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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 20 de oct. de 2017

El descenso a los infiernos en la literatura náhuat

Representación de Mictlantecutli

Por Rafael Lara-Martínez*

I.  Tabla periódica de lo imaginario

Al agrupar en una segunda sección los relatos míticos náhuat que recopila en 1930, Leonhard Schultze-Jena les concede el título de «Retratos naturales en espejo de libre fantasía».  El autor de la compilación más completa de mitología pipil —Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco en El Salvador (1935)— asevera que se trata de narrativas que «sin someterse a tradiciones ni cronología […] el indígena ofrece libertad de expresión y relato directo […] con intensa fantasía».

 

Parecería que un juego sin restricciones guiaría ese conjunto de ocho mitos que mostrarían su reticencia por someterse a todo análisis sistemático.  La «libre expresión» recrearía sin regla fija una imagen plástica de la naturaleza circundante, la cual permanecería envuelta siempre de misterio.  Habría una inventiva sin límite que desborda toda razón.  Entre la irracionalidad literaria y el rigor antropológico mediarían lagunas enigmáticas sin resolución.  La literatura sería un juego arbitrario que la imaginación le impone a las palabras y a la lengua, sin que ninguna razón sea capaz de ordenar su caos bajo reglas estrictas.

No obstante, un motivo recurrente inicia toda «libre fantasía».  Se trata del «ingreso al bosque», se tagat yajki tik kujtan, en su defecto a un lugar inhóspito como el lago, etc. (i.e., al presente el héroe se internaría a la ciudad o, en la migración ilegal, a un país extranjero).  En ese sitio el héroe, un joven muchacho audaz, anda a la búsqueda de sustento, en variación musical, de una recompensa que promueva su ascenso social, su pervivencia.  The American dream se diría ahora.

Durante la pesquisa, encuentra a un desconocido quien lo rapta o guía hacia los infiernos (el coyote actual que conduce a los migrantes sería una variedad temática).  El lugar de ingreso privilegiado  —una cueva o caverna (xaput)— se halla en los cerros o en una montaña.  Los recintos subterráneos varían de la esclavitud al paraíso, del trabajo forzado a la vida plácida.  Si no sucumbe en la empresa, regresa a la superficie de la Tierra donde renueva su vida gracias a un galardón obtenido y cuenta el testimonio de su aventura legendaria.

Para un estudioso de la literatura en general, el resumen anterior no podría ser más clásico.  El argumento principal de los relatos desglosa un descenso ad inferos, un descenso a los infiernos.  De manera universal, se trata de la existencia de un Dante u Orfeo indígena que viaja a un inframundo terrestre o acuático.  Para la región cultural mesoamericana, los mitos náhuat también reafirman un componente poético generalizado.  Basta evocar el trabajo interpretativo y de campo en la sierra norte de Puebla, México —que realiza James M. Taggart, Nahuat Myth and Social Structure (Mito náhuat y estructura social, 1983).  Su lectura conjunta al corpus de Schultze-Jena demuestra que el descenso a los infiernos explicita una temática común desde el centro de México hasta Centro América.

En síntesis, parece que la «fantasía» posee marcos culturales estrechos, a la vez que reitera motivos universales y regionales.  A nivel mítico, confirma el descenso a los infiernos en la iniciación chamanística (M. Eliade, El chamanismo, 1960, V. Propp, Las raíces históricas del cuento, 1946/1974 y Edipo a la luz del folclor, 1980).  En lo literario evoca obras canónicas universales sin frontera (Gilgamesh, Virgilio, Dante, Rulfo…) a las cuales la literatura salvadoreña no accede por olvido.  La «fantasía» pura estaría regulada por una «tabla periódica de los elementos» imaginarios tan rígida como la química.  Esta regularidad de la «fantasía» se llama también «estructuras antropológicas de lo imaginario» (Durand, 1969).

 

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