contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 20 de oct. de 2017
Imprimir

Discurso de Allan MacDonald PREMIO PEC 2013

imagen ppal AllanPEC

Compartimos el discurso de aceptación del Premio PEC 2013 del caricaturista hondureño Allan MacDonald. El premio fue otorgado a dos defensores de la libertad de prensa en América Central.

AllanPecfoto

Ginebra.- Buenas noches, señoras y señores representantes ante la Organización de Naciones Unidas.

Buenas noches, amigas y amigos a esta parte del mundo civilizado.

Para mi pequeña Abril.

Vengo del país más violento del mundo, en donde una bala vale menos que el costo del diario donde será publicada la foto de la víctima.

Para llegar a Suiza simplemente he tenido que cruzar el océano entero, ponerme una almohada en la cabeza, leer una novela de Thomas Mann, saber y aceptar con la paciencia de San Francisco de Asís que las casi quince horas pasarán inexorablemente por la aguja del reloj, y listo: llego al aeropuerto de Suiza, pero para llegar aquí son muchos caminos los que he recorrido, son tantas y tantas las veredas que he elegido por mi propia cuenta, a riesgo de caer en el abismo, y no han sido menos las encrucijadas morales en las que se tuvo que forjar mi conciencia social, a pulso de decisiones impostergables y de renuncias no poco dolorosas.

Tantas sendas para tan solo dos pies, una cabeza y este cuerpo guiado por la luz sublime de mi Dios.

Cuando nací y apenas crecí un poco, mi madre lloraba desconsolada por el destino desgraciado de aquel niño tonto, que desde que nació y aprendió a manipular las cosas, tomaba dos latas de metal y empezaba a friccionarlas, para producir ese ruido escandaloso que trastornaba la acústica acompasada del ambiente, pero que representaba mi única posibilidad de conectarme con el mundo y la realidad exterior.

—El niño es autista y tiene que ingresarlo a un lugar especial –dijo el doctor–. Mi padre con una cerrazón artística pero rodeada por un optimismo sin dimensiones medibles, tomó una sola decisión:

   —El niño no sale de la casa. Lo único que tiene es una inteligencia prodigiosa, porque alimenta una curiosidad por conocer el fondo de las cosas. El dibujo lo va a curar.

No sé si mi padre tuvo razón, pero en el momento actual, y a lo largo de mi trayectoria como caricaturista, no encuentro otro lenguaje más sensible para platicar con la realidad, y sacarle sus secretos y sus mentiras, que mediante la línea y la imagen. Ese dibujo fiel y comprometido que desentraña las mezquindades humanas que hurga en el lugar más álgido de la avaricia estructural, que está cargada de ironías tales como «la salvación global» y «el respeto de las tradiciones occidentales». «Matamos en nombre de la libertad», «asesinamos para conseguir la paz», «combatimos el disenso de las ideas con armas porque el disenso de ideas es muy peligroso para mentes no preparadas». Por ejemplo, ellos, los dueños eternos del mundo y sus organismos supranacionales, a las inversiones sociales en los países pequeños les llaman gasto y a la gente humilde, le dicen chusma. A los presidentes que trabajan por los pobres les llaman populistas. A los presidentes que trabajan por los ricos les llaman estadistas. Al pueblo que legítimamente protesta por la justicia le dicen revoltoso, a los que defienden los intereses de las élites económicas les dicen patriotas. Todo dominan y creen que el idioma es de ellos, y que los adjetivos son propiedad privada, y que los sustantivos tienen que inscribirse en su dudosa institucionalidad para adquirir valor.

Yo sigo pensando que el dibujo me curó pero también el tiempo, porque como lo afirmaba Henri Bergson y lo reiteró Martín Heidegger, el tiempo vive en nuestra consciencia, en el ser ahí, y tenían razón, puesto que no es lo mismo el minuto de un enamorado que el minuto de un condenado a muerte. Sin embargo, el tiempo a mí me enseñó a enamorarme de los sueños y de las utopías históricas, y me enseñó sobre todo, que los que hacemos periodismo no debemos ponernos en la fila de quienes hacen la historia sino al servicio de quienes la sufren en atentados mortales, en cárceles infrahumanas por causas injustas, y en guerras absurdas nietas de la acumulación y el despilfarro imperial.

Pero esa maravillosa dimensión del tiempo me instruyó también acerca de que estamos condenados al compromiso y a la solidaridad humana. Y esta condena de la que nos habló Sartre, es para darle contenido a nuestras vidas, para trascender el dolor humano y la tragedia, y reconocer que por muchas teorías que traten de justificar el connatural egoísmo humano, hay una inmensa cantidad de personas públicas y anónimas que no han guardado ni un ápice de sus vidas, para regalar a las futuras generaciones humanas un planeta mejor que en las circunstancias en que lo encontraron.

Desde un lugar de la eternidad nos saludan Sócrates, Giordano Bruno, Jesús de Nazaret, Gandhi, Martín Luther King, los periodistas asesinados en Libia, Siria, Honduras, Guatemala, México, Colombia…Todos ellos han sido nuestros maestros, nos han convencido que la libre expresión se ejerce para liberar, para sacarnos de las cavernas de la ignorancia, para librarnos de las cadenas coloniales y raciales, para entender que la libre expresión está al servicio de la verdad y de la libertad, y que no nos podemos acomodar ni a la mentira ni a la servidumbre, y que siempre y en todo momento debemos resistir a la opresión.

Como todos ustedes saben yo vengo de Honduras, un país invisible en el mapa, ustedes ponen una moneda y lo vuelve intrascendente en un mapamundi, un país bananero y puente escogido por la gracia de Cristo para las contrarrevoluciones, un país que hay que amarlo a fuerza del corazón y no por decreto, un país dibujado a pulso, pero donde las inmensas mayorías pobres le apuestan a la esperanza, un país que en su bandera tiene cinco estrellas, y por cuestiones de apariencia uno podría decir: este es un país cinco estrellas, pero no puedo hacer una apología patriotera de mi pueblo, pues, en primer lugar, los números de la pobreza, las cifras de la miseria y las estadísticas de la violencia me desmentirían y, sobre todo, porque nadie deja de querer la tierra en que nace, pero si la ama verdaderamente es necesario dibujarla tal como es, para borrarle los contornos de maldad social, para reorientar el camino absurdo de la exclusión, y para que la violencia sea un recuadro inútil de un pasado que le dejó el paso libre a la concordia.

En el golpe de Estado de Honduras todos los ilustrados y los que nunca visitaron las escuelas se dieron cuenta de los caminos de ciencias políticas y de las lecciones de constitucionalismo. Bajo la tutela de las ciencias políticas aprendimos que la democracia hondureña padecía una enfermedad que Aristóteles dio en llamar «oligarquía» el gobierno de unos pocos, y bajo el manto de constitucionalismo entendimos, que las predicciones del filósofo inglés John Locke se cumplían a más de un siglo de su muerte, porque en Honduras un pueblo unido buscaba el restablecimiento del pacto social o contrato social como lo llamaba su compatriota, nacido en Suiza, Juan Jacobo Rousseau, quien también discursó sobre la voluntad general como la restauradora del pacto delegado.

Mis dibujos estuvieron siempre al servicio de la democracia en medio de un país convulso, y de un diario escrito que fue actor importante en la consumación del golpe de Estado. La censura como un fantasma universal se posesionó de mi espacio, y en lo sucesivo el espacio mayor en el diario era ocupado por otra caricatura que bendecía los garrotes y las macanas de los militares por su patriotismo de salvar al país del socialismo, y en otro espacio diminuto, arrinconado en los anuncios clasificados o en las insignificantes páginas sociales, mi viñeta diaria contra el asalto del poder. El gobierno de facto acudió a la gramática y repetía hasta la saciedad en la lógica de que una mentira repetida varias veces se convierte en verdad, que no había sido golpe de estado sino una sucesión constitucional, como sí el poder en las democracias se trasmitiera por herencia al que tiene genes de demagogo, y la risa bonachona de un Santa Claus que regala el país en pedacitos.

Ellos sitiaron los medios de comunicación. A la gente no se le permitía expresarse, y por ello recurrían a los grafitis, y creo sin menospreciar el peso de este gran premio que recibo hoy, que uno de los mejores premios que he recibido en mi vida, fue ver que mis dibujos fueran pintados por las gentes en las paredes, y en lugares públicos.

Que un caricaturista de un país de tercer o cuarto mundo reciba un premio de un país de primer mundo es una fantástica noticia en cualquier lado, menos en Honduras, allí los héroes son los futbolistas, que defienden con el pie la patria porque les estorba que otros como yo la defendamos con nuestra cabeza y nuestro corazón angustiado de amor.

En esa Honduras de provincia es donde me tocó vivir, en esa selva de cinco estrellas merodeando la muerte en cualquier esquina intrascendente.

Allá en aquella tierra a quien bendijo la naturaleza y a quien maldijo la cultura de hombres voraces. En ese lugar donde el sol es Dios y la luna esposa, y la noche el manto infernal de la violencia.

Quisiera recibir este premio como un homenaje que rindo a todos los que luchando en las mismas batallas de la libertad , no ha recibido privilegio alguno, y sí, en cambio han recibido desgracias, persecuciones y muertes.


Agradecer a los que me hicieron caricaturista.

   Esos que censuran,

   que mandan

   que prohíben

   que reprimen,

   que condenan,

  

   esos tiene manchadas las manos de sangre.

   Yo solo las tengo manchadas de tinta.


   Muchas gracias,

   ---- Allan McDonald ---

 

Allan McDonald (Tegucigalpa, Honduras, 1973). Publicó su primera caricatura a los nueve años y se profesionalizó a los trece en Diario La Prensa. Desde hace quince años publica sus trabajos en Diario El Heraldo. Ha ganado más de treinta premios de humor, entre ellos dos UNICEF de la ONU y ha ganado dos veces el Premio Nacional de Caricatura, Honduras. Su obra se publica en 250 periódicos de Estados Unidos y de Europa a través del Sindicato de Caricaturistas con sede en Nueva York. Colabora con ContraPunto de El Salvador. Mantiene su trabajo en exposiciones permanentes en la Universidad de Alcalá de Henares y en el Museo del Humor de Boca Ratón (Miami). Sus antologías han sido publicadas en Israel e Inglaterra. Allan McDonald es hoy uno de los dibujantes más audaces de América. Su obra combina la risa y la lágrima. En 1998 una publicación inglesa le colocó entre los grandes viñetistas del mundo.

Fuentes: Blog Honduras Tierra Libre / PEC

Fotografía de Allan recibiendo el premio: Archivo PEC.

Leer Caricaturista de ContraPunto gana premio internacional.

Ver galería ContraPunta de Allan MacDonald.

Roque Dalton visto por Allan MacDonald.

Compartir

Escribir un comentario

Norma de uso obligatoria

  • Los comentarios tienen que referirse al tema publicado
  • No se publicarán comentarios fuera de la ley local (difamaciones)
  • No está permitido el lenguaje soez ni ataques personales
  • Reservamos el derecho de eliminar comentarios inapropiados
  • Comentarios breves, no más de 20 líneas
  • No publicaremos anónimos ni falsas identidades

Aclaramos que no publicamos comentarios automáticamente

La opinión de los lectores, no es la de contrACultura


Código de seguridad
Refescar