oso” (del latín ursus),  un “mamífero carnívoro plantígrado, que llega a tener un metro de altura en la cruz y metro y medio desde la punta del hocico hasta la cola, de pelaje pardo, cabeza grande, ojos pequeños, extremidades fuertes y gruesas, con garras, y cola muy corta. Vive en los montes boscosos y se alimenta con preferencia de vegetales”.

Sin embargo la región fue en tiempos prehistóricos hábitat y lugar de tránsito e intercambio de una variada fauna migrante vinculada en muchos aspectos con su cosmogonía, entre ellos ozomatli: el mono, que para los nahuas representaba el “undécimo signo del ciclo de 260 días o tonalpohualli. […] Era un buen signo y los que nacían en él se caracterizaban por ser amigables y por inclinarse a la música y a los oficios mecánicos. En ese día descendían las diosas Cihuateteo para traer enfermedades a los niños; quien se enfermaba en este día estaba desahuciado”.  Entonces, pensamos, pudo haber ocurrido que en aquella primera etapa nuestros ancestros asimilaran el referente oso al apócope del vocablo ozo[matli] y se representara al oso (Ursus (Euarctos) americanus) como un mono gigantesco. Considérese que, como el “Sisimite”, el oso es una especie de carácter solitario, está muy vinculado con los árboles y ataca a cualquier animal que se aproxime demasiado y es capaz de correr a gran velocidad.

A despecho de la mayoría de antropólogos y de quienes consideran que el “Sisimite” es solamente una criatura mitológica o un personaje del folklore, comparable con los ghosts, goblins, wraiths y dwarfts europeos, nos parece plausible considerar la idea de que su génesis, a pesar de que en ninguna versión revisada se le menciona, pudo haber ocurrido en nuestro país, a partir de un hallazgo fortuito ocurrido en la “Barranca del Sisimico”, en el municipio de Apastepeque, y la región montañosa ubicada entre San Sebastián y San Vicente, en la parte occidental del Volcán Chinchontepec, departamento de San Vicente, zona para central de El Salvador.

En primer lugar consideremos el escenario geográfico, paleontológico, arqueológico y ecológico que presenta dicha quiebra geológica. De más hablar de las anfractuosidades que dificultan su acceso, el sombrío cañón por el que discurren aturquesadas aguas, las altas paredes verticales que entre distintos estratos de minerales multicolor encierran secretos todavía ocultos para la investigación científica, la exuberante vegetación que retiene la luz solar y flanquea la vaguada que se orienta hacia el Sur, y la variada fauna de sus confines. Todo, en su conjunto, propicia las condiciones para la génesis del mito del “Sisimite”.

Aunemos a lo anterior la ficción de un hecho que pudo ser casual: En un tiempo del que nadie tiene memoria, un antepasado nuestro vagaba quebrada arriba hasta llegar al sitio donde la caída de las aguas, desde una altura aproximada de 12 metros forman la poza llamada “La tienda”, cuyo costado Norte es una pared formada por la acumulación de diversas capas de material eruptivo volcánico que aprisionó en sus entrañas, por efectos tectónicos y aluviales, múltiples y variadas especies de organismos vivos que van desde helechos hasta mastodontes.

Imaginemos que durante su excursión aquel hombre encontró casualmente un fémur o cualquier otro hueso gigantesco fosilizado, de los muchos que se encuentran registrados científicamente en algunos museos nacionales y de otros países, o solamente referenciados como el de un mastodonte que se dice fue donado al Museo del Vaticano, a mediados del siglo XX. Al verlo e ignorar la remota extinción de aquellos grandes saurios y mamíferos, pensamos, no pudo, aquel hombre, menos que explicarse las dimensiones de aquella pieza ósea como perteneciente a un ser de gigantescas proporciones. Debió difundir la noticia del hallazgo entre su comunidad. Observaron aquellos restos y concordaron en que se trataba de un gigante, al que se le confirió con el devenir generacional algunos atributos físicos y sobrenaturales, entre otros, su simiesco aspecto y la misión de mantener la guardianía del lugar y de los animales que allí habitaban.


En resumen

Sisimite, Sisimico o Itacayo son los nombres que identifican entre algunos salvadoreños a un personaje mitológico, cuya génesis se pierde en los tiempos más antiguos. Ejemplo del fenómeno de desmemorización colectiva, al presente apenas se esboza su perfil físico, retratándosele bien como un humano o un simio gigantesco, o en contraposición,  como un grotesco humanoide de pequeña estatura que comparte ciertas características con el Cipitío, tales como su hábito alimenticio, consistente en frutos, cáscaras y ceniza.


De igual manera, ambos comparten su afición por las mujeres, diferenciándose al respecto en que mientras el Cipitío, es un afable cortejador de muchachas, el Sisimite es un violento enamorado que no escatima oportunidad para raptarlas y mantenerlas encerradas en su guarida y engendrar de su relación con ellas  una especie de “hombres-simio”.

Su etimología se origina del vocablo náhuatl tzitzimitl (sisimi, sisimite, zizimi, zizimit, zizimite) traducido como “duende”, “fantasma”, “demonio”, “aparecido”, “espíritu maligno”. Se trata, en la explicación cosmogónica de los antiguos pueblos mesoamericanos, de una deidad relacionada con el orden estelar, concebida en múltiples aspectos. Era asistida por las tzitzimime, encargadas de devorar al sol durante los eclipses y a los hombres durante tales eventos, y al final de cada siglo de cincuenta y dos años.

El ámbito geográfico del Sisimite rebasa lo meramente mesoamericano y se le encuentra, con variantes, a lo largo de todo el continente americano y otros lugares del mundo: “AoAo”, “Big Foot”, “Chuchuna”, “Kikomba”,  “King Kong”, “Meh-Teh”, “Momo”, “Raksha”, “Sasqwatch”, “Yeti”, “Yowie”, “Abominable Hombre de las Nieves”, “Bestia del Himalaya”, “El salvaje de Hubei”, “El Gran Oso”, etc.

En nuestro país la pervivencia de este mito es rememorada escuetamente por pocos informantes, preponderantemente de mayor edad, sin aportar más descripción que su gigantez o su enanismo simiesco, que lejanamente evoca la figura de un mono o de un homúnculo, con algunas características que lo sitúan como un personaje ambivalente entre valores positivos, como ser un celoso protector de la fauna y flora; y negativos como su afición a raptar mujeres, que engendran de él criaturas híbridas de simio y humano, a quienes es capaz de asesinar, tanto como a cualquier hombre que sorprende en su bosque, a quien devora gustosamente.

Responder a las causas por las que el mito del Sisimite, concebido como un ser sobrenatural de grandes o pequeñas proporciones, mutó desde su representación como una deidad del panteón mesoamericano vinculada con el culto a las estrellas, hasta avistársele como un simio o un híbrido de su relación con una mujer, sólo es posible sumergiéndonos en las oscuridades de la especulación.

Creemos, sin embargo, que en ello debe considerarse la acción de los primeros españoles que combatieron todo el sistema ideológico de los prehispánicos imponiendo sus propios patrones, de lo que resultara la gran fusión cultural que erradicó, o transformó muchos aspectos de la vida de nuestros antepasados, entre otros, el sistema cosmogónico, expresado en la historia, tradiciones, folklore, mitos y leyendas.  El Sisimite, pudo ser asimilado en aquellas primeras etapas del contacto con los españoles, con las narraciones de gigantes y gorilas trasplantadas desde Europa, África y Asia.

Igualmente pensamos que el debilitamiento y casi desvanecimiento del mito en nuestro país se debe, no únicamente a la misión evangelizadora de la iglesia católica española que satanizó desde el inicio mismo de la conquista y colonización, todas aquellas  cosmovisiones, sino también a otros muchos factores en los que habrá que profundizar. Debe considerarse, asimismo, que a lo largo de la llamada vida independiente y republicana de El Salvador, se forjó un ideal cosmopolita que estimuló y reforzó el gusto por lo extranjerizante y el desprecio y rechazo de los valores culturales autóctonos, que perduran actualmente.

Más aún, durante la época moderna y actual los medios de comunicación  y el fenómeno de la globalización mundial han jugado un rol importante en el desvanecimiento del pensamiento mitológico mesoamericano y, en nuestro caso, nahua pipil nonualca. A su vez son responsables de la implantación de valores, tipos, arquetipos y prototipos extraños a nuestra idiosincrasia.

Aunque en la actualidad el mito del Sisimite está muy debilitado, creemos que  su presencia debió ser fuerte en tiempos pretéritos, a juzgar por las huellas que dejara en diversos puntos de la geografía nacional; los topónimos emparentados con el tzitzimitl distribuidos en varios de los actuales departamentos salvadoreños, así lo atestiguan.


El Sisimite en la Montaña Tatascame

Yo camino cuidando no tocar la zarza y el minúsculo follaje, sin tocar la flor maravilla que se despierta presta a reverenciar al sol. En el polvo quedan mis huellas, junto con las huellas de los tigrillos. He dejado la morada que me alberga en las madrugadas, anchas ramas de amate donde reposo al regresar de las valladas nocturnas, al regresar de los huertos donde las doncellas salen a contemplar la luna llena y escuchar mi silbo amoroso. Las doncellas saben que soy El Sisimite,  el duende dulce del amor.

Encantadas las doncellas me piden que susurre a sus oídos mis versos de amor. Miro entonces en sus ojos la ternura. Y la sonrisa tierna de las doncellas me conmueve. En tal momento se revuelve su perfume femenino, ellas se miran en mis ojos, yo me veo en los suyos. Es el momento cuando florece el árbol de fuego. Canta el tecolote y debo partir. El amor ya se ha despertado en la doncella.

Perlas de rocío se esparcen de la hoja y salpican mi rostro, mi huipil se humedece. Con la brisa se revuelve el aroma verde de la foresta, el murmullo de los grillos y las cigarras componen una melodía y cercano hay un trinar de chichigüiteros. Sobre una rama de shilo cantan las cherecas, mientras los chocoyos salen del talchinol en jugueteos. Regresan los cusucos y las zarigüeyas de su andar nocturno, entre chichipinces saltan los conejos, sobre una peña un tepezcuintle espera el paso de un animalejo.

Atrás queda la arboleda de tatascame, la montaña con su rumor y su pajarera, y tantos escarabajos turquesa, de ámbar y obsidiana. Entre zacataleras pastan venados, y allí cruzan los senderos de los labradores. Por fin la vaguada y el río a la sombra de los conacastes, la poza con las flores de maquilishuat.

Dejo mi huipil, mi refajo, mis sandalias y mi morral en una peña. En el espejo de la poza miro mi rostro sin edad, mi cuerpo como la vainilla del malinche, mi piel chocolatada. El agua me recibe fresca, aromada de maquilishuat. Dejo mi cuerpo flotar, mientras miro entre ramajes pasar las nubes.


Cuando el sol se levante partiré a la vallada, donde las doncellas tienen sus industrias de barro, sus telares y las mesas de ornamento. Silbaré mi tonada de amor, y ellas entenderán que El Sisimite las visita.  


Publicado por Mazatl ,en: http://nerioswiss.blogspot.com/2008/b04/el-sisimite-en-la-montaa-tatascame.html


El Sisimite

-El Sisimite le salía a los hombres que les gusta la bebida… Si una  joven estaba enamorada de un joven, le salía el duende…

Una vez un muchacho salió a la una de la mañana;  trabajaba cortando caña. Y dijo él: “Bueno ya amaneció, me voy a ir”.

De aquí  salía un ruido. Aquí se oye ruido el día jueves, miércoles... Se oye que se dan chupe, pata, y se oye que aran en este cerro…

A pues, aquí es donde vive el Sisimite. Es chiquito y sombrerudo  Y de ahí, como aquí…, aquí está el potrero, [que] tenia…, tiene, porque aquí hay bastante ganado.

A mí me contaron unas señoras… Recuerdo que decían que [una de] ellas vio [uno] subido en un árbol y le hacía ojitos…

Le salía a los señores que salían de madrugada. Esa vez mi cuñado salió a pie… El [Sisimite] chiquitillo y [con] gran sombrero.

-¿Para dónde vas?, le dijo.

-A trabajar,  le contestó.

-A pues, te voy a acompañar.

Y por ahí se perdió cuando vio a los ganados.


N.N.
Nahuizalco, 2011


El Sisimite o la Sisimita

Tienen un perfil mucho más difícil de trazar que otros seres. En ocasiones se identifica con el duende o el diablo:


“El Sisimite, el Dueño de la noche dicen que sale de los zanjones… Se lo comen a uno, dicen. El duende, dicen que en un parto, nace con el deseo de quiera ser dueño de animales, por ejemplo de animales de res, les sale el duende y les habla claramente y si tiene miedo se los come, se enferman y mueren…”  (Doña Felícita. Jocotán).


En otras ocasiones se afirma que come ceniza como el Sipitío.


“Sisimite, dicen que comen ceniza, dicen que se bañan en la ceniza también, comen eso, pero yo oiba contar a mi papá que el Sisimite aprovecha… dicen que existen, yo no le he visto… aquí en estos lugares que no hay montaña no se ve, nos dicen que sí existen en algunas. Un señor me contó que en una casa estaban haciendo tamales, y que había música, había chicha y que todos los vecinos estaban en esa fiesta y una señora dejó a su niño en la casa y se fue a ayudar  las demás mujeres para arreglar los tamales pero cuando regresó estaba desaparecida la muchacha, y dice que inmediatamente buscaron pero no está, luego oyeron un grito cerca que lloró la muchachita en un monte cerca, toda la gente se alborotó… se regaron dentro del monte y la muchachita medio contestó y la fueron a encontrar dentro de un monte, en un zanjón, bien raspada, como que alguien lo pellizcó, estaba ahí tirada, le preguntaron cómo había llegado hasta allí y dijo que una mujer la había llevado, entonces dijeron que era Sisimita; la llevaron a la casa pero no habló, se quedó muda. Le hicieron remedio y volvió el habla. Por eso aquí no dejan la casa nunca sola, si hay niños pior, en la noche no se puede quedar nadie solo, niños no los dejan solos”.


Tomado de: file:///C:/Documents%20and%20Settings/Administrador/Mis%20documentos/TECOLUCA/SISIMITE/Sisimita%20S%C3%ADmbolos%20en%20la%20comida%20ind%C3%ADgena%20...%20-%20Google%20Libros.htm#v=onepage&;q=sisimite&f=false

 

El Sisimito


El mes de noviembre ha terminado y con él las leyendas de “Las ánimas” o los espíritus de los muertos. Pero no son ésas todas las historias de fantasmas. Todavía persiste la versión popular de El Sisimito, que era muy común hace unos veinticinco años.


El Sisimito fue caracterizado como un peludo hombre pequeño aunque muy fuerte que lucía como gorila. Se decía que tenía los pies tornados hacia atrás, con los talones al frente y los dedos para atrás. Por eso a cualquiera que vea sus huellas le parecerá que se alejan o conducen al Norte en vez de ir al Sur. Sus pies, con los dedos bastante extendidos, eran demasiado grandes para su tamaño. Tampoco tenía rodillas por lo que sus movimientos eran embarazosos.


El Sisimito comía hojas y frutos, pero su preferencia fue la carne. Cuando se festejaba con seres humanos, partía el cuerpo en varios pedacitos y los devoraba vorazmente. Tampoco era muy amigable con los humanos por lo que éstos le temían. Solamente a dos cosas temía el Sisimito: al agua y a los perros. Hace unos veinticinco años la gente que se introducía al bosque se aseguraba de caminar suficientemente cerca del río, de manera que si el Sisimito los sorprendía podrían saltar rápidamente al agua y él no se atrevería a cazarlos. Otros se aseguraban de acompañarse siempre por un perro cuyos ladridos lo espantaban.


Se decía que si un hombre miraba directamente a los ojos del Sisimico, usualmente moría en término de un mes.  Sin embargo si era mujer,  su vida se prolongaría como resultado de ese encuentro.  También se creía que existían Sisimitos y Sisimitas. El macho era capaz de matar a un hombre pero raptaría a una mujer. Igualmente la Sisimita mataría a una mujer pero raptaría a un hombre.

Hace veinticinco años varios hombres y jóvenes confrontaron al Sisimito en San Pedro. Don Fidel lo vio una vez y lo engañó al correr en círculos por lo que no pudo cazarlo ya que sus pies están arrevesados y se le dificulta correr de esa manera.

El joven Alberto Cuch también tuvo un encuentro con él, pero debido a que iba saliendo desnudo del agua, el Sisimito comenzó a reír incontrolablemente hasta caer inconsciente. El truco funcionó bien y los demás aprendieron a viajar desnudos y a bailar cuando se encontraban con el Sisimito.

Pero quizás la mejor manera de enfrentar al Sisimito es quemarle su pelo largo, de manera que hace veinticinco años los niños eran aconsejados de no entrar al bosque sin llevar algunos fósforos que podrían usar en caso de encontrarse con él.
Ángel Núñez "El Sisimito"- San Pedro Folklore, [Trad. Joaquín Meza]  
en:  http://ambergriscaye.com/25years/elsisimito.html


Honduras: Seres mitológicos de la geografía hondureña

La mayor parte de los seres mitológicos que subsisten en la conciencia colectiva mesoamericana, sobre todo en las zonas rurales y más distantes de la vida urbana, son remanentes de la tradición oral de las culturas prehispánicas.

Por eso estos seres presentan enormes semejanzas entre una región y otra del territorio centroamericano. Pero -como decía Salarrué-, Honduras es honda en el silencio de su montaña… Honduras es honda en el misterio…

»»El Sisimite o Itacayo recorre el territorio.- En los pueblos de la costa atlántica hondureña, por ejemplo en La Unión, en las proximidades de La Ceiba, todavía se cuentan las travesuras del Sisimiteo Itacayo, un gigantesco ser de apariencia humana cubierto de pelambre en todo su cuerpo y con los pies al revés, del que se afirma haberlo visto merodeando las montañas y ríos en busca de frutos para alimentarse y que cuando se encuentra con una mujer no vacila en secuestrarla para llevársela a su cueva, presumiblemente para aparearse, y de cuyo cruce han nacido criaturas con apariencia simiesca.

Sin embargo, hay quienes sostienen haberlo visto en pareja, lo que significa que en las montañas hondureñas existen varios sisimites que atemorizan a quienes tienen la osadía de invadir su territorio.

»»Entre las cenizas rondan los cipes.- Curiosamente, mucha gente asegura que los sisimites se extinguieron desde principios del siglo XX, y que actualmente sólo recorren la campiña otros seres igualmente fantásticos: los cipes. En la región de Nacaome, departamento de Valle, que limita con El Salvador, abundan los relatos que nos hablan de los cipes, seres antropomorfos y diminutos de largas barbas, negritos como el carbón, y desnudos.

Aunque también se alimentan de frutas y pequeños animales, estas criaturas apetecen las cenizas y por eso se les suele ver después de la quema de breñales incluso invadiendo las cocinas y hornos de los hogares hondureños. Según afirma la tradición oral, quien se encuentra con un cipe, es mejor que huya rápidamente porque son furiosos y agresivos y atacan a las personas hasta darle muerte.


Tomado de: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


El Sisimite, la niña y el caballito

La mamá mandó a su hija Carolina a bañarse al río.


Un sisimite la encontró y se la llevó a su cueva. Le dio una llave de donde estaba guardada la comida, pero le prohibió que abriera unas puertas y se fue.


Carolina abrió las puertas, y encontró mucho oro y un caballito. Recogió todo el oro que pudo y se montó en el caballito para escapar de la cueva.


El sisimite los persiguió, pero el caballito empezó a volar y lograron escapar.


Delia María Fajardo
Etnia Tawahka, Honduras

Tomado de Héctor Leiva. Literatura y Tradición Oral Tawahkas. 1ª ed., Tegucigalpa, 2000
en: https://www.educacion.gob.es/teseo/imprimirFicheroTesis.do?fichero=13304

 

 


 Juan Carlos Cisneros.New Pleistocenevertebrate fauna from El Salvador. [trad. Joaquín Meza], en: http://www.sbpbrasil.org/revista/edicoes/8_3/cisneros.pdf
 Cfr. en: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:YtvhmKEvS7cJ:tursanvicente.blogspot.com/+sisimico&cd=822&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
 cfr.en: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:kTUwxdGF7IkJ:chajaso.bravehost.com/chajazo_webs/fundador.htm+dar%C3%ADo+gonz%C3%A1lez+sisimico&cd=3&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
  cfr. en: http://vmvdu.mop.gob.sv/website/documentos/Nacional/Textos/%C3%81reas%20Naturales/COMPLEJO%20LA%20JOYA%20-%20SISIMICO_TXT.pdf
  El informante José Frank Meléndez, empleado de un proyecto hidráulico que aún se conserva con respecto al río, dijo que un vecino confesó conocer un lugar adyacente donde puede obtenerse “camionadas” (¡!), de fósiles, pero que no lo revela.
 Cfr. en: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:YtvhmKEvS7cJ:tursanvicente.blogspot.com/+sisimico&cd=822&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
  Ídem.
 Cfr. en: http://vmvdu.mop.gob.sv/website/documentos/Nacional/Textos/%C3%81reas%20Naturales/COMPLEJO%20LA%20JOYA%20-%20SISIMICO_TXT.pdf
  Ibídem.
  Juan Carlos Cisneros. New Pleistocenevertebrate fauna from El Salvador. [trad. Joaquín Meza], en: http://www.sbpbrasil.org/revista/edicoes/8_3/cisneros.pdf
  Ídem.
  Cfr. en:chttp://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:j55WcdVltGEJ:www.vicentinosonline.com/viewtopic.php%3Ft%3D1677%26sid%3Dc35acd768c1eb789519b28380afd7993+todos+estos+huesos+y+f%C3%B3siles&cd=9&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
 Cfr. en: http://www.vicentinosonline.com/viewtopic.php?t=6176&sid=9e34558884cb8232c17fadf6974e64bb




  Cfr.  http://archive.laprensa.com.sv/19991213/departamentos/pais4.asp

 Joaquín Meza. Diccionario toponímico de El Salvador, 2011.
  “Eran los últimos cinco días del calendario solar o xiuhuitl. No estaban dedicados a ningún dios, se les consideraba como sobrantes (20 x 18 = 360 + 5) y nefastos. Los que nacían en estos días serían desafortunados” (Yolotl González Torres. Diccionario de mitología y religión de Mesoamérica, 1ª ed., Larousse, México, 1999; p. 126)
  “Décimo cuarto mes del calendario, que corresponde al mes de noviembre. Se celebraban principalmente los dioses de la caza. Se sacrificaban imágenes vivientes de todos estos dioses”. (Ídem, p. 144)
  Íd., p. 189.
  Cfr. en:http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:5zHO0faXKzgJ:www.historiacocina.com/paises/articulos/pulque.html+tzitzimitl+sahag%C3%BAn&cd=6&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
20 Miguel León PortillaTeatro náhuatl : Épocas novohispana y moderna, en:
http://books.google.com.sv/books?id=HK49frtE3wgC&pg=PA49&lpg=PA49&dq=En+el+C%C3%B3dice+Aubin,+folio+40+bajo+la+fecha+de+1505+aparece+el+dibujo+de+un+animal+cornudo+y+peludo+acompa%C3%B1ado+de+la+inscripci%C3%B3n+Nican+temoc+tzitzimitl&source=bl&ots=K7qfUL1b31&sig=XUyOsnZ3cFUTgEJzoCFqSlBa224&hl=es&ei=sZUdTuaeCc2n0AHhlui9Bw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CBUQ6AEwAA#v=onepage&q=En%20el%20C%C3%B3dice%20Aubin%2C%20folio%2040%20bajo%20la%20fecha%20de%201505%20aparece%20el%20dibujo%20de%20un%20animal%20cornudo%20y%20peludo%20acompa%C3%B1ado%20de%20la%20inscripci%C3%B3n%20Nican%20temoc%20tzitzimitl&f=false
 Cfr. http://books.google.com/books?id=mF_mmY3HEXoC&pg=PA333&lpg=PA333&dq=tzitzimitl+sahag%C3%BAn&source=bl&ots=gromxgB1N9&sig=t1D6NEM6X4Rk4aIU7PsYG69L1kk&hl=es&ei=orMRTq7iDcbh0QGa0Jz_DQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=4&ved=0CC0Q6AEwAw#v=onepage&q&f=false
  Cfr. en: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:9BeWvIFzhOYJ:en.wikipedia.org/wiki/Tzitzimitl+The+Tzitzimimeh+were+female+deities,+and+as+such+related+to+fertility,&cd=1&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
   Cfr. en: http://www.mexicolore.co.uk/?one=azt&two=god&tab=two&id=373&kidsho=1  [Trad. J. M.]
 Michel Graulich. Más sobre la Coyolxauhqui y las mujeres desnudas de Tlatelolco, en: http://www.ejournal.unam.mx/ecn/ecnahuatl31/ECN03104.pdf
 Cfr. http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:9BeWvIFzhOYJ:en.wikipedia.org/wiki/Tzitzimitl+The+Tzitzimimeh+were+female+deities,+and+as+such+related+to+fertility,&cd=1&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com [Trad. J. M.]
  Ídem.
  Cfr. en: http://www.paranormal.com.ar/forum/archive/index.php/t-10393.html
  Cfr. en: http://impreso.milenio.com/node/8596876
  Cfr. en: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:yOy-oPs6rigJ:mx.answers.yahoo.com/question/index%3Fqid%3D20101207193738AANxaRp+tzitzimitl&cd=13&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com

 Cfr.en:http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:Gvg-Cs_g84MJ:wwwbarca.blogspot.com/2009_12_13_archive.html+zizimite&cd=48&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
 Javier Durón Padilla.  El Sisimite, en: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:FF-EVM2Qu6EJ:www.nacerenhonduras.com/2010/10/el-sisimite.html+sisimite&cd=1&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com
  Cfr. en: http://www.guastatoyaenlinea.com/showthread.php?p=206389
  Cfr. en: El sisimite, ?Leyenda? http://es.shvoong.com/social-sciences/anthropology/2131624-el-sisimite-leyenda/#ixzz1PMwUhtDM
  Cfr. en:  http://www.radiestesiacongini.com.ar/criaturas_misteriosas_de_hondura.htm
 Efraín Villanueva Arcos. Las huellas del Sisimite, en: http://lasvocesdelinfierno.blogspot.com/2008/06/el-sisimite.html
  Cfr. http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:bJIESJFUv30J:www.solentinametours.com/web/solentiname2.html+sisimico&cd=452&hl=es&ct=clnk&source=www.google.com [Trad. J. M.]
 Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation.
 Yoloth González Torres. Diccionario de mitología y religión de Mesoamérica, 1ª. ed., Larousse, Méx.,1999; p. 133
 Montaña del Tatascame, al norte de Comasagua, departamento de La Libertad. Es también “quebrada del municipio de Santa Tecla, departamento de La Libertad.”. “Tatascamita: Fuente de agua potable del municipio de Antiguo Cuscatlán, departamento de  La Libertad.  “Tetacaste: (del nahuattet: piedra, y acasti, aféresis de nacasti: oreja: “Oreja de piedra” (Joaquín Meza. Diccionario Toponímico de El Salvador. (2011)
 El Sisimite, es uno de los duendes del amor que merodea por los valles del Anáhuac o las tierras nahuas. Se presenta a las doncellas en las noches claras. Es de mediana estatura, cuerpo menudo, de perfil alegre y enamorado.

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