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San Salvador, 23 de oct. de 2017
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El niño que es llorón, y la nana que lo pellizca

Gerardo reseña sobre las tensiones en la entrega de armas de las maras Por Gerardo Arbaiza

SAN SALVADOR - En mis escasos tres años de ejercer profesionalmente el periodismo, puedo contar con los dedos de una mano los eventos a los que haya concurrido, que ameriten la presencia de toda la prensa nacional e internacional acreditada en el país, como la entrega simbólica de armas que efectuaran pandilleros de la MS y el Barrio 18, ante el Secretario de la OEA.

En la mañana, cuando me enteré que el evento sería ese mismo día, no pensé que tal acontecimiento tendría una envergadura semejante a la apertura de un nuevo proceso de paz, tal y como Monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango lo proponían.

Pero ya llegado al lugar de los hechos empecé a percibir que no todo estaba debidamente organizado. Unos parlantes transmitían bachata a los asistentes, que a eso de las 11 de la mañana eran familiares de pandilleros, que para mi asombro se mezclaban con los vendedores ambulantes y curiosos que tanto pululan en el centro de San Salvador.

Los saludos de rigor con los colegas que ya merodeaban la escena y el empezar a abordar a las personalidades importantes que se apersonaban al acto, me sirvió para olvidar que ese casi medio centenar de periodistas, entre ellos yo, no la tendríamos fácil en este evento.

Las alarmas se encendieron cuando Monseñor Colindres llegó y aunque quería evadir las preguntas, se le escapó decir que no tenía muy claro como se haría la entrega de armas. Luego, Colindres accedió a posar con Mijango ante un séquito de periodistas, que nuevamente olvidamos como le haríamos para acomodarnos.

Me parece que estos consumados mediadores de conflictos sociales emplearon esa “táctica”, para que pocos nos percatáramos de la entrada de José Miguel Insulza y con su llegada, se dio el primer tumulto de periodistas que no querían perderse el momento de cómo el emblemático socialista chileno tomaba parte en la mesa de honor.

Esto provocó el primer “llamado de atención” de Ana Vilma Marchelli, maestra de ceremonias de turno y alguien que yo admiraba en sus tiempos de presentadora de noticias, decía yo por su ecuanimidad y sobriedad para ejercer un trabajo en lo que lo principal es la apariencia física.

Como no había una tarima adecuada para cubrir el evento, las persuasiones de Marchelli obligaron a camarógrafos y redactores a sentarse en el suelo y a evocar sus tiempos en el kindergarten, de tal forma que las personas que estaban sentadas debajo de los toldos parasol, pudieran ver.

A esto pude ver como Luis Romero, uno de los líderes de la ONG “Hommies Unidos”, se organizaba con algunos supuestos miembros de pandillas, para algo que escapaba a mi entendimiento.

Discursos, protocolo y oraciones fueron y vinieron, dando paso al “acto significativo” que anunciaba Marchelli. Cuando escuché “Chiquitita” de Abba sonando en los parlantes (epic fail la selección musical de este evento), solo me imaginé a que de algún lugar saldrían niñas en tutus blancos y tirando pétalos de rosas a su pasó.

¡Cuales niñas! Eran tipos bien creciditos, con tatuajes y pasamontañas que llevaban al lomo rifles, escopetas y uno que otro “cuerno de chivo”, abriéndose paso entre una valla humana surgida espontáneamente.

Esos rifles en el suelo fueron como dulces desparramados por una piñata reventada para los periodistas, que se abalanzaron a competir por quien sacaba la mejor toma o fotografía.

El pandemónium formado por los periodistas alteró a la siempre ecuánime Ana Vilma Marchelli, quien intentaba hacer retroceder a sus colegas con palabras como: “Señores, retrocedan un poco porque de no ser así, no vamos a continuar con el programa”. No sé cuántas veces escuché ese sonsonete.

El afán por intentar ver lo que sucedía, enojó a los familiares de pandilleros que, se pusieron de acuerdo para hacer retroceder a los periodistas con un cordón humano. Colindres a su vez, puso de su parte haciendo gala de sus dotes de mediador, diciendo que tenía una carta que no leería si quienes cubrían la noticia no retrocedían.

El guía espiritual más tarde tuvo que reconocer que había utilizado el chantaje, a fin de poder culminar con el evento y desalojar un lugar en el que la valla de familiares de pandilleros sería remplazada por una cinta policial y la sede del simbólico armisticio de buena voluntad de la MS y 18, tomaría la semejanza de una escena del crimen.

 

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