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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 25 de Abril de 2017
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¡Pasa el muerto!

Dalton habla de juegos y buen humor Por Juan Jose Dalton

SAN SALVADOR - En Cuba, donde pasé la mayor parte de mi infancia, adolescencia y primera parte de juventud, las cosas se toman con mucho y buen humor.

Recuerdo que en los recreos de las escuelas jugábamos a hacer carreras. Aquel juego se llamaba: "el último: ¡la peste!". Pero siempre había un vivo que al ver que no podía llegar primero, entonces gritaba: “¡Y el primero se la traga!”. Entonces, nadie quería ser el ultimo ni el primero...

La cosa es que recién fui con colegas y dirigentes de una institución a ver cómo transcurría un día de su trabajo de campo (algo que ahora no viene al caso).

De pronto pasó delante de nosotros un carro de muertos, es decir, un vehículo de una funeraria de San Salvador.

Luego de me ocurrió contarle a aquellos colegas y amigos, que en Cuba, cuando alguien veía una carroza fúnebre, los muchachos se "pasaban el muerto", dándose una palmada o tocándose uno al otro y diciendo: “¡pasa el muerto!”.

Es algo así, como quitarse la mala suerte de encima, pero todo, como un juego de niños.

Lo increíble para mi fue que cuando salíamos de Usulután, tras la jornada de trabajo, nos topamos con una carroza fúnebre y de pronto todos (ya bien adultos, aunque sin ser de la tercera edad), nos comenzamos a pasar el muerto.

Todos riendo y dándole una palmada al que tenía al lado y diciendo: “¡te paso el muerto!”.

Después me quedé pensando: ¿cuánto de niñez sobrevive en nosotros?

Pero también, cuánto de buen humor necesitamos para tener algo de felicidad, aún a pesar de los muertos... La verdad es que la mayoría de muertos -en vida-, siempre fueron personas que perseguían la felicidad.

Siento que los salvadoreños somos propensos a la tristeza, desgracias y violencia; en general, al mal humor; quizás por los sistemas arbitrarios que hemos vivido, en los que impera el desprecio a la vida.

Hay quienes creen que el dinero es el único motivo de la felicidad, pero se vuelven tan voraces que su obsesión por el dinero los termina matando del corazón y el hígado.

Ojala pudiéramos, en conjunto, "pasar el muerto" a alguien que se lleve las desgracias y la mala suerte a otro lado... Talvez haya algún grupo de políticos y negociantes aburridos y "mala leche", que carguen con "el muerto" a otro mundo: al mundo raro.

(*) Periodista salvadoreño

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