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San Salvador, 20 de oct. de 2017
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La comedia y «Tartufo»

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Crítica de Héctor Ismael Sermeño a «Tartufo».

Por Héctor Ismael Sermeño (*)

Fotografía: René Figueroa

San Salvador.- Repuesta casi siete años posteriores en el teatro Luis Poma, por el mismo director y adaptador; los diseños de Rosemberg y casi el mismo elenco: la reducida a una hora y veinte minutos puesta en escena de Tartufo, comedia del francés Moliére, vuelve a hacer reír al público salvadoreño; a quien le encanta la comedia sobre todas las expresiones teatrales.

Pero esta comedia francesa es fina, es arte, es esencial; contiene y muestra los elementos de la definición del género original de los griegos y adaptadores franceses: la crítica a los valores sociales fallidos, en este caso la hipocresía y la falsa cristiandad; con el mejor, mayor y feroz sentido del humor posible. Los griegos la inventaron en occidente, hace 25 siglos, los franceses la reinventaron hace apenas unos cuatro.

Roberto Salomón dirigió y adaptó el texto versificado, lo redujo como es su costumbre, en tiempo y personajes, pero agradablemente no perdió ritmo, calidad ni desarrollo.

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Tartufo es una de las mejores puestas en escena de un clásico en El Salvador. Ayudó nuevamente el uso del espacio del pequeño escenario al no recargarlo de elementos escenográficos, lo que permite un mejor movimiento de los actores y pese a que está más alumbrada que iluminada, los figurines se lucen y los lucen.

El elenco es necesariamente numeroso y, aunque no es condicionante, no es fácil conseguir brillo si solo eso se busca. Eso viene solo: César Pineda y Regina Cañas, están de forma precisa,  brillantes y poderosos actoralmente. El texto teatral en verso no es fácil para cualquiera. Ellos lo hacen parecer y le dan al público uno de los mayores mano a mano de actuación visto; el cual es correspondido, primeramente, con aplausos a telón abierto y ovaciones en el saludo final.

Naara Salomón y José Antonio Ramírez aportan su experiencia, presencia y calidad actoral consecuente con su enorme trayectoria y no deslucen, al contrario, saben acompañar y estar a la altura.

Por otra parte, Omar Renderos, cuando hace su trabajo de actor, demuestra en este caso, que no hay papel o personaje pequeño cuando el que lo representa lo sabe hacer muy bien y es capaz de engrandecerlo, con lo que nos dice, semióticamente, que eso es lo suyo.

La comedia es para hacernos reír, pero también para reflexionar. No da lecciones, las plantea y aporta una posible resolución, después de todo es teatro. Muchas veces nos vemos reflejados y hace que nos riamos de nosotros mismos, pero reír es bueno.

La risa es una expresión de ánimo relajadora y relajante (Bergson dixit) que únicamente los humanos podemos hacer y sentir, también los defectos y desórdenes conductuales a la manera que se dan en la sociedad en la que nos desenvolvemos; las cuales están señaladas en esta obra teatral y todas las de su tipo. Esencialidad humana universal o humanismo que le dicen.

Y es que ya se ha dicho que el teatro cotidiano de la vida lo vamos a ver cuando asistimos a un escenario teatral, a veces no nos hacemos cargo, a veces nos ayuda; en ocasiones está mal planteado o no lo captamos en su totalidad; pero siempre está allí. Eso es lo que lo hace, precisamente, teatro.

(*) Escritor, historiador y crítico de artes. Es colaborador de contrACultura.

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