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San Salvador, 27 de Junio de 2017
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Prólogo del libro «Ver, oír, callar»

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Reproducimos el prólogo del antropólogo Carlos Benjamín Lara Martínez para el libro «Ver, oír, callar. En las profundidades de una pandilla salvadoreña» de Juan José Martínez.

Por Carlos Benjamín Lara Martínez (*)

Universidad de El Salvador.

San Salvador.- El programa de la Licenciatura en Antropología Sociocultural de la Universidad de El Salvador tiene como una de sus columnas vertebrales la investigación científica, la cual se lleva a cabo a través de los seminarios de investigación, que los estudiantes cursan a lo largo de un año y medio. Esta investigación se realiza con base en el método etnográfico, que consiste en la convivencia directa y prolongada con los sujetos sociales en estudio. Así, los estudiantes conviven directamente con diversas poblaciones y grupos sociales del país, obteniendo una visión amplia y profunda de la diversidad sociocultural salvadoreña.

El trabajo que presenta Juan José Martínez d´Aubuisson, egresado de Antropología Sociocultural de la Universidad de El Salvador, se ha realizado en el marco de este programa académico, como parte de un proyecto de investigación antropológica. El trabajo completo constituye un estudio académico de antropología sociocultural. No obstante, en esta ocasión el autor pone a la consideración del público una parte de su trabajo, sus diarios de campo, a los cuales les ha dado una orientación de tipo periodística. Esta orientación periodística se hace sentir, cuando el investigador ordena sus datos de manera que el lector va siendo llevado hacia una trama que recuerda a la novela negra.

Pero en este ordenamiento de datos, el investigador da rienda suelta a la subjetividad, manifestando su descontento o falta de tolerancia ante la presencia de las iglesias evangélicas y pentecostales en la comunidad. Desde el punto de vista de las Ciencias Sociales, el investigador debe mantener una actitud de relativa neutralidad, observando de manera menos apasionada las diversas opciones culturales de los sujetos sociales que integran la nación o una localidad determinada.

Sin embargo, es importante que se desarrolle esta rama del periodismo, lo que podríamos denominar como periodismo antropológico, que puede dar cuenta del desenvolvimiento de la vida social cotidiana de diversas poblaciones de El Salvador. El fomento de este tipo de periodismo es un aporte importante para el avance intelectual de la nación, pues da a conocer la diversidad de estilos de vida y de sistemas socioculturales que existen en El Salvador.

Martínez se ha internado en una comunidad dominada por la Mara Salvatrucha 13 (MS), la cual se encuentra en un abierto conflicto con la pandilla Barrio 18. La dinámica del conflicto de la MS con la otra pandilla o mara, condiciona la vida social cotidiana en esta población. En consecuencia, la oposición y conflicto entre la MS y Barrio 18 o, como diríamos en la teoría antropológica, la oposición y conflicto entre el nosotros y los otros, condiciona la construcción de la identidad sociocultural en esta comunidad.

Es interesante resaltar este aspecto del trabajo de Martínez, ya que en el caso de las maras, como en el estudio de los grupos étnicos y de otros grupos portadores de identidad, la identidad sociocultural no se define únicamente a partir de los símbolos culturales, sino que ante todo la compone una relación social, la relación entre el nosotros y los otros, en donde los otros son los diferentes a nosotros. Esta relación social, que es una relación de oposición y conflicto, constituye la base de la identidad sociocultural, sobre la cual se construye un sistema de símbolos culturales –grafitis, representaciones de la MS, formas de hablar, etc.– así como un sistema de relaciones intragrupales o al interior del grupo, como la organización de las clicas y el sistema de autoridad que se cimenta al interior de esta y en relación a la mara.

En este sentido, la configuración de un grupo como la mara supone la construcción de una identidad sociocultural, una identidad que les proporciona sentido de pertenencia al grupo. Esta identidad sociocultural es, en sí misma, un fenómeno holístico: incorpora todas las instancias que conforman el cuerpo social. En consecuencia, nuevamente observamos que la identidad no es un fenómeno puramente cultural, como muchas veces se ha querido establecer, sino que involucra a la totalidad sociocultural, que tiene como base (o fundamento) una relación social, la relación entre el nosotros y los otros, la cual supone procesos económicos, políticos y culturales.

En concreto, esta relación de oposición y conflicto entre la Mara Salvatrucha o, en su versión más local, entre la clica de los Bravos Locos Salvatrucha, y las clicas de la pandilla Barrio 18, condiciona la configuración del poder social en estas comunidades. De hecho, las clicas definen territorios determinados, en los cuales establecen un sistema de autoridad, ejercen dominio sobre la economía local, a través de un sistema de rentas, y desarrollan un código cultural propio.

A partir de esta relación de oposición y conflicto, que en el caso del libro Ver, oír, callar adquiere un carácter violento, se construye el sistema de relaciones intragrupales y el sistema cultural de autoidentificación e identificación por otros, basado en la lógica de lo propio y lo ajeno.

En cuanto al sistema de relaciones sociales intragrupales (o al interior del grupo), la mara está constituida por clicas, que son las unidades más pequeñas que dominan territorios determinados. No obstante que todas las clicas de una misma mara mantienen una identidad común y poco a poco estas clicas han venido tejiendo una estructura social de carácter nacional (la máxima expresión de este fenómeno es la tregua entre las maras, que se logró con la intermediación de la Iglesia católica y del Estado nacional), tanto esta identidad sociocultural y esta estructura social, ambas de carácter nacional, son débiles, la identidad y la estructura social son fuertes a nivel local, a nivel de las clicas. Es por ello, que podemos sostener que el grupo social está constituido por la clica –en este caso, los Bravos Locos Salvatrucha– más que por la mara.

A nivel de la clica, la estructura de relaciones sociales se construye en torno a un hombre fuerte, es un sistema parecido al del «big man», descubierto por el antropólogo norteamericano Marshall Sahlins[1] entre las tribus de Melanesia. La principal característica de este sistema, aplicado en este caso, es que las relaciones sociales giran en torno a un hombre fuerte, que dirige la clica por un periodo determinado, descansando en su persona la toma de decisiones. Sin embargo, el reinado del hombre fuerte dura poco, termina cuando es asesinado o capturado o cuando se vuelve evidente que no tiene capacidad para imponerse a la clica contraria.

Pero a diferencia del sistema del «big man» melanesio, cuando el hombre fuerte termina su reinado la clica no se desmorona, sino que los miembros de la clica buscan un nuevo líder y, es más, muchas veces el nuevo líder ya está listo para asumir la conducción del grupo poco antes de que el líder anterior caiga. En este sentido, la clica constituye una estructura permanente, que se mantiene a través del tiempo, a pesar de que las personas cambien.

Un elemento fundamental de la clica, es que genera un fuerte sentido de solidaridad y ayuda mutua entre sus miembros. Los integrantes se apoyan y se protegen entre sí, comparten las pequeñas ganancias económicas que obtienen, auxilian a los miembros de la comunidad en momentos de angustia y defienden a sus miembros de los ataques de otras clicas o de sujetos ajenos a ellos o a la comunidad. Este es un elemento de gran trascendencia en una sociedad amenazada por la violencia social (no solo por las maras, sino también por el crimen organizado, el tráfico de drogas, etc.), la crisis económica y los desastres naturales.

Esta estructura social –las relaciones sociales de oposición entre el nosotros y los otros y las relaciones intragrupales– generan un sistema cultural que está constituido por los símbolos que autoidentifican y son identificados por otros como propios del grupo. Estos símbolos, en su nivel más superficial (o manifiesto) están constituidos por los grafitis, las siglas de la MS, el lenguaje que utilizan (esa forma de hablar al revés), la vestimenta, la forma de cortarse el cabello, y otras manifestaciones más. Pero en su nivel más profundo expresan los valores y las normas sociales que orientan la vida diaria de los individuos, esto es, el sentido de la vida para los miembros de la clica y de la comunidad a la que pertenecen.

Del material proporcionado por el investigador Juan José Martínez d´Aubuisson, observo tres valores fundamentales: solidaridad, sacrificio y terror. El sentido de solidaridad ya lo he desarrollado en un párrafo anterior, me interesa en esta ocasión profundizar en el sentido del sacrificio y terror.

Sacrificio y terror es una dialéctica que ha estado condicionando desde tiempos ancestrales el comportamiento de las poblaciones que habitan el área conocida en antropología como Mesoamérica[2]. Es lo que Ignacio Martín Baró denominó el fatalismo latinoamericano[3] y consiste en aceptar las condiciones de vida por duras que estas sean. En este caso, consiste en aceptar una dinámica de violencia permanente: el miembro de la clica sabe que tiene que matar, también sabe que lo van a matar, no hay manera de escapar a esta realidad.

Es una visión sacrificial, martiriológica, los individuos se sacrifican para que el grupo sea fuerte, para que la clica y la mara adquieran poder. En otras palabras, el individuo se sacrifica en favor de la colectividad. Pero esta visión sacrificial está inmersa en una cultura de la supervivencia, en la clica y en la mara no hay beneficios materiales evidentes, más bien lo que predomina es un sentido de fuerza y de poder del grupo.

Pero el sentido de sacrificio va acompañado a un sentido de terror: la fuerza y el poder de la clica y de la mara se hacen sentir infundiendo terror. Es por ello que muchas veces los asesinatos se realizan con lujo de barbarie, como la buseta que es incendiada con personas adentro: diecisiete murieron, algunas calcinadas en el acto, y otras catorce resultaron lesionadas, nos informa Martínez. El terror es poder.

Así, el material que nos proporciona Juan José Martínez d´Aubuisson permite entender a la clica Bravos Locos Salvatrucha en cuanto que totalidad sociocultural. Esta visión holística o de totalidad sociocultural es fundamental para entender a la clica en toda su complejidad, pues todo fenómeno social, decía Marcel Mauss[4], es un hecho social total.

NOTAS

[1] Sahlins, Marshall: «Hombre Pobre, Hombre Rico, Gran Hombre, Jefe: tipos políticos de Melanesia y Polinesia», en J. R. Llobera: Antropología política, Barcelona, ANAGRAMA, 1979.

[2] Mesoamérica es un área cultural que se configuró en la época prehispánica y va desde el centro de México hasta la costa pacífica de Nicaragua, pasando por lo que hoy conocemos como El Salvador. A pesar de las grandes transformaciones que han tenido las sociedades del área mesoamericana, Mesoamérica sigue constituyendo un área cultural.

[3] Martín Baró, Ignacio: Acción e ideología: psicología social desde Centroamérica, San Salvador, UCA, 2008.

[4] Mauss, Marcel: Sociología y Antropología, Madrid, TECNOS, 1979.

(*) Antropólogo salvadoreño graduado en México y con maestría en Antropología Sociocultural en Canadá.

Para más información sobre el libro: AURA Ediciones.

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Comentarios   

 
0 #1 Carlos Machado 04-10-2013 10:10
Acabo de leer este libro y me ha parecido asombroso. La mayoría de las veces, el no conocer de un tema determinado hace que tengamos una percepción muy distinta a la realidad.
Felicitar al autor es poca cosa con la utilidad que se le puede dar a este libro.

En mi opinión, las autoridades deberían de usarlo para crear estrategias que ayuden a prevenir que los jóvenes entren a las pandillas..
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