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San Salvador, 27 de Junio de 2017

Selección poética de «La fragua de abril», próximo libro de Róger Lindo

RogerLindoPoesia

Poemas de Róger Lindo de su próximo libro «La fragua de abril». Los poemas que componen esta selección, excepto «Solo una anécdota», provienen de ahí

CUANDO LLEGUE EL APOCALIPSIS

(óleo)

 

cuando llegue el apocalipsis

habrá viento besos quillas

los niños se asomarán a los balcones

y los señores de la orquesta

aceptaran un corto brindis en su honor

las damas pensarán en sus perros

que mearán agradecidos en sus tiestos queridos

iluminados por el nuevo sol

 

trinarán las aves sobre el pasamanos

de plurales escaleras desoladas

los rocíos se imantarán

de rostros perlados de sorpresa

 

cuando llegue el apocalipsis

los veleros los catamaranes

se harán a la mar

con sus velas gordas de historia

y despertarán

los ardientes corazones

prestos a recibir

el encanto pleno del siglo

 

los cardadores

los maquinistas

los campesinos

que pizcan huevo y musgo

en las oquedades del crepúsculo

tendrán solaz y batirán las palmas

entre chuscas risotadas

al oír los cuentos de los viejos

bajo lunas talla única

 

no habrá menester de confesores

de siquiatras o perolillos de café

y cada quien portará un lápiz

para las celebraciones del corazón

 

cuando llegue el apocalipsis

será grosería balbucear señor o señora

los muertos bajarán a los estancos

y los prófugos de la justicia

(y de las máquinas)

se echarán a soñar a la vera del camino

 

y resonarán hartos besos

besos perdidos

besos aplazados

besos cautivos bajo las olas

 

y el mundo sabrá

que es hora de empezar a vivir

 

 

 

MASTURBACIÓN

 

harto de buscar el cielo en tu carne

de pretender escalar tus no

—o peor

el perfil de tu desdén—

me lancé un día a un periplo infinito

adquirí un coche eché a rodar

conduje como un loco

bebí

ciudades y carreteras

             con avidez de amor y muerte

apuré los acantilados

bordeé las hileras de luces

de las centrales nucleares

(señales de peligro para un brindis)

aceleré sonriente

orondo

acariciado por el hálito de los abismos

burlé los dispositivos de seguridad

con sonrisa de idiota

consciente

de que los tiempos heroícos serían cancelados                                    

                                               y por las noches

herido por tanta sombra

por tanta voluptuosidad del camino

soñé que volaba

que sangraban los árboles

conmigo

que había un demonio en cada parque

de cada ciudad que se ofrecía

extravié mi nombre me abrí las venas

brotaron acordes

                             y por encima de todo

cultivé un gran orgullo

gocé racimos

de mujeres

que bebieron del vaso de mi alma

y poco era mucho

y mucho demasiado

eso me fortaleció

salí disparado

                una y otra vez

resbalé

astros fugaces me traspasaron

mordieron mis manos los coyotes

se rieron de mis pupilas

fui valiente

cobarde como ninguno

fundé naciones en la flor del desierto

fui lento

fui suave

amé

todo en dos minutos

 

 

  

FUGA

 

sos amada te lo cuento

 

cuando miro al vacío

cada tantas horas

pienso en vos

sin dejar de sonreír

y al mismo tiempo

sin perder los estribos

pues se juegan cosas serias en esta fuga

que ya dura

 

pienso en tu vestido

pienso en los años transcurridos

y en la mañana

(para vos inexistente)

cuando fui a ahogarte

a orillas del lago de Granada

 

pienso que te prefiero

de cierta manera

que solo se da una vez

pienso que he muerto

y que de milagro vivo

 

y te oigo trepar la escalera

a veces juntos a veces sola

y espío tus pensamientos

cuando hablas

y cuando espío tus álbumes de fotografías

 

hoy

al borde de alcanzar

el ideal autodestructivo

emprendo la marcha

otra vez solo

a medianoche

compinche de la niebla

(vueltas y vueltas al redondel

nuestro hijo querido)

así cruzo la ciudad

estos días

aterrado feliz

 

 


ENCUENTRO EN LA TERRAZA

 

¿y quién es ella que me hirió

de esta manera atroz?

en mi tierra verde la hallé

un domingo,

agua de laberintos la trajo

por la cuenca oscura de un callejón

 

en sus nombres me he extraviado

ah cuántas dichosas veces,

en sus nombres que son

como el mar a las cinco de la tarde

 

mis heridas me llaman y me dicen

anda ama tu mal

aquí están tu hembra y tu país

 

 

 

xiv

 

Anoche hubo baile y hoy fogata,

delirio y estrellas.

 

Pasado mañana, con el aire del desierto

tallaré una máscara

en arena caliente

para lucir a las puertas de la ciudad.

 

 


xxv

 

Teclas sonoras en la madrugada,

teclas en la noche preñadas de idealismo,

teclas de la carne que escapó, cobarde

por los cielos sin trampas.

 

¿Es tarde? ¿Es brutalmente tarde?

 

Un día eché a andar. La orquesta tronaba.

Ella, ellas lloraban a la orilla de sus vestidos

y mi fuerza se extraviaba en los espejos

de los cuartos y la noche y las azoteas.

Yo, borracho, hacía por montar,

mi caballo verde y espeluznante.

Provocado por la luna

trataba de partir  –y dar una lección–.

 

 

 

xxvi

 

Felicidad es ir tras la mujer langosta,

saber que a Afrodita no la espanta

el hombre mecánico

de botas de charol.

 

Revienta un chubasco y para siempre

nos cambia;

la estrella que punza va

derechito al corazón.

 

 

 

SOLO UNA ANÉCDOTA

 

La muerte nos espera allá

al final del pasaje.

Ha sido un viaje breve, ha sido

un viaje divertido.

A veces estoy sordo a veces

aguardo en mi madriguera:

musgo, tetuntes, zarcillos.

La muerte nos juega bromas

sin querer, o quizás queriendo,

y nosotros aferrados

creyendo siempre, siempre creyendo

que hay algo nuevo que aprender,

insospechados gustitos, zonas deliciosas

que aguardan, fragantes musgos, terrores

ya olvidados, que nos buscan.

Así es la muerte, que nos quiere,

que nos perdona siempre y nos llama

a su regazo, donde nos apapacha,

como una madrina perversamente

pródiga, sí, sí, tanto que aprender mi niño,

pero aquí, en el lado oscuro.

Un beso, una montaña, un recodo

solo para vos.


 

RÓGER LINDO es escritor y periodista. Nació en San Salvador en 1955 de padre nicaragüense y madre salvadoreña. Sus primeros poemas se publicaron en El Papo, Cosa Poética, revista de literatura que se editó a finales de los años setenta, siglo XX. En 1998, la DPI publicó de este autor el poemario Los infiernos espléndidos. El perro en la niebla, novela, se publicó en España en 2007; fue reeditada por la DPI en 2011. Entre 1992 y 2011, Lindo hizo periodismo en el diario La Opinión de Los Ángeles. En esa época fue colaborador de la revista Tendencias, la publicación de política y cultura más relevante de la posguerra en El Salvador. Próximamente, la editorial Izote Press lanzará en Los Ángeles, California, su poemario La fragua de abril. Los poemas que componen esta selección, excepto «Solo una anécdota», provienen de ahí. Radica en El Salvador.



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