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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 21 de oct. de 2017
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Una compleja decisión

A pocas semanas de los comicios electorales, se nos presenta la oportunidad de pararnos a pensar en como construir una verdadera cultura política.

Los comicios electorales están a la vuelta de la esquina. A poco menos de un mes las propuestas de los partidos mayoritarios han sido objeto de polémica y duras críticas. En las redes sociales, sobran las parodias y las burlas de momentos, considerados incluso como épicos, en los que candidatos de los diversos partidos han sido poco precavidos en sus discursos.

No es extraño escuchar descontento en los salvadoreños y salvadoreñas. Aunque el ejercer el sufragio es un deber y derecho de la ciudadanía, muchas y muchos han perdido el interés y las ganas de marcar una papeleta el próximo 2 de febrero. El escepticismo es tal que se vuelve imposible creer que una equis en un papel pueda cambiar el rumbo del país. El show mediático, como muchos le denominan, parece desgastante y muchas veces indignante.

Evidentemente, a finales del año que recién finalizó, políticos e incluso funcionarios del actual gobierno han sido protagonistas de situaciones que dejan clara la condición del Estado salvadoreño, las deficiencias y las fortalezas que le quedan.

Los «dime que te diré» entre los tres poderes del estado, la larga lista de involucrados en malversaciones,  las recurrentes acusaciones de locura contra el mandatario de este país y sus respuestas, las interesantes y amenas propuestas electorales de los partidos mayoritarios, hacen de la política, un concepto viciado

En teoría,  la política es concebida como una rama de la moral por la cual es posible resolver los problemas que surjan a partir de la convivencia colectiva de mujeres y hombres libres, promoviendo la participación ciudadana y el bien común. Sin  embargo la política, en un país como El Salvador, está lejos de ser eso;  hecho hasta hoy ningún país alrededor del mundo la conoce con esa caracterización tan pura.

Los cambios no se logran en cien días,  regalando dinero o con manos inteligentes para combatir la delincuencia. Es necesario, un cambio de visión en la cultura de  todos los sectores de la sociedad salvadoreña, sin distinción.

No obstante, y a pesar de la realidad de las opciones que se nos presentan, la apatía hacia los procesos electorales, no es la mejor solución. Difícilmente se puede construir una cultura política de calidad sin insertarse a la misma. Lo que la ciudadanía debe tener en claro es qué beneficia a la colectividad, al pueblo, al país y apostar por esa opción. Pensar como un todo y exigir de la misma manera que las propuestas sean reales, congruentes y que se cumplan una vez que se llegue al poder. Comencemos cambiando nuestra cultura de «dejar hacer, dejar pasar», que hagan con nosotros lo que quieran, y empecemos a exigir que hagan lo que prometieron y necesitamos.

Si la clase política de nuestro país se ve ante un pueblo vigilante, contralor, que exige sus derechos, necesariamente tendrá que cambiar. Hay que salirse de las redes sociales y las quejas a medias y utilizar los instrumentos que nuestra misma legalidad nos ofrece para expresarnos (existen, revisemos la constitución y veremos que las cosas no son tan grises como nos las hacen ver)

Quizá ahora seamos pocos los que estemos seguros hacia donde queremos inclinar la balanza electoral, quizá en cambio, tengamos nuestra decisión bien cimentada. Sea cuál sea el lado en que nos encontremos, lo importante es ser consientes y aprovechar esta oportunidad para construir una nueva cultura política, basada en el respeto y la congruencia de lo que se dice y lo que se hace. El pueblo tiene, al final, el gobierno que se merece según sus actos y sus elecciones.

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