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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Abril de 2017

La Platicósfera

Por: Iris Monge

Me quema el sol
y con su jugo de naranja
me baña a mí,
calor tostado hacia La Pampa;
soplando voy
en un carrito con dos alas,
y remo así
como volando en una lancha.

¡Qué lejos!, ¡hoy!
los girasoles y lavandas
me bailan, sí,
brillando al horizonte salvan
cantando al sol,
le piden lluvia pa’ La Pampa
de agua, sí,
y no veneno, ¡no hagas trampa!


De lejos soy
pero he volado sobre playas
y es simple, si...
Tu mundo no coloca jaulas
¡Vayamos pues
con acuarelas a quitarlas!
La tierra al fin
tendrá lo suyo y no otra capa.


Dedicado al exterminio de un antiguo campo verde llamado Pampa Argentina y que hoy se convierte, gracias a los humanos y sus construcciones de grandes diques, en un desierto.

La mala distribución de los recursos por parte de los gobernantes, eliminó el cauce natural del Atuel, el Colorado y el Curacó que se llenaban con el deshielo de la cordillera de los Andes, y que hoy quedan como leyendas registradas por los viajeros del siglo XVIII. A mediados del siglo pasado, se comenzaron a construir diques para el riego artificial de cultivos en Mendoza. El agua del deshielo de la cordillera bañó de forma distribuida al país, su fauna y su vegetación ahora extinta. Hoy en día el agua queda acaparada sólo en la provincia andina. El oro azul fue borrado del mapa.

Curiosamente, el cultivo de mayor producción en Argentina es la soya, que si bien posee una gran cantidad de minerales y vitaminas, es el grano del que menos nutrientes somos capaces de absorber, debido a que es la legumbre con más cantidad de Ácido Fítico, un ácido orgánico quelante (inhibidor de la absorción) de calcio, magnesio, hierro y zinc, lo que desfavorece la dieta de quienes buscan sustitutos de la carne, a menos que se piense en consumir el brote, pero no es el caso para la industria, puesto que sus derivados provienen de la semilla. Solo algunos animales son capaces de procesar los Fitos para nutrirse.

Otro producto asombroso en el mercado es el agua embotellada que atrae con la aclaración: “agua del deshielo de la cordillera”, preservada con sodio para su envasado. Algunas incluso traen un porcentaje de flúor con la excusa de ser bueno para los dientes. Dicho aditivo ha sido prohibido en Europa, por atentar contra la libertad y la salud, habiendo estudios que comprueban la aparición de problemas óseos, neuronales y renales. De natural, poco nos dejan.

Llama la atención que en el  audiovisual “Más allá de El Salvador Impresionante” realizado en los pueblos de Los Naranjos y Los Coles, Chalatenango y Morazán, El Salvador, se colara un detalle no menor: la petición de la llegada del progreso y la cloración de los nacimientos de agua. Propongo que se difunda una educación sensata sobre qué aguas necesitan algún tipo de tratamiento y cuáles no. Salir de la pobreza no significa estar rodeado de cemento, plástico y químicos. Lo que necesitan ellos es, sí, apertura en el mercado para la comercialización de su producción y un abastecimiento organizado de recursos y servicios vitales que no provoque desequilibrio ambiental, así como educación y un impulso al turismo para que valoren la riqueza que les rodea y sus beneficios. Vivir rodeados de naturaleza favorece entre tantas cosas, nuestra visión, que en la ciudad la perdemos con facilidad por acortamiento de horizontes con tantas edificaciones y tareas visuales prolongadas y repetidas desde el mismo punto, sin hablar sobre las luces artificiales y aparatos electrónicos.  

¿Cuántas cosas más seremos capaces de inventar para “desconvertir” al planeta totalmente de su naturaleza?

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