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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 23 de oct. de 2017

Patagonia Mágica

Relato de una travesía porlos confines del Hemisferio Sur

Texto y foto:Rodolfo de los Reyes Recabarren

Que no se olvide que alguna vez quise conquistar el  mundo; He atravesado los mares, canales, desiertos y floresta salvaje hasta el último suspiro de este  
planeta, para ver brillar azul intenso los cielos, albas majestuosas las montañas, mirar los ojos del alce nativo de  mi patria, el Huemul, sentir el aliento al león de montaña, recorrer canales donde antaño Alacalufes,  Onas y Yaganes surcaban la mayestática marea, en busca de ballenas y lobos marinos; observar el aleteo de los cóndores en el nido, el graznido de las águilas, pisar la tierra que aprisiona en su cementerio de barro, en los bosques australes la brutal y tenebrosa historia de la "Isla de los Muertos", en las proximidades del hace poco inaccesible caserío “Caleta Tortel”; allí yacen los cientos de obreros asesinados por la Compañía Explotadora del Baker a principios de 1900; con sus barcos hundidos, y el fuego que arrasó por años la tierra que( Registrada en el libro "La Patagonia Trágica") aún clama por justicia; las bocas sentenciadas a la humillación del silencio perpetuo; pero la búsqueda es mi brújula en los montes de Melymoyu, ese del que hablaba nuestro gran escritor Miguel Serrano en sus momentos fugaces en que la locura  acrisola la verdad; En algún momento puse mi bandera en el cruce de los colosales y gigantescos ríos Baker ( el más  caudaloso de Chile capaz de saciar la sed de todo el planeta) junto al Neff; punto crucial de las reservas de agua dulce del mundo, donde hoy Hidroaysén quiere construir sus monstruosos proyectos de mega represas.

Pero años antes que la codicia quisiera desgarrar el fin del mundo, nuestra mágica Patagonia que cuál Alaska del Sur, avizora los espacios sagrados al universo, las siderales y misteriosas puertas de entradas de los ovnis y los seres extraterrestres; Hoy comparto estas imágenes como homenaje al espíritu aventurero de la poesía y los hombres que pueblan las tierras más australes del mundo, tierras puestas en peligro ante la voracidad de las grandes empresas.

No obstante entre sus habitantes, chilenos e inmigrantes europeos, vi el  espíritu humano hermanado al terruño, el sentimiento de pertenencia y protección a  la madre tierra, el tesón de habitar el territorio, donde el peligro es pan de cada día, escondido en la vastedad salvaje de su horizonte. El Frío, nieve, los hielos, aguas turbulentas, vientos, lluvias, distancias infinitas, soledad sempiterna, animales salvajes, bestias mitológicas, leyendas y la muerte fantasma asolando el alma como un cuchillo metálico  que desgarra toda serenidad.

De alguna forma, los fantasmas de los naufragios, los barcos encallados, hundidos y aniquilados por la guerra filibustera; los cazadores de indios, los aventureros del oro, los expedicionarios en búsqueda de la Ciudad de los Cesáres, los antiguos fugitivos nazis refugiados, ocultos y clandestinos, disfrazados de inofensivos colonos, conquistando islas en el vientre insular del Chile patagónico. Los arqueólogos, la búsqueda del Santo Grial ( Robado por los nazis y traídos a un santuario secreto), los evangelizadores franciscanos como el recordado padre Antonio Ronci, quién con sotanas y sandalias recorrió los ventisqueros y glaciares, las islas y los bosques con el mensaje de Jesuscristo. El espíritu conservacionista de extranjeros como el alemán Gunter Shaffer, ecologista profundo, que alimentaba a los pumas con sus ovejas y animales, y custodiaba el origen y nacimiento del Baker, desde el Lago General José Miguel Carrera, el lago más grande de Chile y el segundo más grande de Sudamérica; de cuyas aguas nace el Baker, como desaguadero de sus marinas proporciones casi bíblicas.

Navegar el Baker, siendo río y luego canal en Caleta Tortel, es navegar el tiempo, observar sus dimensiones, el trayecto de sus rápidos, sus brazos desperdigados en los deltas, sus orillas de bosques, islas, cascadas y ocasionales viajeros en botes. Estar a un segundo de la muerte en sus gigantescos remolinos, que ya han tragado la vida de varias docenas de hombres y mujeres; navegar el río Baker con un lobo de mar, como don Indolencio Cruces, baqueano patagón, quién en  sus afanes marítimos llegó al austral Puerto Williams el confín último de Chile, antes de la Antártica, es sentir el pulso de la Patagonia y su triste humanidad, sufrida y trágica, que día a día, le gana la existencia a la naturaleza desatada en su extrema ferocidad. Aún así estos hombres curtidos por la vida, guardan cierta inocencia infantil en su espíritu, cuyos rasgos aún guardan el sentido lúdico de las cosas.

Hay trayectos del río Baker que deslumbra por su belleza y por su singularidad de paisaje. Vemos la selva virgen, pero no tropical, pero cuyas floresta exuberante, verde y orillando el río, unido a  la tierra o a arenas blancas en la playa ribereña, parecen sacadas de una postal del trópico o del Caribe, y no de la selva fría de la Patagonia.

“Quién no conoce el bosque chileno no conoce este planeta” sentenció el poeta Pablo Neruda hace décadas, sin sospechar que nuestro bosque nativo, ha sido pulverizado en astillas, aniquilado por la empresas forestales, el fuego de los agricultores, la voracidad de las empresas madereras, la ignorancia de los habitantes, casi desterrando de la faz universal nuestra flora nativa, que aquí en la Patagonia reverbera en su esplendor, y luce verde, intensa y masiva en su arboleda libre y silvestre, ajena a las maquinarias y a las grandes ciudades, forestando las montañas y la piedra solitaria del territorio austral.

Los misterios patagónicos no incluyen los mitos chilotes. Si encontramos en su galería mitológica la inubicable “Ciudad de los Césares”, “El Santo Grial” y los fantasmas de “La Isla de los Muertos” unido a los naufragios y las batallas de filibusteros y corsarios, soldados españoles y navegantes aventureros; estos son los relatos que devoran noches a orillas de fogones y fogatas. No obstante los testimonios aislados de algunos raros avistamientos de OVNIS y seres marinos y fluviales (en ríos y lagos que son como mares) de  especies de serpientes gigantes o dinosaurios marinos al estilo del monstruo del Lago Ness, “Nessi”, no son inexistentes. Abundan los testimonios de temerosos pobladores de remotos lugares, entre lo más remoto, que navegando días para ir a comprar en los ríos o canales, y/o lagos han visto seres de dimensiones colosales cerca de sus botes, y estos no han sido ni ballenas, ni “Toninas” (delfines australes), ni mantarayas, ni lobos marinos, que abundan en esas latitudes. Por otro lado, extrañas y curiosas secta religiosas han buscado y colonizado  islas       para supuestos contactos con seres extra dimensionales o de otros planteas, en alejados lugares, supuestos portales de acceso a otras dimensiones galácticas.    

Incluso los Carabineros de Caleta Tortel, han recibido informes de seres no terrenos en lejanos puntos de la región austral, al que a veces han acudidos armados con el temor y la emoción de lo desconocido. Algunos de ellos han sorteado la muerte tras los naufragios o el brusco cambio climático, con sabrosas aventuras que entretienen la sobremesa nocturna.

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