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San Salvador, 25 de Abril de 2017
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Los ojos de Bernardo Crespín

Por Francisco Hidalgo PACO*

Fotos PACO

 

La Pinacoteca Roque Dalton de la Universidad de El Salvador se vistió de gala. Sus paredes son las anfitrionas de los pinceles de uno de los grandes artistas plásticos de El Salvador: el maestro Bernardo Crespín.

La organización de la muestra estuvo a cargo  de la Secretaría de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador; la curaduría, de Mario Castrillo. Se invitó a Augusto Crespín, Director de Artes de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, y hermano de Bernardo, al acto inaugural, en el que participó Fernando Carranza, Director de la Secretaría de Arte y Cultura de la UES, Mario Castrillo, curador de la muestra y Álvaro Pérez, Coordinador de la Pinacoteca Roque Dalton. La muestra podrá ser visitada hasta el 7 de septiembre de 2016.


Bajo el título de Sueños y realidades se presentan 16 piezas, la mayoría recientes (2011 - 2016). Da la bienvenida un excelente autorretrato: San Bravo, lleno de expresión, con el aura como si fuera un santo y enseñando la lengua con un rojo violento dando a entender que en ella puede en ocasiones residir el odio o la violencia. También encontramos el rostro del autor, a manera de autorretrato, en la pieza Salomé, en alusión a la degollación de San Juan Bautista.


Muchas de las pinturas (que conforman la muestra) hacen referencia a pasajes de la biblia: La mujer y su manzana, La tentación, El ídolo y su tiempo, Apocalipsis, El falso profeta y El infierno, quedando de manifiesto cómo la religión ha influenciado la obra reciente de Crespín.

 

Es de admirar esta última pieza, una de las de más fuerza, pues recuerda a El Sumpul de Carlos Cañas (1984): cuerpos mutilados, cuerpos desnudos/indefensos, cuerpos devorados por sapos, cabezas degolladas, ojos aterrados ante la guerra/muerte y sobrevolando un helicóptero militar con un ojo mayor a manera de vista de águila. Los ojos, según Crespin, son las ventanas por donde entra el mundo al alma y por donde ésta se expresa; de ahí la importancia de este elemento tan recurrente y expresivo en sus cuadros, tal como podemos observar también en Apocalipsis 13.


Por otra parte, cada lienzo es un pretexto para realizar un carnaval de colores; la luz del trópico se manifiesta en su paleta como bien se puede observar en La mujer sin cabeza, pieza que sirvió para la portada de la invitación y que solo se pudo ver el día de la inauguración, pues afortunadamente para el artista y desafortunadamente para el público, se vendió.


Los cuadros de Crespín están hechos bajo la factura del verdadero arte, no necesitan explicación adjunta ni racional, pues ellos mismos expresan y comunican. Nos logran contar una historia. Son, en definitiva, un verdadero goce estético.


Es de lamentar que la Pinacoteca Roque Dalton, inaugurada en el 2003 por la Dra. María Isabel Rodríguez, no haya podido gestionar la instalación de luces idóneas para iluminar los cuadros expuestos, pues algunos quedan alumbrados y a otros apenas les llega la luz.


Bernardo Crespín es un artista que poco gusta de los reflectores, pero su obra, sin duda, brillará por siempre.


*Lic. en Sociología (UAM-I, México); actualmente estudia la Licenciatura en Artes Plásticas, opción Pintura, en la Universidad de El Salvador.

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