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San Salvador, 23 de Mayo de 2017
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Las partículas de Dios y del teatro

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Crítica de Héctor Ismael Sermeño sobre «Las partículas de Dios» de Luis Ayhllón, puesta en escena de la compañía de teatro Moby Dick.

Por Héctor Ismael Sermeño (*)

Fotografía: René Figueroa

San Salvador.- La sátira, ácida, cuasi cruel, cuasi verdad, es el humor negro a la máxima potencia. En esta ocasión se ocupa como siempre de costumbres, tradiciones, interacción social, crítica, a la casi censura y no sólo planteamiento, y a Dios. Pareciera que no se plantea nada nuevo.

Lo novedoso es la fluidez del texto, sin largos parlamentos discursivos aunque a ratos se sienten un tanto atropellados. Las partículas de Dios del mejicano Luis Ayhllón; es una obra premiada, pero como ya he reiterado eso no tiene la menor importancia, hasta la consecuente representación en un escenario. El premio Ovación que se otorga aquí es una muestra de esa desigualdad, crasa  en muchos casos.

Sin ser la gran obra que estaba esperando la humanidad, la idea es muy buena en cuanto enfrenta a la ciencia con la no ciencia representada por la religión y todo lo que ambas conllevan en la vida cotidiana: valores positivos y negativos. Todo en tono satírico y en negrísimo humor; eso que al final coadyuva a la existencia de esa humanidad.

Claro, pero por supuesto, no faltan en el texto la mención de los poderes políticos, posibles e ideológicos culpables, posibles e ideológicos daños y dañados. Pero el asunto es que al público le encanta y ríe a carcajadas; como también le encanta, generalmente sin analizar seriamente, ¿para qué si la comedia es para reír?

La puesta en escena contiene varios elementos a favor y algunos en contra. La obra dice que es para tres voces, pero en el escenario se ven, al menos siete, las tres protagonistas, dos narradoras, un sacerdote y un personaje masculino que debió necesariamente ser representada por un actor y no recargarlo en una de las actrices. El director decidió resolverlo así, pero le restó en lugar de sumarle.

Moby Dick es una de las compañías teatrales salvadoreñas más solventes. Esta vez, Santiago Nogales no dirige un texto suyo, pero se apropió muy bien de él, por lo que no le pasó lo que en otros trabajos extra- Moby Dick y le proporciona un buen ritmo al montaje.

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La escenografía mereció ser mucho mejor. Para ser un «estreno mundial», resultó muy cutre y poco atractiva visualmente. Esto se compensó, más o menos,  con una decente iluminación.

Uno de los mejores elementos es el vestuario: adecuado y bien llevado, les ayuda a las actrices a construir sus personajes, como debe corresponder en un montaje serio y profesional.

Dinora Cañénguez está muy bien, demuestra sus tablas y su capacidad para dejarse dirigir. Cercana va una Rosario Ríos, cada vez más desenvuelta, ubicada, mejorando su presencia en el escenario y construyendo mejor sus personajes.

Ahora bien, ese lujo de actriz que El Salvador ostenta, llamado Mercy Flores, sorprende con sus capacidades en el escenario. Sus parlamentos, incluyendo los soeces, son dichos sin las exageraciones ni las vulgaridades de otros actores. La Flores,  siempre muy distante de la sobreactuación, nos ofrece otro trabajo superior de los que se creyera que no son ya posibles, dada su trayectoria en el drama y la tragedia, esta vez en la comedia satírica.

Las partículas de Dios es un buen trabajo, está profesionalmente estructurado y el público lo reconoce. Hasta esta fecha, lo mejor que se ha visto, pero falta el otro medio año. A ver qué acaece mientras tanto.

 

(*) Escritor, historiador y crítico de artes. Es colaborador de contrACultura.

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