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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Marzo de 2017

La revolución de López (2025)

 

 

Cuento de Rogelio Morán.

"Matar a un hombre es fácil. Vivir sabiendo que lo mataste, es difícil. Pero si lo hiciste por una causa justa, el asunto es diferente: el remordimiento es mucho menor y hasta te puedes olvidar de él. Después de todo, se lo merecía. Hiciste lo correcto, hiciste un bien.


Esa es la idea que los extremistas le meten en la cabeza a los hombres buenos. Los convencen de que matar por la sociedad justa no es un crimen, es una necesidad histórica.


Lo mismo hacen los mafiosos con sus soldados. Les dicen: “Nosotros somos tu familia, tú eres nuestro hijo. Siempre estaremos contigo, en las buenas y en las malas. Por eso, proteger a la familia es lo más importante. Matar por la familia no es malo, es simplemente natural”.


Tienen mucho en común esas dos formas de ver el asesinato, aunque, por supuesto, sus fines son completamente diferentes: la primera busca la justicia social, la segunda el crimen.


Por eso es un gran problema cuando esas dos ideas se meten en la cabeza de un mismo hombre al mismo tiempo. Se vuelve un ser doblemente peligroso y matarlo, entonces, está bien, está justificado…



Cuando López se vio acorralado, capturado y condenado, supo que el lobo solitario muy pocas veces tiene éxito, si pretende seguir en la lucha sin compañeros que lo protejan. Por eso es que cuando de pronto se vio en libertad, gracias a la ayuda de unos pocos admiradores de su lucha, supo que lo primero que tenía que hacer era crear una familia, donde todos se protegieran entre sí, y que al mismo tiempo fuera una organización, donde todos lucharan por una misma causa, justa, necesaria y urgente.


López pasó escondido, huyendo, muchos años, en la clandestinidad. Pero durante todo ese tiempo no estuvo solo, al contrario, tenía múltiples encuentros con otras personas, algunas de las cuales llegaron a ser miembros de su familia-organización.


A las pocas personas que lo ayudaron a escapar de la cárcel les preguntó: “¿Creen que mi lucha es justa, quieren unirse a mí y pelear por un país mejor?” Varios de ellos dijeron que sí y con la ayuda de ese pequeño grupo de custodios, policías y militares, empezó a contactar gente que pensaba como él y que estaba dispuesta a jugarse la vida por seguir sus pasos.


La familia-organización comenzó a actuar con pequeñas acciones armadas: recuperación de armamento, asaltos a bancos, secuestros, eliminación de enemigos, etc. Poco a poco se fue haciendo más grande. De un núcleo pasó a formar muchas células, luego organismos y finalmente un Ejército rebelde. La Policía y los militares lo combatieron con ferocidad, pero como no contaban con el respaldo del Imperio, pasaron rápidamente del ataque a la defensa.


Fue un proceso lento, largo, pero que luego rindió frutos: López está a punto de tomar el poder en este momento. Su Ejército ya casi acabó con las pandillas, con los políticos corruptos y con algunos de los más importantes oligarcas del país y la Policía y los militares están en desbandada.
La gente, el pueblo, se está empezando a insurreccionar, sueño por el que muchos lucharon, pero que pocos, muy pocos, consiguieron en este país. Su mensaje claro: “No más criminales, justicia para todos”, ha llegado y se ha aferrado al alma popular.


El país es un caos, recuerda a Rusia de 1918 o Nicaragua de 1979…



Cuando tenía ocho años, un día López vio a unos niños pobres jugando con basura al final de la calle donde estaba su casa. En un descuido de sus padres se escabulló y llegó hasta ellos. Jugaron por varias horas. Se metieron a lo más profundo del tugurio donde vivían sus nuevos amiguitos. El brillo de la sonrisa de sus ojos era el mismo, era igual. El éxtasis de la felicidad era infinito en ese momento.


Durante las horas en que duró su “secuestro”, sus padres, que eran personas influyentes, vivieron en medio de la ansiedad y desesperación más profunda y radical. Por eso fue que cuando la Policía “rescató” al pequeño López, sus padres convencieron a políticos importantes del país de que destruyeran la zona marginal que estaba al lado de su barrio de ricos y de un día para otro, López vio cómo el lugar donde vivían sus amiguitos, desapareció.


Un día se le acercó al guardaespaldas de su padre y le preguntó, señalando con su pequeño dedo hacia el predio baldío: “¿Para dónde se fue toda la gente que antes vivía allí?” El hombre se le quedó viendo con sus ojos de cristal negro frío: “Están muertos”, le respondió y se echó a reír mientras jugaba con su pelo y le indicaba que se fuera para dentro de la casa.


López, a pesar de su corta edad, nunca olvidó aquel acontecimiento y siempre sintió que fue su culpa la muerte de sus pequeños amigos…



Para los que no conocen la historia del joven López, que ya le he referido aquí en un escrito anterior, la resumiré a continuación: Al morir sus padres, dejándole una buena herencia, López utilizó su puesto como jefe de redacción de uno de los periódicos más importantes para recolectar información sobre los mayores criminales del país. Para ese entonces, su ideología era una mezcla de justicia social y libertad para el pueblo. Con su dinero, compró el armamento necesario y se convirtió en El Justiciero, un lobo solitario que empezó a matar a los “hombres malos” de su lista de delincuentes, entre los que estaban, jefes de pandillas, políticos corruptos y oligarcas, todos mezclados y entrelazados entre sí, ya que López pensaba que los voraces ricos de su país, explotando a la gente, hundiéndola en la más terrible pobreza, habían provocado el nacimiento de las pandillas y el crimen organizado, al mismo tiempo que habían propiciado el nacimiento de una élite política corrupta, tanto de izquierda como de derecha, con la que controlaban el Estado, para beneficiar sus intereses económicos, mientras que la gran mayoría de la población sufría las consecuencias inhumanas que ese sistema había creado, sin seguridad, salud, educación, ni nada que les permitiera salir adelante, salvo huir del país, arriesgando la vida, con la esperanza de llegar a un lugar seguro donde tuvieran trabajo, comida y techo para su familia.


El Justiciero, después de ejecutar a más de cuarenta de los criminales de su lista, fue finalmente capturado y sentenciado a cárcel de por vida, pero unos cuantos custodios, policías y militares, que admiraban su valor y creían en su causa, lo ayudaron a escapar al asaltar el vehículo policial en donde lo transportaban del Juzgado de Sentencia a la Penitenciaría Central, donde los mismos ricos ya habían pagado buen dinero a los internos, para que López no durara ni una noche dentro de la cárcel.



López finalmente tomó el poder del país con una estrategia nunca antes vista por estos oscuros lados del mundo: cinco pilotos suicidas robaron aviones comerciales –sin pasajeros - y los fueron a estrellar en los centros más importantes de resistencia del régimen, destruyendo así a los miembros del Estado Mayor de la Policía y el Ejército, así como a los líderes de la élite económica que por siglos había mantenido esclavizados al pueblo, y a los diputados del Congreso, al mismo tiempo que sus tropas victoriosas, su gran familia-organización, se tomaban la capital de la República junto con las masas insurreccionadas. Así acabó aquel inolvidable año de 2025…"

 

* "La Insurrección",  pintura de Honoré  Daumier (1808-1879).

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