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San Salvador, 20 de oct. de 2017
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Sexo en el templo

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Y ¿qué diríamos ahora, por ejemplo, si viéramos en un templo de la cristiandad, entre veneradas imágenes, un falo y una vulva? Desde hace años visito un templo donde eso sucede.

Por Ricardo Lindo (*)

San Salvador.- Las religiones del Libro –judaísmo, cristianismo, Islam proscribieron la sexualidad como impura. Sólo fue permitida entre hombre y mujer tras matrimonio, y su finalidad única fue la procreación, no el placer. Pasó a hablarse de amor puro cuando el sentimiento no implica el deseo corporal.

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Vasco Núñez de Balboa arrojando homosexuales indios a los perros. Grabado tomado de América de Théodore De Bry (1528-1598).

Otras culturas lo han considerado sin embargo de muy distinto modo, y tras la mirada de Freud vino un gran cambio en la percepción del sexo en occidente, dándonos en la postmodernidad algo que podríamos llamar una más evolucionada moral y que podría resumir en una profunda y sencilla frase de mi abuela: «Todo trato en siendo humano».

Suelo estar en desacuerdo con mi amigo Rafael Lara Martínez, pero ahora quiero referirme a lo que estimo ser su obra magna y uno de los más importantes aportes a nuestra etnología durante las últimas décadas. Hablo de su traducción, directamente del nahuat pipil, de los MITOS Y LEYENDAS DE LOS PIPILES DE IZALCO que el antropólogo alemán Leonhard Schultze-Jena recogió en 1930. En esa obra encontramos un par de cuentos procaces que el Schultze-Jena no osó traducir a su idioma. El escandalizado y pundonoroso alemán hizo glosas en latín. Teníamos, pues, cuentos procaces en nahuat y latín. Uno habla de homosexualidad, otro de una vagina dentada. Al presentárnoslos, Rafael Lara sugiere que nuestros indígenas abordaban el tema con valores similares a los de la postmodernidad. Esto puede parecernos excesivo y quizás lo sea, pero lo cierto es que nuestros indígenas daban muestras de una naturalidad al respecto que los conquistadores destruyeron. En Cempoala, Hernán Cortés se escandaliza al ver unos muchachos vestidos y maquillados como mujeres ofreciendo con libre ingenuidad sus servicios por las calles y se empeña desde entonces en erradicar del mundo nuevo la idolatría, la sodomía y el canibalismo, puestos en pie de igualdad. En Panamá, Vasco Núñez de Balboa arroja homosexuales indios a los perros para que los despedacen. Afirma que si caen tantos rayos y hay tales tormentas es porque Dios está indignado por esas conductas.

Y ¿qué diríamos ahora, por ejemplo, si viéramos en un templo de la cristiandad, entre veneradas imágenes, un falo y una vulva? Desde hace años visito un templo donde eso sucede. Voy ahí como investigador de la Secretaría de Cultura. Es una capilla rupestre en territorio salvadoreño, la llamada Cueva o Gruta del Espíritu Santo, o Cueva o Gruta de Corinto, o como dijo algún abusivo, «la Capilla Sixtina de los Kakawiras».

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Vulva. Foto: Bradshaw Foundation.

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Pene. Foto del autor.

Nota: Las fotografías han sido alteradas para volver más visibles los elementos.

Poco sabemos hoy de los kakawiras, de los ulúas, de los lencas que poblaron antiguamente esa región del norte de Morazán y parte de Honduras, y que poblaron a su vez de figuras pintadas ese imponente abrigo rocoso, si es que ellos fueron, pero sabemos que entronizaron vulva y falo en un templo, la fertilidad humana equivaliendo a la de la tierra nutricia. Estaban lejos de escandalizarse de los atributos sexuales y ocultarlos tras pudorosas hojas de parra.

 (*) Escritor, investigador salvadoreño, colaborador de contrACultura.

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