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San Salvador, 27 de Junio de 2017
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Los claroscuros de la Secretaría de Cultura en el año del Bicentenario

Lunes 17 de enero de 2011

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Por Camila Navarro*

La institución cerró el 2010 bajo la sombra de los conflictos administrativos y con algunas acciones puntuales en distintas áreas artísticas. Los retos para el 2011, el año de la conmemoración de Bicentenario del Primer Grito de Independencia, son más complejos que nunca.

Sobrevivir a la cotidianidad

Desde su despacho en la Secretaría de Cultura de la Presidencia (SECULTURA), Héctor Samour intenta trazar estrategias que saquen a flote esta institución que en los últimos 18 meses ha naufragado en aguas turbulentas.

Y es que en año y medio de la presente administración de Gobierno los temas recurrentes han sido los conflictos administrativos internos y la carencia de una política cultural de nación.

Pero el panorama no siempre fue desalentador, ya que con la conversión del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) a la Secretaría de Cultura de la Presidencia (SECULTURA), en junio del 2009, las expectativas de cambio eran muy altas.

Esta transformación, que para muchos actores del quehacer artístico salvadoreño debió despertar del letargo a la máxima entidad gestora y promotora cultural del país, desató una serie de disputas internas que solo han entorpecido el proceso de transición.

Una de las mayores sacudidas fue la destitución de Breni Cuenca a inicios del 2010, quien estuvo al frente de la Secretaría por siete meses. Tras el despido y más de un mes sin secretario, el filósofo y académico Héctor Samour fue nombrado en el cargo.

Sus primeros meses de trabajo, asegura, se enfocaron en ordenar la casa. «Cuando se hace la transición de CONCULTURA a la SECULTURA todo estaba en un estado de abandono, con pocos recursos, con falta de equipamiento y un personal con actitud de complacencia y acomodo», dice.

«Breni comenzó a diseñar grandes planes, pero se descuidó de la reingeniería institucional. Sin esa parte cualquier plan carece de viabilidad. Así fue que asumí la secretaría en marzo», agrega.

Para Idalia Zepeda, quien forma parte de la comisión jurídica de la Mesa Permanente de Desarrollo Cultural y que trabajó junto a Breni Cuenca en la SECULTURA, la institución se enfrenta a dos grandes problemas estructurales: cambiar de raíz a una entidad sumida en la complacencia desde su surgimiento y luchar por alcanzar mayor autonomía.

«Que el tema cultural ­algo tan delicado porque se encarga de cuestiones intangibles, artísticas, estéticas, espirituales, entre otras- esté tan cerca de Casa Presidencial (CAPRES) no facilita las cosas», menciona.

Zepeda señala que las mayores dificultades enfrentadas durante su corto periodo al interior de la SECULTURA fueron la burocracia y el afán de protagonismo de algunos funcionarios al momento de proponer nuevos proyectos.

A ello se sumó el escaso presupuesto asignado a la Secretaría. En el 2010 recibió un total de $14 millones, lo que apenas representa un 0.03% del presupuesto general de la nación. Esta asignación de recursos es considerada como un fiel reflejo del lugar que ocupa la cultura en la pirámide de prioridades del Estado.

A pesar que Héctor Samour repite cada vez que tiene oportunidad que «la cultura tiene el poder para construir una cultura de paz», los números y las acciones para hacer realidad su axioma no son contundentes.

«El problema es que todo se ha quedado a nivel de discurso», enfatiza Jennifer Valiente, directora del grupo de teatro Taller Inestable de Experimentación Teatral (TIET).

Sin embargo, Samour señala que incluso en contra de la desidia histórica de la institución y los pocos fondos, el 2010 cerró con logros importantes en las distintas áreas.

Una de sus prioridades fue la nivelación salarial de los empelados de la Secretaría, la creación de nuevas direcciones como la Dirección Nacional de Investigaciones en Cultura y Artes, la Dirección Nacional de Formación en Artes y la Dirección de Relaciones Internacionales y Cooperación Externa.

Otros de sus logros más destacados fue el relanzamiento de sitios arqueológicos como Joya de Cerén y San Andrés, la Sala Nacional de Exposiciones, la revitalización de la red de teatros nacionales y la «dinamización» de la Dirección de Publicaciones e Impresos.

Con estas primeras acciones, la SECULTURA empezó el camino para remover el estigma de una institución acostumbrada a sobrevivir a la cotidianidad.

Sin embargo, las convulsiones con que inició el 2010 se repitieron la primera semana del 2011, cuando las jefaturas de diversas direcciones, subdirecciones y coordinaciones fueron removidas de sus cargos.

Así, con el inicio del año también comenzó la reestructuración de los equipos de trabajo al interior de la Secretaría.

 

* Periodista y fiel fanática del fútbol.

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