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San Salvador, 21 de Sept de 2017
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Oscar 2015

Academy-Awards2

Crítica de Héctor Ismael Sermeño a la entrega del Oscar: «En medio de la baja calidad de filmes concursantes, la ceremonia recupera clase y espectacularidad perdidas».

Por Héctor Ismael Sermeño (*)

San Salvador.- Fue más larga de lo usual, pero la excelente ceremonia de premiación sirvió para paliar la pobreza de calidad de las películas candidatas, con las excepciones debidas.

Neil Patrick Harris, le devolvió la elegancia perdida en los últimos tiempos a la conducción del espectáculo: carismático, bien vestido, seguro de sí mismo y con muy buena dicción fue, junto con la increíble escenografía y sus correspondientes y constantes cambios, más la magnífica puesta en escena, lo mejor de la entrega número 87 de los máximos premios al cine, de Hollywood y del Mundo. La ceremonia volvió a ser un gran espectáculo a la manera que solo la Meca del Cine puede llevar a cabo.

Este año no hubo grandes películas candidatas, por lo tanto, tampoco sorpresas. Los filmes fueron de lo regular a lo mediocre y de lo manido a lo reiterativo, pocos tenían valores y cualidades amplias para competir por el gran premio al cine. No se premió a lo mejor del año pasado, solo a lo menos malo.

Los supuestos y expresivamente pobres experimentos en Boyhood (uso del tiempo), un melodrama del montón y de Birdman (la decadencia de las grandes estrellas del cine que se refugian en el teatro) otro melodrama sin mayores consecuencias que ganó el de la mejor película, dirección y guión, sin haberlos merecido nunca, solamente eran curiosidades artesanales. El supuesto surrealismo que ostentaron no es tan diferente a una telenovela cualquiera.

El gran hotel Budapest, es la que debió ganar todos los premios a los que aspiró. Original, con un gran y estupendo elenco, una excelente historia y una puesta en escena magnífica, fue la mejor película de las candidatas, por eso no ganó.

La Academia estadounidense, venida a mundial sin que ninguna otra cinematografía se le oponga ni la alcance, en esta ocasión fue más previsible: premia la taquilla, sus nacionalismos, sus historias humanas locales, pero también venidas a universales y, pero por supuesto, a los personajes de terribles padecimientos, tal como la ha hecho siempre, porque también se consideran héroes o se construyen como tales —posiblemente lo sean de alguna manera— como a los soldados, gobernantes o personalidades de la Historia.

Por eso premiaron a Julianne Moore, estupenda actriz, pero que no era su mejor trabajo, y su personaje de enferma de alzhéimer. También pasó con Eddie Redmayne y su «biopic» sobre Stephen Hawking.

Ahora bien, ninguno de los cinco masculinos ni los femeninos, eran grandes e intensos personajes, tampoco se proyectan de todo en los filmes, por eso fue que ganaron los menos y perdieron los otros menos. Aunque mucho talento actoral hay, por supuesto, lo que no hubo fueron grandes personajes y, por lo tanto, tampoco grandes películas.

Igual pasó con los directores, exceptuando a Wes Anderson del mencionado Hotel Budapest, quien debió ser el ganador. Lo que demuestra que en muy raras ocasiones La Academia ha premiado como mejor película algo que no sea de Hollywood y cuando lo hace no es del todo verdad, si no vean los premios a un bodrio como El artista en 2012.

La película francesa que no pasaba de ser del montón y cuya temática ya había sido tratada de manera genial en Cantando bajo la lluvia, medio siglo atrás; es un tema hollywoodense, por eso la Academia la premió inmerecidamente en ese año.

Ahora bien, la gala lo fue verdaderamente; tuvo hechos grandiosos a cada momento. Incluso una sorprendente Lady Gaga demostrando que sí es una buena cantante en el homenaje a los 50 años de La novicia rebelde, clásico a cual más y encontrándose en el escenario con la súper estrella Julie Andrews, quien fue premiada con ovación total, de pie, a su trayectoria; de esas que construye Hollywood y vuelve eternas a la grandes figuras.

Lady Gaga supo ser y estar, y lo hizo bien; pero para el cine, la grande era la Andrews, ella tal vez lo será algún día.

Hollywood sigue siendo elocuente reflejo del mundo cinematográfico totalizante; del artístico y del otro. Todos quieren estar en él, todos quieren ganar el Oscar, o aunque sea ser candidato, sobre todo si son de países fuera de Estados Unidos.

Todos quieren ser importantes, con esa importancia que solo ese Megacentro mundial del cine puede dar, nadie más, nos guste o no, ya seamos de Francia, China, Rusia, Argentina, Egipto, Méjico, India, Cuba o El Salvador. Sí, nos guste o no.  

(*) Escritor, historiador y crítico de artes. Colaborador de contrACultura.



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