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San Salvador, 27 de Mayo de 2017
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Regalías por Derechos de Autor

A propósito de la conmemoración del Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor este 23 de abril de 2016.

 

Por: Mercedes Seeligman

La primera legislación aprobada por el Parlamento Inglés sobre derechos de autor en occidente data de 1710 y se conoce como El Estatuto de la Reina Ana. Un par de siglos atrás se dio el primer reclamo de reconocimiento de derechos de autor en la figura de Antonio de Nebrija, creador de la primera Gramática del Castellano en 1492, y que fue publicada y presentada a la reina Isabel mientras los primeros barcos cruzaban el océano hacia la búsqueda de nuevas tierras. Si se piensa en el tiempo transcurrido es de admirar los esfuerzos de países en los que el tema de derechos de autor ni siquiera se discute, se cumplen a cabalidad porque su cultura se ha ido moldeando en el cumplimiento de la ley. Otros escenarios, otras costumbres.

En nuestro país, por el contrario, ha sido este 25 de febrero una fecha histórica pues por primera vez se ha entregado las regalías correspondientes a un grupo de músicos destacados cuyas obras en forma de canciones y arreglos debidamente registrados como corresponde a su trabajo de creación artística, han generado un dinero producto del uso que otros han hecho de ese bien que pertenece al autor. El significativo acto se desarrolló en las instalaciones del CNR y fue reconocido el trabajo de grandes artistas como Tony Acosta, Mauricio Alfaro, Musa del Sol y Vicente Sibrián. Todos son miembros de SACIN (Salvadoreños Autores, Compositores e Intérpretes Musicales).

¿Pero por qué es importante el tema de los derechos de autor? Pues primero que nada porque están reconocidos como uno de los derechos humanos fundamentales en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, específicamente en el artículo veintisiete, numeral dos: “Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”.

En seguida podemos considerar la necesidad de que el reconocimiento de dicha obra reditúe a su autor un beneficio por ser su legítimo creador. El estado debe de procurar acciones que protejan la obra artística, tanto en vida como después del fallecimiento de su creador o autor. Por lo general una obra protegida por los derechos de autor no puede ser reproducida, ejecutada, duplicada o difundida por ejemplo en un mínimo de cincuenta años. En algunos países se considera que debe de reconocerse la propiedad de la obra y entregar regalías a los herederos hasta cien años después del desaparecimiento físico del autor.

El CNR (Centro Nacional de Registros) es la institución encargada, entre otras facultades, de velar porque se respete el derecho de una obra literaria o artística constituyéndose en la figura de protección del estado que garantizará dicho derecho hasta setenta años después de la muerte del autor. Luego de ese tiempo ya podría ser de uso libre, es decir, no habría restricciones de uso por parte del público en general.

Pero para que esta protección se concrete ha de pasar por todo el proceso de inscripción que el CNR establece lo que significa que un artista de cualquier rama del arte debe inscribir su obra. Con ello se evitará el plagio, o que cualquiera pueda reproducirla sin pagar y sin pedir permiso, y garantizará su protección por una buena cantidad de años.

Visto así el escenario lo que queda ahora es que los artistas se informen de todos los detalles concernientes a la protección de su obra y hagan lo que corresponda. Nuevos tiempos, nuevas acciones.

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