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San Salvador, 30 de Abril de 2017

Plagios

ManuelVicenteH

¿Hay plagios o no? ¿Cómo podemos hablar de plagios cuando está visto que hoy más que nunca «nada hay nuevo bajo el sol»? Realmente la cuestión da para más.

Por Manuel Vicente Henríquez B. (*)

San Salvador.- La noticia circuló a nivel mundial: una entidad peruana que vela por los derechos de autor y la propiedad intelectual confirmó que el autor de Un mundo para Julius, Alfredo Bryce Echenique, había plagiado no uno sino quince artículos de diversos autores, aparecidos en diferentes medios de comunicación de todo el mundo.

El escritor peruano, como era de esperarse, negó haber cometido plagio alguno, sin embargo, según las investigaciones, todo indicó que sí lo había hecho.

Lo grave del caso es que, aparte de «saludar con sombrero ajeno», el peruano es un escritor renombrado, con una reputación labrada a lo largo de los años, que lo ha posicionado como uno de los escritores más importantes del país andino.

Pero este caso no es excepcional, pues al averiguar más sobre el tema, pareciera que el plagio literario es más común de lo que pensamos. Las acusaciones de haber cometido plagio han recaído en plumas como las de Carlos Fuentes, Camilo José Cela, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez, por nombrar solo unos cuantos de los literatos más conocidos y quienes han, supuestamente, escrito obras plagiadas de las de otros colegas.

Pero, ¿qué es plagio? Etimológicamente la palabra plagio viene del latín plagiare, que significaba «usar el esclavo ajeno, reteniéndolo y utilizándolo como si fuera propio». Por otro lado, si nos atenemos a lo que dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, encontramos que plagio es «copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias».

Así las cosas, el que un escritor plagie la obra de otro y la publique con su nombre sería visto como el peor «delito» dentro del mundo literario. Sin embargo, muchos de los escritores que a lo largo de los años han sido acusados de plagiadores han argüido a su favor que ellos solo han re-escrito historias ya contadas, es lo que muchos teóricos llaman hoy día inter-textualidad, recombinaciones y/o ready-mades entre otros neologismos.

Todo esto a lo que nos lleva es al viejo debate de si existe o no originalidad en el arte o, para el caso de este texto, en la literatura. En esta «Era de la información», en que las barreras son cada vez menores, en que las nuevas tecnologías nos interconectan como nunca antes en la historia humana y que la globalización nos hace cada vez seres más mundiales, pareciera que hoy sí ya está escrito todo. Así, podemos decir que en literatura la originalidad absoluta no existe, puesto que lo que uno escribe forzosamente tiene una base anterior. Es lo que se conoce como influencias, beber de otras fuentes, etc.

De esta idea del eterno retorno es que se aferran los escritores acusados de plagio y algo de razón tienen; pero ojo, sí estamos de acuerdo en que hay influjos, tradiciones literarias, escribir sobre las mismas ideas que otros ya trabajaron. Eso, qué duda cabe, no es de ninguna manera plagio. Mas cuando vemos literatos que de manera intencional copian estilos autorales, textos completos y los firman con su nombre y apellido, ahí sí están plagiando de cabo a rabo. Recuerdo el caso impúdico de Jorge Bucay, escritor argentino de literatura de auto superación, a quien se le comprobó judicialmente que copió íntegramente un total de sesenta y un páginas del libro La sabiduría recobrada de la filósofa española Mónica Cavallé y las puso en su obra Shimriti, de la ignorancia a la sabiduría.

Entonces, ¿hay plagios o no? ¿Cómo podemos hablar de plagios cuando está visto que hoy más que nunca «nada hay nuevo bajo el sol»? Realmente la cuestión da para más, pero como creador sé con certeza que hay límites (no solo éticos sino estéticos) a la hora de hacer literatura, como el no presentar como propia la obra que escribió otro.

Es que no se vale.

(*) Comunicador, narrador, columnista de contrACultura.

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