contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 21 de Agosto de 2017
Imprimir

La extinción de la filosofía

Ellacuría-jesuita

Ensayo presentado en un foro en homenaje al jesuita Ignacio Ellacuría

Por Víctor Flores García

Ensayo presentado ante un coloquio sobre el Día Internacional de la Filosofía establecido hace siete años por la UNESCO, organizado por el Departamento de Humanidades de la Universidad Iberoamericana Campus Puebla y la Cátedra Internacional Ignacio Ellacuría, el jueves 15 de noviembre de 2012.

MEXICO D.F. - Que la Filosofía tenga un día dedicado a su nombre en el calendario burocrático internacional me hace sospechar que el  modo de pensar filosófico en general, y en particular el gremio de los filósofos, se han convertido en una especie en peligro de extinción. Me explico: así como hay un día internacional de las especies animales y vegetales amenazadas, o un día mundial para el deteriorado medio ambiente global; o para los recursos naturales cada vez más escasos, como el agua o el aire, apenas desde hace siete años las burocracias culturales internacionales han establecido que otras burocracias, está vez las académicas, están en cierto modo obligadas a dedicarse a pensar en clave uniforme sobre uno de los saberes amenazados por el mundo actual, el saber filosófico.

  1. 1.Un día para la burocracia académica global

La historia oficial dice que un grupo de burócratas que administran los asuntos públicos del calendario global, llamada con el altisonante nombre de Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró solemne y oficialmente la “observación del día Mundial de la Filosofía en 2005, cada tercer jueves de noviembre”.

Hay una cita muy graciosa en este acuerdo burocrático internacional. Dice así: “La UNESCO lidera este Día, pero destaca que no es su propietaria. Pertenece a cualquiera a quien le interese el pensamiento.” Vaya, podemos dormir tranquilos quienes tenemos una mirada de sospecha sobre el rol que juega en nuestras vidas cualquier burocracia, en particular una que ha sido objeto de polémicas como la UNESCO.

Pues bien, este año, el Día Mundial de la Filosofía se estableció para destacar la importancia de esta disciplina, especialmente de cara a la gente joven; y también para subrayar que «la filosofía es una disciplina que estimula el pensamiento crítico e independiente y es capaz de trabajar en aras de un mejor entendimiento del mundo, promoviendo la paz y la tolerancia.» Aquí tenemos una curiosa agenda política que se le impone a la filosofía a escala global desde una oficina. No la cuestiono en sus aspiraciones de paz y tolerancia, jamás lo haría, pero sí en su procedimiento de establecer un saber institucionalizado y uniforme a escala planetaria. Es un despropósito antifilosófico.

Suena muy didáctico que este año el tema de la celebración del Día Mundial de la Filosofía de 2012 sean «las generaciones futuras». Me parece tan paternalista como dedicarse a pensar por los problemas que heredaremos a aquellas ignotas generaciones futuras, antes que encarar los apremiantes dilemas de nuestras actuales generaciones, en donde se incuban aquellos del porvenir. Acaso puede aceptarse que, a lo que apunta el organismo internacional, es a exigir una responsabilidad concreta a los actuales liderazgos globales sobre los problemas contemporáneos, a la toma de conciencia de una especie de herencia maldita,  a encarar los peligros de un mundo desbocado y amenazado por el descontrolado ritmo de vida de nuestra generación.

No quiero parecer un aguafiestas y debo decir que es alentador que la UNESCO considere el Día Mundial de la Filosofía como “un ejercicio de pensamiento libre, razonado e informado sobre los mayores desafíos de nuestro tiempo”. Está formulación es menos doctrinaria que ponernos a reemplazar a las desconocidas mentes de las generaciones futuras y a encargarnos de sus desconocidos problemas.

Sin embargo, hay un tufillo burocrático que se coló  entre los creadores de este día al redactar los cinco principales objetivos del Día Mundial de la Filosofía: En aquel año de 2007, se reunieron en la sede de París y con el estilo burocrático de un documento del Consejo de Seguridad Nacional de la ONU, se propusieron aquellos cinco objetivos con los verbos protocolares de siempre: renovar, alentar, sensibilizar, hacer un balance, subrayar la importancia, etcétera. Helos aquí:

. Renovar el compromiso regional, subregional, regional e internacional en favor de la filosofía;

. Alentar el análisis, la investigación y los estudios filosóficos sobre los grandes problemas contemporáneos para responder mejor a los desafíos con que se enfrenta hoy en día la humanidad;

. Sensibilizar a la opinión pública a la importancia de la filosofía y de su utilización crítica en las elecciones que plantean a múltiples sociedades los efectos de la mundialización o la incorporación a la modernidad;

. Hacer un balance de la situación de la enseñanza de la filosofía en el mundo, insistiendo particularmente en las dificultades de acceso;

. Subrayar la importancia de la generalización de la enseñanza filosófica para las generaciones futuras.

No estoy en contra de esos objetivos, nunca podría estarlo, nadie podría, para esos son las burocracias. Sólo quiero señalar que será mejor mientras más se aleje la filosofía de aquella agenda, y más se atenga a su propio objeto irremplazable: como es la realidad histórica, dominada por la más universal realidad de las mayorías populares, cuyas vidas son ahora injustamente arruinadas. En cuanto a los filósofos, puedo adelantar que mientras no se coloquen en locus de aquella realidad histórica, dotada de una totalidad dinámica, estructural y dialéctica, para realizar en forma crítica y creadora lo que el filósofo vasco-salvadoreño Ignacio Ellacuría (1930-1989) denominaba el análisis copro-histórico de la realidad, es decir de las heces de la civilización contemporánea, las contribuciones de ese gremio pueden ser susceptibles de cualquier demagogia retórica e ineficaz.

  1. 2.Los usos políticos de la filosofía

Este año, la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, diplomática búlgara y ex militantes comunista, nos ha enviado un mensaje para este 15 de noviembre de 2012.

Al estilo del caricaturista mexicano Rius, que nos recetaba cualquier doctrina compleja, pero con dibujitos para principiantes, el discurso de la señora Bokova comienza así: “La filosofía, decía Sócrates, es una toma de conciencia: ‘sólo sé que no sé nada’ -la cita de la polémica frase es textual-. Frente a la complejidad del mundo actual, la reflexión filosófica es ante todo un llamamiento a la humildad, a la toma de distancia y al diálogo razonado, para encontrar juntos soluciones a los desafíos que nos superan.” Volveré sobre la verdadera lección de la viuda rebelde de Sócrates más adelante.

Pero de Sócrates el discurso oficial salta hacia una especie de filosofía de la Ilustración para principiantes: La filosofía “es el medio idóneo de formar ciudadanos ilustrados, prevenidos contra la necedad y los prejuicios. A mayores dificultades, más útil resulta la filosofía para dar sentido a las cuestiones de la paz y el desarrollo sostenibles.” Parece que hablar de paz y desarrollo sostenible, esas palabritas que se han vuelto cada vez más vacías, es una obligación burocrática más.

La siguiente afirmación retórica incluye palabras clave como tolerancia y diversidad, contra las que nadie en su sano juicio puede estar en contra, a menos que se coloque en una tradición autoritaria: “Ninguna tradición filosófica tiene el monopolio de las respuestas a esas cuestiones: la diversidad de las filosofías es nuestra mayor ventaja para construir una ciudadanía mundial inclusiva y tolerante. Contra el recrudecimiento de la ignorancia y la intolerancia, la filosofía puede ayudar a reforzar el entendimiento mutuo.”

Con esta celebración institucional, nos dice con entusiasmo casi pueril la señora Bukova, la UNESCO “se propone reafirmar que la filosofía tiene el poder de cambiar el mundo, pues está dotada de esa capacidad de transformarnos, dando mayor peso a nuestras indignaciones ante la injusticia, más lucidez para formular las preguntas que incomodan, más convicción para defender la dignidad humana. Es la clave de un nuevo humanismo.”

La frase resultaría impecable si se corrige que no es la filosofía la que tiene el poder de cambiar al mundo, como dice en abstracto la directora general del organismo cultural global, sino los filósofos y sobre todos sus ciudadanos. Esto es así, si se quiere ser fiel a la famosa y poderosa Tesis 11 sobre Feuerbach que uno puede leer en el epitafio de la tumba de aquel alemán del siglo XIX en el cementerio de Higate en Londres: "Hasta hoy, los filósofos sólo se ocuparon de interpretar al mundo. Lo que importa es cambiarlo".

Sin embargo, el discurso cae de nuevo en las obligatorias referencias burocráticas cuando nos recuerda que el mandato de dedicar este año a las generaciones futuras “figura entre los compromisos de la declaración precursora de la UNESCO sobre las responsabilidades de las generaciones presentes para con las generaciones futuras, aprobada en 1997”. De nuevo el tufillo a polilla de escritorio se vuelve a colar.

Ya no los molesto con el resto del mensaje. Sin embargo no se pueden despreciar frases como la que cierra el discurso de este día: “Más allá de nuestras diferencias, somos todos iguales ante el ejercicio de la razón. Es una vía segura para la construcción de sociedades más justas, más equitativas, alentadas por la energía del pensamiento crítico.” ¡Chapeau!.

El año pasado, en el mismo discurso ritual de cada año, la señora Bokova dedicó su arenga a la extraordinaria efervescencia de la Primavera Árabe. Aquellos hechos, nos dijo, nos invitan “a meditar sobre el sentido de la historia, la justicia social, la igualdad entre los sexos y de las libertades fundamentales.”

Aquí, de nuevo, hay una noción de la filosofía como simple pensamiento especulativo, al estilo de la carroñera lechuza hegeliana que reflexiona los terremotos sociales post festum, y no mientras los acontecimientos marchan, como lo haría un colibrí meridiano, si seguimos en eso al filósofo argentino-mexicano Horacio Cerutti. Aparte de que resulta inquietante que ese mismo tema de la agenda mundial compita con otro asunto citado al pasar: “últimamente hemos padecido varias catástrofes de gran magnitud que confieren estremecedora vigencia a la reflexión sobre el lugar del hombre en la naturaleza”. O sea, da lo mismo un tsunami, un terremoto o un huracán que la caída del tunecino Ben Alí, del egipcio Hosni Mubarak o del libio Muamar Gadafi.

El mensaje de la jefa de la UNESCO en 2010 fue más francamente de estilo tinterillo: “En cumplimiento de lo dispuesto en su Constitución, la UNESCO se esfuerza en promover la libre reflexión y el diálogo mediante actividades en las esferas de la educación, la cultura, las ciencias y la comunicación”.

En 2009 el Día Mundial de la Filosofía 2009, fue dedicado al diálogo entre las culturas: “Es una ocasión oportuna para reflexionar sobre lo que son en la actualidad las relaciones de intercambio, transmisión y circulación entre hombres y mujeres, ideas y conceptos”. En otras palabras fue dedicado a los migrantes. Nadie podría oponerse en forma sensata a abordar ese delicado asunto, si no fuera porque se trata de un tipo de agenda gubernamental, redactada por funcionarios, al estilo de una filosofía oficial aprobada a brazo alzado ante el líder máximo por el politburó de la ex Unión Soviética, no como resultado de un auténtico proyecto filosófico universal.

El antecesor de la diplomática búlgara fue el japonés Koichiro Matsuura, quien ocupó el cargo 10 años y quien dejó como uno de sus legados el establecimiento de esta fecha internacional; lo que ha lanzado a los filósofos, acaso sin quererlo, a la marginalidad junto a las especies en peligro de extinción, aquellas que merecen un día en el cual el mundo se acuerda lastimeramente de ellas.

El segundo año dedicado a la damnificada Filosofía, fue destinado a otra noción de la mejor filosofía política liberal. Ubicada al mismo rango que la tolerancia, en aquel año se colocó el diálogo como tema global. Matsuura trató de acotar la agenda: “El diálogo: ¿entre quiénes y sobre qué?” fue su interrogante en torno al cual giró en 2007 el Día Mundial de la Filosofía, cuyo festejo principal había sido acogido en aquella ocasión por Turquía.

De manera involuntaria puede surgir una tentación autoritaria, a la hora de establecer la agenda de una diálogo filosófico universal, de modo que Matssura volvió a refugiarse en otro concepto políticamente correcto: la diversidad: “La aspiración de este día es, pues, definir las condiciones de un diálogo universal, abriéndose a la diversidad de los interlocutores, las corrientes y las tradiciones filosóficas, así como establecer un inventario, observar el mundo y hacer una relectura crítica de nuestros conceptos y modos de pensamiento”. Impecable.

Cuando el japonés inauguró en Palermo, Italia, el Día Mundial de la Filosofía de 2008, colocó sobre la mesa el debate sobre “Derecho y poder”, un asunto que condujo inmediatamente al debate sobre la universalidad de los derechos humanos nacidos en la historia de Occidente del siglo XVIII.

Satisfechos por elevar esa tradición a rango universal, nadie o casi nadie se preocupó por discutir sobre la historicidad de los derechos humanos, para comprender sus alcances y sus límites actuales. Y para terminar de consumar un  cuadro que peligra en caer en los halagüeños terrenos de la demagogia, Guatemala, fue designada oficialmente por la UNESCO como sede de la celebración de este año 2012, no sin dejar de mencionar que en el pasado los países elegidos fueron de la misma forma Francia, Rusia e Italia, como si ese dato democratizador eliminara las barreras entre realidades desiguales en un mundo desigual.

Pero después de todo, mi crítica no apunta a las buenas intenciones de las buenas conciencias burocráticas, sino a la ineficacia pública palpable que significa dedicar un día del calendario a los temas más angustiantes y urgentes de la humanidad actual, para luego dejarlos en el olvido y a merced de una agenda global cotidiana real que los niega.

  1. 3.Una nueva relación entre filosofía y política

Una vez hecha está insolente crítica a la cabeza de la burocracia global, me veo obligado a ofrecer una lectura diferente del papel de la filosofía en nuestro  mundo, y sobre todo del papel de los filósofos, o como dicta la nueva hipocresía de género, de los filósofos y las filósofas. Lo que voy a proponer es una nueva relación entre filosofía y política, antes de arribar a la elección de los temas de la agenda pública, tal como lo ha intentado la UNESCO al plantearnos un tema global anual.

Voy a seguir en este punto los ejes de un trabajo de los años 70 del filósofo casco-salvadoreño Ignacio Ellacuría, denominado precisamente Filosofía y Política. Y quiero adelantar una afirmación: si por algo fue asesinado Ignacio Ellacuría en mi país, no fue por abstrusas reflexiones, contemplaciones cercanas al hedonismo, o a las especulaciones sin fin, sino por la eficaz función pública de su palabra, por haber tomado con honradez los riesgos de su firme personalidad crítica ante el poder y por haber tenido el coraje de no abandonar en plena tempestad el timón de su universidad, dedicada a la excelencia académica.

La relación entre escoger los temas pertinentes para la reflexión filosófica, y la posibilidad de que esta reflexión se ajuste a la propia configuración de la vida social, ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía un escenario privilegiado: el fértil escenario de la relación entre filosofía y política.

Ellacuría enfocó el viejo problema de la relación entre filosofía y política desde el concepto mismo de la filosofía, antes que de la situación concreta del filósofo o del que se dedica a la filosofía o de su respuesta ética: es decidir, se propuso ir filosóficamente a las cosas de la política, para esclarecer sus aspectos fundamentales.

Pero qué demonios quiere decir ir filosóficamente a las cosas de la política: significa evitar hasta donde es posible politizar incorrectamente a la filosofía: “Esa politización inexacta ocurre no porque la filosofía exige ser pública y política a la vez, sino porque quien se dedica a ella está politizado y esto no como filósofo, sino como hombre”, escribió en 1972 Ellacuría en aquel ensayo publicado en el número 284 de la revista ECA.

Lo que resulta entonces es que, a diferencia de la burocracia académica o internacional, el surgimiento del filósofo político sería más bien  un resultado “accidental y no una necesidad intrínseca”. Por lo tanto la filosofía no necesita de agendas globales únicas, sino que se encuentra con los problemas por su propio camino: evitando el fácil enfoque de la agenda pública, diseñada desde la ética de un deber ser normativo, cercana a la demagogia, sino desde el concepto radical de filosofía, dirigido a desentrañar la raíz de sus fundamentos.

El ejemplo concreto de Sócrates, tan banalizado por las autoridades de la UNESCO, permite pasar de la filosofía al examen de la vida de un filósofo, hombre concreto, colocado en una determinada situación, para explicar en un sentido preciso en el cual la filosofía debe ser política.

Por esta vía, encarando los asuntos de de la vida pública concreta, el paso de la filosofía de lo político hacia una filosofía política ocurre al abordar filosóficamente los problemas del Estado, la ley, la autoridad, la guerra, el derecho a la rebelión, etcétera. Una buena parte de los filósofos han considerado estos asuntos como parte de su propia incumbencia, para hacer entrar más realidad histórica a su reflexión filosófica. Este saber teórico va naturalmente dirigido a una práctica, a iluminar un hacer, una praxis, antes que a la especulación sobre un ser. Por esa ruta, también, algunos filósofos, al considerarse en la cumbre de la racionalidad, a veces han pretendido la dirección inmediata de la gestión política.

Pero el filósofo, como pensador vivo, filosofa desde su situación, y esta situación es hoy más que nunca, nos decía Ellacuría en plena Guerra Fría una situación pública y política: “Que condicione su pensamiento no significa, por lo tanto, que lo deforme, pero, para evitar esa posible deformación, el filósofo debe tomar conciencia activa de ese necesario condicionamiento (público y político)”. Parafraseando al vasco diríamos que si un filósofo vivo asume la determinación del tiempo que le toca vivir y encarna vitalmente esa determinación, su filosofía también será viva, si tiene también una dimensión política.

Prosigamos con otra aserción primordial: la historia es forzosamente política. Pero Ellacuría no admitía que sólo lo político sea histórico, puesto que esa historicidad compete al grado más intenso de realidad; sólo significa que, en su última concreción, la historia es política: "La historia, a diferencia de la historicidad individual de la existencia humana, incluye, forzosamente, un carácter público y social, y a través de ese carácter es forzoso el paso a la politización”.

  1. 4.Sócrates: una correcta politización de la filosofía

Que la filosofía pueda anularse a sí misma o no, integrándose dentro de otra instancia que se estima superior, sea esta instancia de carácter operativo o teórico, como la historia o la política, es un punto que puede discutirse. Se daría aquí una politización de la filosofía que no es la debida, por un lado, por ser indirecta, es decir, mediada por instancias extrañas a ella, que la teñirían de una politización ajena; y por otro, porque esa subordinación supondría la limitación y casi la anulación de su ser propio, de su propia autonomía.

En otro trabajo escrito cuatro años después de “Filosofía y Política”, en 1976, publicado en el número 11 de la revista Abra con el título didáctico de “¿Filosofía para qué?”, Ellacuría sostenía que la debida politización de la filosofía es un pensar efectivo diseñado en forma de crítica, desde la más concreta situación real, sobre la realidad más total y concreta. Esta formulación hace hincapié en los siguientes tres puntos que mantiene una dramática vigencia:

. El pensar filosófico debe ser efectivo;

. El pensar no puede ser efectivo, si no surge desde una correcta situación real;

. Para que sea realmente efectivo y a la par filosófico, el pensar filosófico tiene que estar anclado en la realidad total que, como tal, es concreta.

Prometí volver a Sócrates y con él finalizo: aquel ensayo de divulgación señala que aquel hombre de la antigüedad griega no pedía nada para sí; sólo la libertad de pensar y de decir al mundo sus pensamientos. “Era demasiado pedir, porque no hay ciudad que soporte la libertad del pensamiento, un pensamiento que para Sócrates no era libre por ser el suyo, sino por ser un pensamiento justo, un pensamiento que ponía la justicia por encima de toda otra consideración”. Por esta ruta, las nociones de verdad, bondad, belleza y justicia eran para Sócrates indisolubles y por ellas luchaba como teórico y como político, lo único que podía y sabía hacer.

Sócrates no quiso ni abandonar la ciudad marchando al destierro, con lo que habría salvado la vida, ni dejar de filosofar, las dos condiciones que le ponían para salvar su vida y permanecer entre los suyos los últimos años de su ancianidad; eran dos cosas indisolubles: filosofaba en su ciudad y para su ciudad, vivía para filosofar, esa era su vida: “Un espíritu interior lo impulsaba. Tenía vocación. Filosofaba por vocación. Hasta tal punto que sostenía que una vida sin filosofar no merecía la pena, y por ello, cuando le pidieron que dejara de filosofar para poder seguir viviendo, prefirió tomar la cicuta de su condena a muerte”.

El ejemplo de Sócrates resulta así en un ejemplo para quienes sienten la necesidad del filosofar, para quienes ven la filosofía como una necesidad y lo hagan de cara a su tiempo y en la vida pública. Así se explica la críptica frase sobre saber o no saber citada por la directora de la Unesco: que sin filosofía, el hombre y la ciudad no pueden llegar a conocerse a sí mismos y mucho menos a realizarse como debieran hacerlo. Por eso, la filosofía es necesaria. La filosofía no basta, pero sin la filosofía, la humanidad perdería una de sus grandes posibilidades de saberse y de realizarse adecuadamente.

Finalmente, existe el peligro de que por ese camino, la filosofía, por su propia naturaleza, propenda a convertirse en ideología y tienda a convertirse en una aparente racionalización de subjetividades interesadas, politizadas. Entonces dejaría de ser inquisición racional sobre la realidad para convertirse en arma autónoma que puede ser utilizada interesadamente, sea en favor de la dominación, sea en contra de ella. Por eso debe tener una función desideologizante.

Por eso, cuando se examina el papel del gremio de los filósofos entre los pensadores latinoamericanos, llama la atención que estemos celebrando 50 años del surgimiento de una literatura inequívocamente latinoamericana, conocida como literatura del Boom. De la misma manera, es notable que la segunda mitad del siglo XX, la sociología latinoamericana produjo su propia identidad conocida como la Teoría de la Dependencia, que explicaba el mundo periférico de la posguerra mundial; finalmente, es un hito admitido que un puñado de teólogos latinoamericanos produjeron una obra que se cobijó bajo el signo de la teología de la liberación. La filosofía Latinoamérica no ha alcanzado los niveles de universalidad de aquellas obras, aunque la formulación de una filosofía de la liberación exista. La respuesta a esta paradoja estaría en la descolocación del gremio de los filósofos ante las mayores urgencias de la vida pública contemporánea, de su silencio ante las heces de la civilización actual. Esos desafíos reclaman un pensamiento urgido de una eficacia pública inmediata, y son, esencialmente, políticos.

Compartir

Escribir un comentario

Norma de uso obligatoria

  • Los comentarios tienen que referirse al tema publicado
  • No se publicarán comentarios fuera de la ley local (difamaciones)
  • No está permitido el lenguaje soez ni ataques personales
  • Reservamos el derecho de eliminar comentarios inapropiados
  • Comentarios breves, no más de 20 líneas
  • No publicaremos anónimos ni falsas identidades

Aclaramos que no publicamos comentarios automáticamente

La opinión de los lectores, no es la de contrACultura


Código de seguridad
Refescar