contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Abril de 2017

Los dos libros de Rulfo

Por Jorge Castellón

 

Entré a la librería Gandhi que está al frente de El Palacio de Bellas Artes, sobre la concurrida Avenida Juárez, de la Ciudad de México, con la excitación y la convicción de poder descubrir en sus estantes cualquier obra que me propusiera adquirir. No obstante, al finalizar de subir el sexto escalón que de la calle lleva a su entrada principal, supe que debía nada más, por el momento, recoger lo que me estaba esperando desde hacía décadas: las obras de Juan Rulfo.

Le dije a la amable persona que me atendía que sólo deseaba los dos libros de Rulfo. Mientras luchaba por no sumergirme en ese océano de libros, y leía con fingido desinterés la contraportada de la única traducción al español de El fin del homo sovieticus, de Svetlana Aleksiévich, -hecha por esa sobresaliente editorial que es Acantilado-, las obras de Rulfo llegaban a mis manos.

Sabiendo que volvería, pagué los seis dólares de costo de cada libro, corrí escaleras abajo buscando la calle y el café más cercano, para con alegría acariciar esas páginas y dar por cumplido ese rito que me había prometido: cuando regrese a México, lo primero que he de comprar serán los libros de Rulfo.

Comencé a leer sus cuentos al fondo de un patio rodeado de plantas, sentado junto a un nopal al que le había germinado una flor, en una tarde de cielo gris y viento frio, llevado por el recuerdo que desde hace años he llevado en mi memoria, de la imagen de aquel hombre que se tambaleaba al caminar, cargando a su hijo a sus espaldas; rememorando esa conversación – o monólogo- fantástica, dolorosa, trágica y profunda, que resume la esencia misma de una tragedia humana universal; que dibuja el perdón, la piedad, la fidelidad y la honradez; el remordimiento, el arrepentimiento, quizás el amor y la manera en que en el corazón humano se aprietan el bien y el mal, la fatalidad y la esperanza.

Terminado el libro, un silencio persigue al lector, quizás de por vida. Ese silencio que rodea una convicción, un temor o una certidumbre: el de haber agregado un universo más al infinito mundo de la vida.

Pero… ¡¿qué puedo yo agregar o comentar de la obra de Juan Rulfo?! ¡Qué voy yo a mencionar de esa brevedad maravillosa que iluminara a García Márquez, tanto como a Jorge Luis Borges!

Hay obras que hablan solas.

Al final de su vida, en su recelo, su parquedad y su tristeza, sumergido a veces por la sombra del dolor de su niñez, Rulfo nos demuestra que un escritor, que una escritora, es al final, su obra.

Compartir

Escribir un comentario

Norma de uso obligatoria

  • Los comentarios tienen que referirse al tema publicado
  • No se publicarán comentarios fuera de la ley local (difamaciones)
  • No está permitido el lenguaje soez ni ataques personales
  • Reservamos el derecho de eliminar comentarios inapropiados
  • Comentarios breves, no más de 20 líneas
  • No publicaremos anónimos ni falsas identidades

Aclaramos que no publicamos comentarios automáticamente

La opinión de los lectores, no es la de contrACultura


Código de seguridad
Refescar