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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 18 de nov. de 2017
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Mujeres sin nombre y sin aplausos. Shirin Neshat

Por Iris Monge.

Las grandes industrias han estandarizado las formas del hacer. La aceptación y aprobación por parte de instituciones que definen qué es arte y cuáles sus géneros, motiva a artistas a continuar patrones y perfeccionarse desde allí, en un molde, para desmenuzar esa obra, y encontrar la receta que les garantice la fama.


En cine, por ejemplo, pareciera que el espectador no da crédito positivo a un film sin FX, romance y final feliz o deje dudas sobre alguna trama, y donde no haya una mujer bella como objeto atractivo.


Pero existen instituciones que buscan reconocer el trabajo independiente. También son una élite, quizás más exclusiva, pero que no pretende el fervor popular, sino dar crédito al hacer sentido y al mensaje que del otro lado, no cabría. Acá encontramos una cantidad de mujeres con magnífico talento: la poética orientada a lo social.


Aristóteles describe el pensamiento poético como el que tiene fin en los sujetos y los objetos que ellos elaboren a perfección. Por otro lado, Osho hace una distinción sobre el arte subjetivo y objetivo, donde el primero sería aquel hecho por placer, sin importar un sentido o utilidad; el segundo, va orientado a la apropiación colectiva de un mensaje que edifique a la humanidad. Acá encontramos sin duda artistas de la academia, que conocen las formas del hacer, pero su necesidad por expresar, a través de la tejné una idea valiosa para la sociedad, hace de su poética, un tesoro.

 

Shirin Neshat. Mujer iraní, y madre, ha dedicado su vida a la lucha feminista con el arte cinematográfico. Partió hacia E.E.U.U. a los 17 años para estudiar Artes, y en ese período, acontece una revolución en Irán (1979), donde se instaura una política rigurosa y estricta con las mujeres y su gente. Al volver, el irreconocible cambio de su tierra motivó a la artista a crear obras de protesta por el sesgo a la libertad de las musulmanas, pero también rompiendo con el estereotipo mal construido en occidente sobre el Islam. Pues en esencia ni la religión ni el Corán proponen abuso, agresión o coartación a la libertad de la mujer.


La obra de la artista está siempre llena de dualidad enfrentada. Para hacer su protesta, no se sitúa del lado mal orientado de occidente, que engendra odio, sino con base en un ideal conciliador.


En la instalación artística, “Turbulent”, se hace referencia a la prohibición que tienen las mujeres para cantar.  Se presenta una proyección sobre dos paredes opuestas que dialogan, en blanco y negro. En una, un personaje masculino, representado por Shoja Azari (su pareja actual) está acompañado por música y espectadores hombres, vestidos de blanco y negro iguales a él y que dan la apariencia de darle apoyo a sus espaldas. Al terminar su canto se dirige a ellos para agradecer los aplausos. Regresa, como por deber, a su posición, para dar tiempo a quien no mira y no acompaña: su encerrada y prohibida colega. En la otra pared, Sussan Deyhim representa a una mujer que está de frente a las butacas, en un auditorio vacío, sin música.  Solamente la cámara la busca para revelar su acto, sin más melodía que su virtuosa voz y la exagerada reverberación que supone dar el espacio vacío reforzando la intención. El personaje masculino es un ente cómodo y pasivo ante el deseo de la mujer, a quien no dará crédito.


Su obra ha sido expuesta en museos y galerías de Nueva York,  Londres, Amsterdam, y más. Su largometraje Women Without Men fue galardonado por su Dirección en la Muestra Internacional de Cine de Venecia de 2009.

 

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