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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Marzo de 2017
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Pandillas, tregua y santuarios: El problema del hijo mayor

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La tregua entre pandillas desde una perspectiva cristiana

Por Luis R. Huezo Mixco (*)

Debo que decir que en lo personal apoyo totalmente la tregua entre pandillas  que dos mediadores vienen promoviendo en nuestro país  El Salvador desde el año recién pasado. La razón es muy sencilla: esta acción esta sustentada en postulados y doctrinas básicas y fundamentales del cristianismo: El arrepentimiento y la conversión. También involucra el espíritu cristiano de reconciliación como ingrediente para el incremento de la armonía entre seres humanos y una coexistencia pacífica. Una sociedad como la nuestra, en donde mas del 88% de los ciudadanos profesan el cristianismo, ya sea católico o evangélico, no debería tener duda al respecto. También debo decir que me parece natural la sospecha de algunos cuestionando buenas intenciones de los líderes de las pandillas y que vislumbran en sus declaraciones de reinserción propósitos oscuros y engañando a la sociedad; es natural sospechar de las intenciones porque  hay una herencia de violencia y dolor que precede este proceso.

 

Pero de allí pensar o decir, como algunos  lo hacen, que estas personas no son capaces de experimentar una conversión genuina hay un mar de diferencia, porque negarla en ellos es negar la esencia misma del cristianismo. Algunos se atreven a pensar que la conversión sólo es posible en aquellos que realmente no han sido tan malos:  en aquellos que fumaban y dejaron de hacerlo, que eran adúlteros, mentirosos y malhablados y también dejaron de serlo  y otras conductas socialmente condenables. Poner en tela de juicio que un delincuente no tiene capacidad de convertirse  responde a una mentalidad que nos dice, en lo mas íntimo de nuestra mente, que comparados con ellos  nosotros no somos tan malos, que si bien tenemos defectos, en el fondo, aun hay mérito en nuestra vida, que no todo en nosotros esta perdido y que merecemos algo mejor, que merecemos la aceptación de Dios y sus consecuentes beneficios en la vida espiritual, que nosotros sí podemos convertirnos.

 

También he escuchado cierta oposición a la intención de proveer a los pandilleros de una oportunidad laboral dentro de nuestra sociedad. Se habla de ofrecer  trabajo para ellos una vez hayan renunciado a la delincuencia generando empleo y nuevas oportunidades para las cuales se pide el apoyo de toda la sociedad en su proceso de reinserción. Ante estas propuestas se levantan otros actores que dicen: ¿Porque no se dan esas mismas oportunidades a los que nunca han delinquido? ¿Porque si estos han obrado maldad, han dañado miles de vidas asesinando, extorsionando y manteniendo a nuestro país en peligro se les quiere dar oportunidad? ¿Porque mejor no se hace esto en primer lugar con los que nunca han cometido delito pero jamás nadie se ha preocupado por ellos? Aunque verdaderamente las oportunidades deberían ser para todos por igual, en esa posición   yo puedo entrever lo que llamo "el problema del hijo mayor."  Esto que presenciamos es realmente un proceso, porque el arrepentimiento deber ser completo, no parcial, sino este deja de ser un verdadero arrepentimiento, por eso aun falta por ver si  todos los procesos delictivos de las pandillas finalmente cesarán.  Asimismo los procesos de reconciliación no son unilaterales, deben involucrar a todas las partes afectadas, por eso es necesario pensar en las víctimas y la manera de compensar su dolor y pérdida; realmente hay mucho camino por delante.


La parábola de Jesús sobre el hijo pródigo muestra el arrepentimiento de un hijo menor, quien habiendo llevado una vida totalmente equivocada regresa a su padre quien lo abraza en su seno. El hijo mejor no pide privilegios, sino únicamente una oportunidad de ser aceptado y reintegrado al hogar. Pero también nos muestra  la actitud del hijo mayor, quien regresando de sus laboras cotidianas se encuentra con la inesperada alegría del hogar por causa del regreso del menor, "entonces se enojó y no quería entrar", manteniendo distancia sin  intención  de sumarse a la alegría del padre. Las razones por las que el hijo no quería entrar al proceso de reconciliación, sino quedarse afuera quejándose, pueden tener paralelo con la de aquellos que no quieren ser parte del proceso de reinserción en la tregua entre pandillas. Es una actitud de juicio y condena, de amargura y quizás celos. En medio de la imagen de responsable, cumplidor de la ley y obediente, puede esconderse el resentimiento y el egoísmo. Como dice Henri Nouwen: "El abrazo del padre, lleno de luz, es la casa de Dios. La música y los bailes están allí. El hijo mayor esta fuera del círculo de este amor, negándose a entrar." Razones hay muchas para argumentar y expresar resentimiento: "tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos." El hijo mayor necesita reconocer que también es alguien necesitado de perdón, alguien que debe identificarse con el corazón de su padre, "un corazón lleno de misericordia infinita."

 

Entiendo que no es  sencillo perdonar, especialmente cuando el daño recibido involucra la muerte de los seres amados. Coincido con Walter Wink en que " el perdón esta dentro de los mas inesperados  e imposibles actos que un ser humano pueda realizar, y sin embargo la gente lo hace a diario...No puedo encontrar mas que una palabra para eso: Es un milagro". Ha sido un milagro lo sucedido en el proceso de perdón y reconciliación entre las víctimas del Holocausto Judío, también es un milagro lo que ha venido sucediendo en Sudáfrica por muchos años después de la política de segregación racial, también la reconciliación en Chile después de Pinochet ha sido un milagro, como lo ha sido también el proceso de reconciliación después de nuestros acuerdos de paz en 1992. Es tiempo de otro "milagro" de reconciliación en nuestra tierra, y cuando todo este logrado será "necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado."

 

 

Luis R Huezo Mixco. Es investigador en el área de Cultura y Religión.

 

Las citas de la Escritura en Lucas 15 son tomadas de la versión Reina Valera de 1960.

Las citas de Henri Nouwen son tomadas de su libro:  El regreso del hijo pródigo, meditaciones ante un cuadro de Rembrandt. Vigésimoquinta edición. PPC, Madrid, 1992.

Las citas de Walter Wink son tomadas de su libro:  When the Powers Fall. Reconciliation and the Healing of Nations. Augsburg Fortress. Minneapolis. 1998.

Imagen: "El regreso del hijo pródigo" de Rembrandt. (Museo Ermitage, San Petesburgo)

 

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Comentarios   

 
+1 #2 Erick Díaz 14-01-2013 21:28
Muy acertado su reflexión,muy sobria y desafiante a la vez no solo para nuestra sociedad, sino para la cultura cristiana de El Salvador
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+1 #1 Evelyn Galindo-Douce 11-01-2013 02:41
Esta perspectiva me parece muy acertada. Como dijo el Padre Ignacio Ellacuría una vez, "Hay que tener una jerarquía de valores." Lo primero es que el país sea más seguro y que se respete la vida humana. Luego hay que reflexionar sobre cómo hemos llegado a este punto. La situación ha deteriorado de tal forma que mucha gente ve meterse a las pandillas como una táctica para sobrevivir. Permitir eso también ha sido un crimen social. Después podemos pensar en mejorar las oportunidades para la población en general que también es sumamente importante y necesario.
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