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San Salvador, 19 de nov. de 2017
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S.O.S. Manos llaman de lejos

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Ricardo Lindo, escritor e investigador de la Secretaría de Cultura, nos muestra algunas pinturas antiguas, manos, que pueblan la Cueva de Corinto, Morazán. Lindo nos pregunta: ¿cómo hacer para preservar lo que aún se pueda de este tesoro?

Por Ricardo Lindo (*)

San Salvador.- Vuelvo sobre el mismo tema, la llamada Cueva de Corinto, pero esta vez me centro en unas manos.

Si no me es esta vez infiel mi infiel memoria, es Heródoto quien cuenta que la historia del dibujo comienza siguiendo con una punta el perfil de una sombra. Pero sospecho que la historia de la pintura comienza con una mano entintada aplicada sobre una superficie. Es algo muy sencillo que se enseña hoy a los niños pequeños, pero es algo que vemos desde la antigüedad más remota en las pinturas rupestres. Hay en particular una en Argentina llamada la Cueva de las Manos a la cual se calculan más de siete mil años antes de Cristo. Ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Nosotros tenemos un inmenso abrigo rocoso en la localidad de Corinto, en el departamento de Morazán, poblado de pinturas. Hace unas décadas se calculó que eran más de doscientas figuras: animales, plantas, seres con cuernecillos tomados de las manos, hombres con palos como varas de mando, humanos alados, manos... Estas van en positivo, aplicando directamente la palma sobre la roca, o en negativo, esparciendo pigmento sobre la mano apoyada en la roca. Pero esas figuras se van dañando año con año, se van perdiendo año con año. El agua filtrándose a través de la roca porosa va dejando velos calcáreos sobre estas pinturas de edad indeterminada, acaso milenarias. Por mi parte, por años y por años he estado yendo a visitarlas como investigador de la Secretaría de Cultura procurando desentrañar su misterio, dejándome llevar por esas manos del pasado, como esta curiosa «mano negra», de mujer o de niño, que se sitúa en un hueco dentro del abrigo, como un sagrario.

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Fotografía sin retoques.

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El círculo encierra la figura de la mano en la roca.

La tecnología digital viene ahora a prestarme una inesperada ayuda y la amistad siempre esperada y siempre bienvenida ayuda. Varios son los que han colaborado en forma gratuita.

Tiene la Casa de las Academias un programa de computación que permite alterar los colores de las fotos. Tengo una amiga, la antropóloga Marielba Herrera, que sabe cómo manejarlo. Veamos una foto que realizó otro amigo, el fotógrafo mexicano-salvadoreño Augusto Vásquez, donde está la silueta en rojo de una mano.

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Fotografía sin retoques.

Tras varias pruebas, alterando primero unos tonos después otros, logró Marielba al realzar los amarillos la foto siguiente, que es la misma. Hay, como vemos, varias manos más en amarillo junto a la mano en rojo.

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Los círculos muestran el lugar donde se pueden distinguir cuatro manos.

Muchas figuras hemos perdido, quizás para siempre. Pero, las que podemos aun rescatar probablemente sean muchas más de doscientas. Se trataría de fotografiar el abrigo rocoso palmo a palmo, y mejor con película infrarroja, y someter esas fotografías a los procedimientos de nuestro tiempo. La Secretaría de Cultura, según me informan, no tiene fondos para llevar a cabo tal labor. ¿Cómo hacer para preservar lo que aún se pueda de este tesoro, que más que nuestro es un tesoro de la humanidad? ¿Alguien que tenga los medios y que quiera al país podría ayudar? No se los pido yo sino unas manos que piden auxilio desde el fondo del pasado y que fundamentan nuestra nacionalidad.


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(*) Escritor, investigador salvadoreño, colaborador de contrACultura.

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Comentarios   

 
0 #1 Danilo Vásquez 11-05-2014 02:41
Mi querido Ricardo, un abrazo de los dioses Lencas. Ti ketau ANTAWINIKIL es el lugar que ustedes conocen como gruta de Corinto, es el lugar sagrado en donde una deidad creó al primer inmortal que dio paso a través de un huevo de guara al primer mortal Lenca Tiwanatuku o ser ave, de ahí la danza de los emplumados, nuestros antepasados no comían huevos por tal razón. Fuimos formados de polvo de estrellas, molido con maíz y cacao en una olla. Es probable que las manos simbolicen, las manos que nos dio forma en un lugar tan sagrado para nosotros los Lencas y tan descuidado por sus descendientes. Somos un El Salvador Lenca y un El Salvador Pipil, hermanos. Nuevamente un abrazo desde el territorio de los Managuara.
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