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San Salvador, 21 de Agosto de 2017
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«Natán el Sabio». Las marionetas cobran vida

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Crítica de Héctor Ismael Sermeño a «Natán el Sabio». Dice Sermeño: «El espectáculo está a la altura de las grandes ligas teatrales de América».

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Por Héctor Ismael Sermeño (*)

Fotografía: René Figueroa.

San Salvador.- No, no constituye una novedad. Los títeres o marionetas existen, como el teatro, desde el principio de las civilizaciones: Egipto, India, Grecia, es decir, los de siempre.

El asunto en El Salvador es que dicho trabajo no había alcanzado la maestría suficiente. Generalmente amateur, de «talleristas» y bastante pobre en recursos teatrales y dramatúrgicos; llegando a volverse casi desagradable de observarlo, poco disfrutable y facilón.

Rusia, la antigua Checoslovaquia, Francia y hasta España y Austria desarrollaron compañías de excepción y calidad inigualables. Los portugueses de la Compañía Do Porto, llegaron a la genialidad. También los chinos y los japoneses son buenos.

Sin embargo, en la temporada de 2015 en el Luis Poma, con un trabajo, según uno de los directores, de más de dos años, lo cual se ve; la maestría que Argentina, Brasil y Méjico han alcanzado en América Latina, también se da por primera vez en El Salvador.

Dirigida al alimón por Eric Bass y el salvadoreño Roberto Salomón, Natán el Sabio, de G. Efraín Lessing, con un extraordinario elenco de ocho actores salvadoreños, lo que demuestra, junto con Moby Dick, la gran calidad de algunas compañías nacionales, que superan en mucho, después de haberlos visto, a los elencos de los restantes centroamericanos. El espectáculo está a la altura de las grandes ligas teatrales de América.

Lo bueno del elenco, es que pese a que está conformado por primera figuras como Naara Salomón, Dinora Alfaro y Oscar Guardado, no propicia la lucha de egos y la integración de los ocho permite darle más categoría a la puesta en escena. Ninguno busca robar cámara ni sobresalir inapropiadamente. Mucho tiempo hacía ya de no ver un numeroso grupo de grandes actores en el que todos son buenos y se entregan a su trabajo y al público.

Ahora bien, en cuanto a la escenografía, si bien funciona, los banners pudieron ser puertas reales de madera o parecidas. Incluso que se abrieran para la entrada y salida de actores y marionetas. La iluminación, generalmente complicada en el Poma, ahora estuvo muy bien, al igual que la música.

Personalmente me  congratula este tipo de trabajos de alto nivel. Como ya lo dije el año pasado, el teatro salvadoreño está superando el miedo y la mediocridad. No todos, tampoco se emocionen, si no vean la cartelera. Pero sí bien, no vemos homogeneidad, que además en ninguna parte existe, trabajos de suprema calidad como Natán el Sabio, elevan la categoría del teatro salvadoreño en el escenario. La dramaturgia nacional, poca y discutible, es otro cantar.

Después del trabajo de Sergio Mercurio a principios de agosto, no me parecía posible algo nacional tan sobresaliente como sus marionetas. Qué bueno que no fue así.

 

(*) Escritor, historiador y crítico de artes. Colaborador de Contracultura.

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