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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 22 de Abril de 2017

El cine como debe ser

Velis nos comenta sobre la celebración de 60 años de una gran película

Carlos Velis (*)

LOS ANGELES - El miércoles 22 de este mes, “Singin’ in the Rain” cumplió sesenta años del estreno. Para celebrar el acontecimiento, en Los Ángeles, fue programada una exhibición de la película en ciertos teatros, por una única vez. A pesar de haberla visto innumerables veces, ya que disfruto mucho con la que, para mí, es la mejor película de toda la historia del cine, no podía dejar pasar la oportunidad de verla en el formato original.

Y fue una experiencia inolvidable. Aquella noche reconfirmé mi tesis de que el cine es para verlo en la pantalla grande. Las actuaciones adquieren una mayor cercanía y penetran en la psiquis con más fuerza. Gene Kelly es un actor de miradas intensas y microgestos que dan una gran dimensión y profundidad a la actuación. Donnald O’Connors, por su lado, maneja cuerpo y rostro con gran plasticidad. Debbie Reynolds inspira dulzura y alegría. Su antagonista, Jean Hagen, hace gala de una actuación de comedia, perfecta. Todos ellos, vistos en gran formato, envuelven y embriagan de frescura.

Fue muy emocionante ver volver a la vida, en grande, aquella obra de arte, con su ritmo y su edición magistrales; me sorprendió de nuevo ver las secuencias tan largas, con la cámara fija en un plano, lo que obligaba a una actuación perfecta. Su guión, de una creatividad única, sobre todo conociendo la debilidad de Hollywood en ese sentido. Es el mito de Pigmalión, mezclado armoniosamente con el de la Cenicienta, matizado con una música hermosa y sugerente.

La sala estaba llena, muchos ya pasábamos del medio paquete, que aplaudíamos después de cada número musical, como si hubiéramos estado en el teatro. Definitivamente, no podía ser mejor momento para olvidarse de los problemas y salir del teatro para enfrentar la vida con mejor ánimo. A la salida, caminando hacia la calle, muchos tarareábamos las notas que todavía quedaban prendidas en la memoria inmediata o, como libélulas en la noche de luna, revolotean sobre las aguas de las fuentes cristalinas de las épocas cuando éramos jóvenes y despreocupados, antes de la guerra y la diáspora.

(*) Columnista de contrACultura

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