contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 21 de Sept de 2017
Imprimir

El Oscar 2012 y la nostalgia del cine en el cine


Dicen que Hollywood debe su grandeza a su capacidad de reinventarse. No es del todo cierto; a veces solo se copia y se repite a sí misma y los avances tecnológicos hacen lo demás.

Por Héctor Ismael Sermeño*

Dicen que Hollywood debe su grandeza a su capacidad de reinventarse. No es del todo cierto; a veces solo se copia y se repite a sí misma y los avances tecnológicos hacen lo demás. Pero sus fórmulas funcionan generalmente. El público del mundo entero adora a Hollywood.

El Oscar es el premio máximo. Antes de que se entregue a lo mejor del cine estadounidense, con algunas migajas para otras cinematografías que se pelean por tener aunque sea candidaturas, ya no digamos una estatuilla;  otras cinematografías locales, importantes para sus países o regiones, entregan sus propios y poco trascendentales  trofeos. Así tenemos Globos de Oro y media docena más en Estados Unidos; en Gran Bretaña el Bafta,  el César en Francia, David de Donatello en Italia, Goyas en España,  Arieles, de risa, en México. Bollywood en India también entrega los suyos, al igual que los japoneses, chinos, turcos, suecos, etc.  Pero ni todos juntos alcanzan la categoría elevada del Oscar.

Semanas antes se entregan los de los festivales europeos de prestigio: Cannes, Venecia y Berlín; los más importantes entre un centenar existentes en Europa, quienes  los crearon para premiar sus artísticas y muchas veces, buenas películas; las que no llegan al Oscar. Claro, como premios de consolación. Más de medio siglo después de creado tanto galardón, ninguno alcanza el punto de referencia ni la importancia del que Hollywood  otorga, aunque han alcanzado algún prestigio, no llegan. La Meca del Cine se ha encargado de que sea así; es su cine el importante, los demás son solo pequeñeces.

Las bajas y hasta bajísimas autoestimas colectivas de los demás países, que no son Estados Unidos, se muestran deprimentes y deprimidas cuando se entregan los premios: “Demián Bichir se codea con los grandes”, titularonn los medios mejicanos; evidentemente no ganó. “Ojalá que  Trueba triunfe este año”, dijeron varias veces en la entrega de los Goyas en España, tampoco ganó; “salvadoreños actúan en tres películas candidatas al oscar”, tituló patéticamente, El Diario de Hoy en San Salvador, sin darle mayor importancia a  que los personajes que interpretan son menos que secundarios y que, además, ni siquiera en El Salvador estaban enterados ni son conocidos ya que son de la diáspora y, obvio, de fama y estrellato, muy poco. No somos nada ni somos nadie. En el cine es Hollywood y el Oscar lo que da la existencia. ¡Qué terrible complejo de inferioridad!

La historia ha demostrado en su largo caminar que las culturas y subculturas periféricas se consideran a sí mismas importantes,  mientras más cerca están de la que marca las pautas de lo que se considera bueno en cuanto a creación: en este caso la artística.

LA NOSTALGIA EN 2012

La francesa “El artista”, arrasó con los premios anteriores a los Oscares. Un homenaje al cine mudo, a sus estrellas, a sus sueños. Con más de una centuria, si bien la película tiene méritos, no es la gran obra que la historia del cine estaba esperando. En su momento, se hicieron miles de ellas en todo el mundo con temas  y códigos narrativos similares. No aporta novedad, solo recuerdos; en especial el parteaguas de “El Crepúsculo de los dioses”,  con Gloria Swanson.  El filme francés ganó cinco óscares de  diez, incluso los más importantes, sin merecerlos del todo, pero es europea y Europa es el aliado mayor de Estados Unidos en la actual debacle económica, igual que en 1929, año de acción del filme francés.

Martin Scorsese, también se decantó por recordar las películas mudas, solo que en la época ya sonora,  en homenaje al cine del primer gran montajista y editor Georges Melliés. Le sobraron los primeros veinte minutos y la historia con todo lo de “el cine en el cine” y su riqueza visual, no es más que una historia simple del género.” Hugo” le puso al guión elaborado a lo Charles Dickens, escritor experto en huérfanos. Como material didáctico, funciona bien.

Wooddy Allen se puso a recordar el uso del flash back en su “Medianoche en París”; con un elenco bastante bueno, como ha sido su constante y  muy buen oficio de director. El cine estadounidense, que ya no le da presupuestos porque no es negocio, le debe mucho a Allen. Era la merecedora del mejor director y mejor película, pero no le interesó políticamente a la Academia.

“Caballo de Guerra”, melodrama más que mediocre, con fotografía de calendario, puesta en escena grandilocuente para engañar al espectador; con una narrativa muy elemental, lacrimógena como película mejicana o argentina de los 1940, década y cinematografías respetables en su momento, solo que con setenta años después; sesenta y seis millones de  dólares de presupuesto y casi doscientos de ganancia; lo que demuestra que el melodrama sigue gustando hoy, posteriormente a siete décadas.

Steven Spielberg, nos da una nostalgia plagiada, se robó escenas y secuencias de “Lo que el viento se llevó”, “Adiós a las Armas”, de las dos versiones sonoras; una en blanco y negro y la filmada en colores, además de “National Velvet” y otras.  No, no son homenajes, son burdos  plagios, igual a los que llevó a cabo Cameron con “Titanic”. Pero el público se renueva generacionalmente, por lo que pocos lo notarán o lo conocerán. Es otro de los componentes de la fabulosa maquinaria del cine estadounidense, que además permite sobrevalorar al director y productor Spielberg. Sin embargo no ganó ningún premio. Igual no merecía ninguno.

Las demás no ofertan nada distinto. Faltó “J. Edgar”. La Academia se porta un poco burda a veces; ignoró a Clint Eastwood, a Leonardo di Caprio y a uno de los personajes más extraordinarios de la historia reciente de Estados Unidos. La política, el  dictatorial y cuasi absurdo ejercicio del poder  y la homosexualidad de sus personajes claves, siguen causando temores o rechazo, aún en la democracia más imperial de todos los tiempos. Pese a ello es una de las mejores películas del año pasado y debió competir y ganar.

Por las mismas razones políticas y de control de la sociedad y de su sexualidad, la  Academia desvergonzadamente, ignoró la estupenda película británica “Vergüenza”.

Los mayores merecedores fueron Christopher Plummer, impecable como siempre y la inmensa Meryl Streep, la mejor actriz hollywoodense actual, independiente de que el oscar la reconozca o no

Nueve películas fueron candidatas a la mejor del año. Debían ser diez, según la nueva normativa de la Academia. El año pasado sobraron siete, este año estuvo difícil, ninguna es una muy grande película. Tienen elementos  considerablemente aceptables, un par hasta se pueden considerar muy buenas (Medianoche en Paris y Los Descendientes) pero ninguna es extraordinaria. Ahora bien, casi todas han funcionado bien en taquilla.

La gala fue sobria, elegante y espectacular. La Academia aprendió la lección de las últimas tres entregas y volvió a ser organizada y grandiosa. Además se hizo en el teatro  que se llamó Kodak, antes de la quiebra del gigante de la película virgen para cine y fotografía. Situación que anuncia una nueva era para realizar los filmes: la digitalización absoluta de la producción y la desaparición del cine como fue hasta hoy.

El futuro se plantea muy distinto desde los últimos ciento veinte años. Sin embargo, no nos cabe ninguna duda; el cine continuará siendo cine; al menos el de Hollywood. El de los demás  centros de producción, lo seguirán siendo a partir de éste. Para qué molestarnos.

*Escritor, historiador y crítico de artes.

 

Compartir

Escribir un comentario

Norma de uso obligatoria

  • Los comentarios tienen que referirse al tema publicado
  • No se publicarán comentarios fuera de la ley local (difamaciones)
  • No está permitido el lenguaje soez ni ataques personales
  • Reservamos el derecho de eliminar comentarios inapropiados
  • Comentarios breves, no más de 20 líneas
  • No publicaremos anónimos ni falsas identidades

Aclaramos que no publicamos comentarios automáticamente

La opinión de los lectores, no es la de contrACultura


Código de seguridad
Refescar