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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 27 de Julio de 2017
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Sumamente molesto

Consternación por desidia de las autoridades de Cultura por hechos violentos contra artistas nacionales.  

Por Mario Castrillo

SAN SALVADOR-Sumamente molesto escribo estas líneas. Sucede que uno de los más importantes dibujantes de El Salvador murió víctima de la violencia social en el mes de agosto. Sin embargo, la Secretaría de Cultura de la Presidencia no emitió ninguna opinión al respecto. Ni tan siquiera realizó un reconocimiento póstumo al artista. De tal manera, pues la Secretaría de Cultura ha mostrado una indiferencia total ante la suerte que pueda correr un artista nacional. No sólo en el caso de Alfredo Catalán, que es el caso que nos ocupa, sino también en el caso de Rene Barriere, que se debate actualmente entre la vida y la muerte.

Esta indiferencia parece ser una constante en las autoridades gubernamentales del sector cultural. Trae a mi memoria un suceso igual acaecido en el año 2.000 ante la muerte del artista Luís Ángel Salinas, destacado miembro de la Generación Comprometida. En esos momentos, con Armando Solís organizamos en el Centro Cultural de España un homenaje y un reconocimiento al artista por su meritoria labor, ante la indiferencia mostrada por los personeros del gobierno de ARENA encargados de la cultura nacional en aquel entonces.

Llama la atención que “el gobierno del cambio” continué con las mismas prácticas que los personeros del gobierno de ARENA de aquella triste época. Podrían decir las actuales autoridades de la cultura nacional que están ocupados en abordar situaciones de mayor trascendencia que el reconocimiento a la labor de un artista. Pero, esa indiferencia, esa falta de respeto por los artistas nacionales ¿no esconde tras de sí aspectos ideológicos?

¿Entonces, dónde esta el cambio? ¿Se ha realizado un cambio ideológico significativo en algunas de las áreas de la Secretaría de Cultura que valga la pena señalar? ¿Han dado las Casas de la Cultura un viraje importante en su triste accionar, para mencionar un caso? ¿Ha cambiado en algo la editorial de la Secretaría de Cultura? ¿Cuáles son las producciones significativas en el área de cine? ¿Y del teatro, qué podemos decir? ¿Y el Centro Nacional de Arte (CENAR) ha cambiado en algo que valga la pena destacar? ¿Para qué tiene el doctor Samour sus funcionarios/as de cultura, si no son capaces de alertarlo al respecto?

En el caso que nos ocupa, algunos funcionarios/as de la Secretaría de Cultura podrían ser de la opinión que Alfredo Catalán no alcanza suficiente merito como para hacerle un reconocimiento póstumo. Pues se equivocan, Alfredo Catalán ha hecho por el país más que muchos funcionarios/as de la actual Secretaría de Cultura, no solamente en el área de la docencia, trasladando sus conocimientos a diversas generaciones de artistas, sino también en el  aspecto artístico y creativo. Estas reflexiones nos llevaron a Mauricio Mejía y a este su servidor a organizar un homenaje póstumo a Alfredo Catalán el 22 de septiembre en el Centro Español, que tan amablemente nos abrió sus puertas.

Y ahora voy a dedicarme a hablar de la obra de Alfredo Catalán. Para hablar de la obra de Catalán  debemos hacer referencia al Realismo Mágico, que conjuga dos planos de acción: la realidad tal como es, y la imaginación. El Realismo Mágico se caracteriza por ser una actitud ante la vida real destacándose por apropiarse de lo maravilloso con normalidad, evitando asumir los sucesos más extraordinarios, las acciones más insólitas como algo escalofriante o sobrenatural.

La obra de Alfredo Catalán se manifiesta sobre todo en el dibujo, técnica en la cual llegó a ser un maestro. El dibujo es la culminación de un proceso mental, de una idea, de un sentimiento, de una emoción y puede realizarse por medio de puntos, de líneas o trazos logrados por los más disímiles instrumentos en cualquier superficie. El dibujo es una de las manifestaciones artísticas más antiguas de la humanidad (paleolítico superior, alrededor de 35,000 años), cuando el ser humano representaba animales para cazar sobre la superficie rocosa de las cuevas, en una acción mágico religiosa.

En la obra de Alfredo Catalán sobresale la calidad del dibujo, la seguridad y la firmeza del trazo, la limpieza en la aplicación del color, así como un profundo conocimiento anatómico al grado de permitirse “deformaciones y distorsiones” en el cuerpo del ser humano, logrado por una aplicación magistral del escorzo.

Catalán combina el dibujo abierto con el dibujo cerrado, en una curiosa armonía; su dibujo es minucioso, regodeándose en las tramas para lograr la sensación de volumen. Su obra denota disciplina y conocimiento del oficio, imprimiendo características propias que fueron definiendo su estilo.

La suya es obra centrada en lo antropomórfico, por lo que la preocupación por el ser humano y sus circunstancias cobra vital importancia. Carretes de hilo, piscuchas, máscaras, mangos, chiles, la acción de volar, se interrelacionan y se interpenetran con el ser humano –generalmente al desnudo- fundiéndose entre sí al grado de presentarnos “nuevos seres y nuevas realidades”.

Alfredo Catalán (1950-2011) estudió  Bachillerato en Artes (1969-1971) en el Centro Nacional de Artes (CENAR) donde fue becado para cursar estudios de dibujo en Japón, en Miyagikioiku Daigako (1974-1975).  Fue catedrático del CENAR durante 25 años, impartió cátedras  en la Escuela de Arte de la Universidad de El Salvador (1973 -1996); posteriormente se traslada a la Universidad José Matías Delgado donde impartió cátedra de Dibujo y Diseño Gráfico; en la Universidad Tecnológica imparte cátedra de dibujo (1988-1994). Retorna a la Escuela de Artes  de la Universidad de El Salvador, la que abandona el año 2006.

Alfredo Catalán ha sido uno de los mejores dibujantes que ha tenido El Salvador, es legítimo reconocer su aporte y su excelente labor.

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