contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 24 de Marzo de 2017

Lunear poemas. Rojas las palabras

LyaGabo

Comentario sobre el libro más reciente de Lya Ayala Arteaga «Rojas palabras» (Editorial del Gabo, 2015).

Por Rafael Lara-Martínez

Desde Comala siempre…

Nuevo México. — rojas las palabras “como de sangre” que provee la tinta del escrito — breves los poemas como reflejo de “hombres en fragmentos” — incapaces de amar a la mujer que los observa ante el “asombro” — ante la sombra que en “mar abierto entre mis piernas” lunea, metzuia — las letras en primavera naciente “desde el papel” — en la hoja anudan folio y follaje — mundo y lenguaje — “el cuerpo intenso hecho de palabras” testimonia que lo biológico augura “muerte pasajera” en el idioma — vocablo de “deseos” al centro — en “revolución” sinódica vuelven en sístole y diástole —vaivén del viento y de los astros que encarna del nacer al morir —elige un cuerpo — la envoltura “de mujer sin miedo” cuya “lengua” paladea “su cultura” — también la tuya que regresa a “envolverme en tus miedos” milenarios —de “historias pasadas”, repetidas, mientras conviene proyectar el futuro en un hijo — un retoño que “de mi piel palpita” en su “túnel” —ensaya trastocar la identidad del “espejo” que la reproduce a imagen de “vos mismo” — hasta erguirse en rama y en su “grito” de “sangre” florear (anthos) —aun si “partida en dos” acepte “la fatal renuncia del amor” — que la invade cual “noche” ósea en el “dolor” — germina “en la piel” y en “los párpados” que te ven — más intenso al habitar el beso — el encuentro azorado de las lenguas —miembros e idiomas de los amantes— permite que circule el amor por una ciudad “injusta” y “triste” — donde “mujeres objetos” y “hombres perversos” unen “flores” y “guerra” — ahí se expanden mis “pequeñas soledades” — amueblan mundos y establecen el “aroma” de una patria cuya huella inunda “la piel” — hasta dejar de ser sí misma al escuchar la Otra voz palpitando en “el alma” — urdida de “saliva” que segrega un “cuerpo” sin olvido — recuerdo de apertura en colecta del ámbito y el amor — “el camino y el sendero” hacia el “roce de tu cuerpo” — de un “amor” inmutable en su transcurso sin retorno— en una sola vida ata “la carne con el espíritu” — en sinfonía estridente a “la soledad” sonora —muerte incesante que no agota el amor —sino transforma el “cadáver” en “muerto” al anidarlo — muriendo siempre bajo “la desnudez de la lluvia y las “ternuras de tu cuerpo” — hecha de “poesía” en “la muerte”; de “tumba”, en “la vida” — hay que hundirse en la “piedra” —materia que permanece constante en el desamor y en el des-odio — tragando tierra por la dermis que trastoca la Una en la Otra, la luz en la sombra — al asumir lo cierto del de-sierto como elemento natural — ya siendo Otra, acuática contextura, “gota” parca y “lluvia” a torrente— a sabiendas que sólo “el forastero” ofrece el amor mismo, ante el “cadáver de Ulises en naufragio sinfín— invoca su cuerpo en hábitat de lo humano, más allá del arquetipo de “madre – “niña” – “amante” –  peldaño de ascenso y hogar de lo inmanente — amante siempre ajeno a su “fuego” que surge de la “cueva” — de los múltiples cuerpos difuntos que recorren su cuerpo vivo — “desde adentro” invoca “tu” presencia en la unión de los contrarios que se desgajan sin cese entre el amor y la muerte — entre palabras y silencios —el amor es la muerte — al estremecer la desnudez del “aliento” obliga al “sacrificio” y depredación del amado — a desollarlo para inscribir en “tu piel” el deleite del poema — circula por “los pasillos de tu cuerpo” como las letras se tatúan en la página vacía —de “compartir mi cuerpo contigo” se desmenuza y reparte en alimento — entre las “cenizas” y el “polvo” del varón se yergue la flor (anthos) — la pulpa de “fruta fresca” que jamás miente en su mentira —en su mentira marítima, ondulante entre “piedra” sólida y “arena” inestable — la palabra marina revierte lo obvio en su ola  — si la mentira no miente, “la verdad olvida” — ol-vida que “la guerra” no se combate a la intemperie — se abate en “la piel” como “espuma ensangrentada” entre el amor y el parto —“la lucha” guerrillera “de mi piel sobre la piel de otro” — en la sombra de la letra da a luz a todas “las mujeres muertas” que excavan la vivencia del hombre — del hombre cuyos “resplandores” corporales gritan al nacer — lloran desde su “traje de cuerpo” la incongruencia — el conejo blanco que “vuelca en la memoria” —  revuela del olvido al recuerdo — viceversa — lya ayala arteaga lía poemas — fragmentos cubistas que encuba hacia odres estampados de su corteza que (com)parte y despedaza — hasta que un día sus lectores nos alistemos a “respirar la muerte” y amar —

 

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