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San Salvador, 19 de nov. de 2017
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“Quiero ser la mejor..."

Entrevista con Grace Henríquez, uno de los jóvenes valores del ballet salvadoreño  

Por Gerardo Arbaiza

Fotos: Gabby Chacón/Archivo de Grace Henríquez

SAN SALVADOR – De sus 20 años de vida (San Salvador, 1991), Grace Henríquez ha invertido alrededor de 16 años desarrollando el ballet clásico, desde que con solo 4 años de edad, se pusiera bajo la batuta de la maestra Gisela de Estrada en la escuela de ballet Macholah.

En esta entrevista, Henríquez comenta que estuvo alternando otras actividades hasta los 14 años, cuando decidió sopesar el ballet, arte que la ha llevado a participar de una considerable cantidad de puestas en escena, además de compartir presentaciones con bailarines como Alex Cornejo y de recibir instrucciones por parte de Irina Flores, de quien dice ser admiradora.

Siendo la bailarina más veterana de su escuela, Henríquez sabe lo que es pisar un escenario y encarar un público desde que tenía solamente cinco años, principalmente en presentaciones con un marcado enfoque familiar, pero que según ella siempre cuentan con buena afluencia de espectadores, debido a lo que considera una “visión única” que le imprime la maestra Estrada al armado de cada presentación.

Pero más allá de la buena reacción del público, la también estudiante de la carrera de Química y Farmacia menciona que su sueño dentro del ballet no se mide con hasta que países pueda llegar con la interpretación de su arte, sino poder llegar a ser la mejor bailarina que es capaz de ser.

Asimismo, aunque siente que las nuevas bailarinas en la escuela admiran su talento, ella considera que aun tiene mucho por aprender, por lo que no se mira en un futuro como una instructora de ballet, ya que dice tener su enfoque solamente en bailar.

¿Cuándo descubriste que el ballet era la pasión de tu vida?

En realidad no fue que me puse a pensar un día que esto era lo que quería. Cuando estaba en el colegio, llegaban entrenadores de fútbol, gimnasia y otros deportes a intentar convencerme que entrenara con ellos, pero cuando tenía que decidirme entre otras cosas y el ballet, siempre estaba más inclinada al ballet y lo puse por sobre todo.

¿A qué edad fue eso?

A los 8 ó 9 años. Estuve entre esa edad y hasta los 14 años practicando fútbol, tennis, natación y un poco de gimnasia artística. Llegué a un punto en que esas actividades me chocaban con los ensayos de ballet y tuve que tomar una decisión.

¿Cuál fue tu primera presentación que recuerdas bien?

Sacamos “El Jorobado de Notre Dame”, no recuerdo a qué edad. De ahí, cuando tenía 8 añosinnergh2, participé en una competencia, que no fue exactamente una presentación pero de los primeros eventos importantes que recuerdo.

¿Cómo ha sido tu experiencia en los ensayos, todos estos años en la misma academia en la que comenzaste siendo muy niña?

Yo empecé en la primera clase que tuvo la escuela y durante ese tiempo he visto ir y venir a bastantes chicas, incluso más talentosas que yo pero que por lo mismo que tuvieron que decidirse entre más cosas, optaron por dejar el ballet. Hasta hoy sigo manteniendo contacto con algunas de las que fueron mis mejores amigas.

¿Crees que las nuevas chicas de tu escuela ballet podrían considerarte como una referencia de lo que quieren llegar a ser dentro del ballet?

No digo que quisieran llegar a ser como yo, porque a mí me falta mucho por aprender, pero en términos de perseverancia y constancia, sí. Debo reconocer que hay muchas niñas nuevas que admiran lo que hago y aun cuando no me considero una gran bailarina, se siente bien que digan eso de lo que yo hago.

¿Podrías considerar enseñar tu talento en un futuro o ya lo estás haciendo?

No considero enseñar nunca, porque mi enfoque está en bailar y no en instruir, aunque cuando alguien me solicita ayuda con algo, yo le explico.

¿Qué te ha enseñado el ballet que otras actividades que realizas no te han dado?

Hay puntos en los que tienes que bailar sobreponiéndote al dolor físico, sin que lo evidencies. He aprendido a manejar eso bastante bien porque el ballet te exige bastante desempeño físico y presentarte en escena, aun cuando algo no ande bien con tu cuerpo.

Además de eso, disciplina y entender que no me tengo que comparar ni tratar de sobrepasar a nadie, sino a mí misma. Tengo que ser bastante perseverante para lograr eso.

En prácticamente 15 años de presentaciones ¿Cómo has visto la expectación de la audiencia que viene a ver sus puestas en escena y que reacción tienen con el espectáculo que les ofrecen?

Mi escuela no es como la típica escuela de ballet. Nuestras presentaciones siempre difieren de la anterior, ya que la directora de la escuela, Gisela Estrada, tiene una visión única que hace que a la gente le agrade, tanto así que a pesar que no se hace mucha promoción, nuestras presentaciones tienen por lo general bastante público.

¿Cuál es el enfoque que tienen sus presentaciones: Un enfoque familiar u orientado hacia un público más crítico?

innergh1Es totalmente familiar. Esto depende de nuestra directora, además que incluimos a niñas chiquitas en las presentaciones.

¿Han presentado otro tipo de obras que salgan del molde común que maneja tu escuela?

El año pasado presentamos “El Cascanueces”, que es una obra de ballet clásico puro, la cual considero que salió bien aun cuando fue algo que no acostumbramos a presentar.

¿Consideras que es bueno que el ballet clásico sea usado dentro de otros géneros musicales más modernos o te catalogas como una “purista” del ballet clásico?

No estoy cerrada a ese tipo de mezclas, porque considero que el ballet clásico es la base para todos los bailes. Cada género tiene que llevar algún elemento del baile. Por ejemplo vi una vez en internet una obra en la que combinaban ballet clásico y rap y se veía bien, porque al final son expresiones del arte. En lo personal sería interesante probar como adapto mi propio estilo en géneros como salsa, ya que estoy como muy acostumbrada al ballet clásico.

¿Cómo percibes la apreciación del público salvadoreño ante el ballet?

Hay ciertas personas que se interesan en el arte y saben lo que uno transmite en el escenario, pero hay otras que no consideran esto como importante, incluso piensan que es algo ridículo. En general hay cierto desconocimiento del arte en sí.

¿Qué crees que haría falta para mejorar la percepción de la gente hacia el ballet?

Es de reconocer que en los últimos años ha surgido poco a poco más gente que apoye el arte, pero si bien nuestra cultura no es el ballet en sí, sería necesario hacer más conciencia en la importancia de las artes. Hay carreras universitarias que están plagadas de jóvenes, pero es raro ver en el país a músicos, artistas o bailarines que tengan éxito.

¿Cuál es la vitrina más grande que el ballet te ha permitido tener en tu carrera?

Todas las experiencias son iguales, en la medida que aprendo algo nuevo de cada una de ellas, pero la que más me ha retado fue la de “El Cascanueces”, por ser totalmente ballet clásico e implicarme mucho trabajo, tiempo y esfuerzo, además de hacerme ver que tengo un largo camino de aprendizaje por recorrer.

¿Cuál es el sueño más grande que te has planteado en tu carrera?

Mi sueño más grande no tiene que ver con presentarme ante un público específico, sino ser la mejor que puedo ser. No creo que eso se mida con hasta que país me puedo presentar, sino que con lo que tengo, llegar lo más cercano a la perfección posible.

¿A que bailarines admiras en el plano nacional e internacional?

En el país admiro a Irina Flores. Yo tuve la oportunidad de recibir clases con ella y de bailar con su compañero Alex Cornejo; además he apreciado lo bien que ha bailado por tantos años y que tiene una fuerza increíble.

Internacionalmente admiro a mucha gente, pero sobretodo a Marianela Nuñez porque ella representa todo lo que quiero llegar a ser, aparte de hacer interpretaciones limpias, transmite algo especial al público y es lo que yo quiero hacer.

¿Cuánto tiempo crees necesitar para desarrollar todo lo necesario para convertirte en la bailarina que has soñado?

No sé exactamente cuando vaya a terminar, porque como te digo, aun me queda mucho por aprender. Yo creía que iba a dejar el ballet el año pasado, por mis estudios universitarios, pero logré ver que podía hacer el tiempo para llevar todas las cosas a la vez. Ahora solamente pararía hasta que algún percance físico serio, como una fractura, me impidiera bailar.

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