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San Salvador, 25 de Abril de 2017
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Los paralelos literarios para los jóvenes, según Iván Uriarte

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Una corta entrevista a Iván Uriarte, poeta, narrador y crítico literario nicaragüense, que visitó El Salvador recientemente.

Por Waldemar Romero (*)


Forografía: Flor S. Guzmán. 

San Salvador.- Tener un prólogo como génesis de un poemario es siempre el anzuelo para el lector que desea devorar un buen libro durante una noche de ocio; más aún, de un poeta que ha contemplado buena parte de su vida literaria a asesorar y forjar nuevos literatos en una Nicaragua que aún resucita a Rubén Darío a un siglo de su muerte. Síndrome de pulso, el nuevo poemario de Federico Hernández Aguilar asegura tener la «fortuna» del visto bueno de un poeta de la calidad del «nica» Iván Uriarte: poeta, narrador, crítico literario, doctor en Derecho de la Universidad Centroamericana (Nicaragua) y en Literatura por la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos).

La plática con el poeta nicaragüense fue amena, corta y sencilla, con muchos temas que tocar; con un Rubén Darío como máximo referente dentro de todo su bagaje y la experiencia de coordinar talleres en la Universidad Nacional de Ingeniería de Nicaragua. Lástima el corto tiempo del cual se disponía para realizar la entrevista. Aunque luego, en el cóctel, en el Centro Cultural de España de El Salvador, donde fue la presentación del libro de Hernández Aguilar, la plática siguió con muchas referencias literarias sobre la mesa; o podría ser sobre los bocadillos que se servían en el momento. Luego surgieron las comparaciones realmente altísimas pero al mismo tiempo ideas claras de lo que se necesita dentro del proceso poético en estos días.

 

¿Cuál es su percepción de la poesía joven actualmente?

Los muchachos tienen que descubrir a los escritores del pasado; deben tener un fundamento dentro de la misma poesía. ¿Cómo puedes leer a los más jóvenes, o a los mismos contemporáneos, si has omitido al clásico? Es necesario que los jóvenes lean a Rubén Darío. Mis talleres se enfocan en eso: una introducción a los poetas más importantes.  

 

¿Mantiene alguna relación cercana tanto con poetas nicaragüenses como salvadoreños?

Por los talleres en la Universidad Nacional de Ingeniería de Nicaragua, tengo siempre un contacto permanente con los poetas. En El Salvador, solo por encuentros centroamericanos; pero no conozco muchos jóvenes. Pero me gusta leer tanto a los jóvenes como a los consagrados; es necesario para ejercer un paralelo con lo que se escribió antes y ahora.

 

Usted habla de Rubén Darío como referente. ¿Considera necesario leerlo para compararlo con otros poetas más recientes? 

Es necesario. Este año realizaremos una cruzada por los cien años de la muerte de Darío. Queremos hacerlo por toda Centroamérica. Me gusta no solo por el referente, sino también por la originalidad de este. Pero también hay que conocer a un Ernesto Cardenal; y de pronto compararlo con Octavio Paz (se ríe), para una mejor compresión de los poetas.

 

¿Qué recomienda a los jóvenes en sus talleres?

Leer mucha literatura. Si puedes leer a Melville —el de Moby-Dick— y hacer el paralelo con El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, es realmente muy bueno, aunque eso sería más en narrativa; pero es bueno saber que hasta los grandes tienen sus referentes. Ulises, de James Joyce, puede ser quijotesca; El Quijote, de Cervantes, es su antecesora; o Chéjov, con Vuelo de nostalgia, puede ser paralelo con muchos autores del boom latinoamericano. Siempre será bueno buscar la manera de tratar de llamar la atención del alumno más joven.

 

(*) Poeta salvadoreño.

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