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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Junio de 2017

El fútbol se quedó sin héroes y sin alma

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¿Cuándo volverá el alma del fútbol con sus héroes? Seguramente cuando vuelva la unión y la pasión. 

Nelson Rentería (*)

 SAN SALVADOR – Qué es lo que podría tener de mágico que un grupo de hombres, separados en dos bandos distintos, busquen controlar una pelota y meterla en la portería del adversario. La respuesta es: La unión, y la unión es un asunto mágico en cualquier parte del universo. La unión hace la fuerza, dirían.

En el fútbol los hombres se unen en la cancha para pasarse la pelota, para crear jugadas de fantasía, para meter la pelota en el arco, se unen y cierran filas para defender su portería. En las gradas las personas se unen para alentar, mientras las mujeres ven más atractivos a los jugadores. Se unen y abrazan para festejar o llorar. Es un juego de conjunto.

Desde su inicio el llamado deporte Rey ha servido para crear leyendas, dentro y fuera de la cancha. Hombres que por sus hazañas han tocado el manto sagrado de la inmortalidad, hasta que llegó el capitalismo voraz con sus fauces y se devoró la magia. 

Ahora el fútbol se ha quedado sin alma y sin héroes. Los grandes estadios en buena parte del mundo lucen vacíos. El espectáculo decayó y los precios de las entradas son elevados. En los estadios hay más vallas publicitarias que pancartas para los equipos, las camisetas de los equipos y hasta los árbitros parecen catálogos de compras.

En las pantallas de televisión los comerciales de comida rápida o cervezas no dejan ver las jugadas, los costos para ver los partidos por cable, satélite o digital son inaccesibles para verlos en el living de casa con la familia, los bares están llenos y parecen pasarelas donde se lucen las camisas de todas las marcas.

En los bares donde no aceptan niños, los hijos no comparten con sus padres las jugadas y las esposas, hermanas o madres ya no está al lado de su fanático hombre preguntándole ¿qué es un fuera de lugar?

A dónde está el Kaiser Franz Beckenbauer jugando con el brazo maniatado, a dónde está Johan Cruyff negándose a jugar el mundial Argentina 1978 en rechazo a los crímenes militares de Videla, a dónde está Maradona vengando las Malvinas, a donde están los guardametas temerarios como René Higuita, donde están la dignidad al estilo de Zinedine Zidane, a dónde esta los carismático Pelé.

A lo sumo el italiano Mario Balotelli y los uruguayos Luis Suárez y Diego Forlán se salvan. El resto parece más interesado en aparecer en las portadas de revistas socialité. Seguidos por los paparazzi. Los contratos envidiablemente jugosos y menor corazón en la cancha.

A dónde están aquellos equipos irreverentes de fútbol de Brasil, Argentina, Uruguay, Inglaterra, Italia, Rusia, España y Francia. Aquellos equipos de barrio, aquellos amigos que se unían cada tarde. Dónde están los partidos de fútbol después de la misa dominical.

Dónde están los clubes interesados en garantizar la diversión y la entretención de sus afiliados y no en la riqueza de los directivos. ¿La taquilla, los patrocinios, el mercado negro de boletos, las ventas de jugadores cuánto dejaron? Y cómo aumentan las denuncias e investigaciones de partidos arreglados. Apesta.

Especial mención merece el equipo alemán FC. Saint Pauli integrado por una planilla de jugadores no costosos, seguidores anarquistas, socialistas, inmigrantes y homosexuales, para todos hay espacio, menos para el negocio.

¿Cuándo volverá el alma del fútbol con sus héroes? Seguramente cuando vuelva la unión y la pasión. 

(*) Columnista de contrACultura

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